Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

LUISGÉ MARTÍN, ESCRITOR

El narrador promociona en Santander su nueva novela de ficción histórica 'Las manos cortadas', en la que el escenario chileno de 1973 sirve de reflexión sobre los poderes fácticos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
«El golpe de estado contra Allende simbolizó el fin de los ideales políticos»
El escritor madrileño Luisgé Martín, ayer en Santander. /CELEDONIO
La nueva novela de Luisgé Martín (Madrid, 1962) 'Las manos cortadas', editada por Alfaguara. posee lazos con la actualidad. La acción se desarrolla en España y Chile y los personajes están transitados por la experiencia del gobierno de Allende, abortada por un cruento golpe militar promovido por la CIA y la oligarquía chilena. El inquilino de la Casa Blanca era Richard Nixon. Martín, licenciado en Filología Hispánica, y autor de obras de buen pulso narrativo como 'La muerte de Tadzio', premio Ramón Gómez de la Serna, y 'Los amores confiados', siente una gran admiración por Salvador Allende por su nobleza, «que es tan escasa en la política de hoy», y por sus ganas de cambiar las cosas. Esta novela de ficción, con un pie en la historia, busca resolver las motivaciones últimas que mueven al ser humano. El autor promocionó ayer su nuevo libro en Santander.
-Usted mismo encarna al personaje protagonista de la novela, un detective. ¿Qué hay detrás de este retrato literario de Luisgé Martín?
-Cuando se hace una novela construida sobre la autoficción, en el fondo el personaje que es el alter ego del narrador tiene muchas cosas de él. Toda la trama se construye en torno al Luisgé auténtico, pero lógicamente todo lo que se cuenta en la novela no ha pasado.
-El título 'Las manos cortadas' resuena como un homenaje al cantautor Víctor Jara.
-El título es lo último que se puso cuando la novela ya estaba acabada y reescrita. Esta metáfora, efectivamente, tiene que ver con Víctor Jara, que era un allendista de pro, un guitarrista y cantautor, que ahora probablemente se le conoce menos, pero que en aquella época sí que lo era. Fue detenido el 11 de septiembre de 1973, el mismo día del golpe, y en el estadio nacional de Santiago en que mataron a tanta gente. Antes de torturarle y quitarle la vida, los militares le cortaron las manos. Un poco la idea de la novela es que Allende tuvo cortada las manos cortadas desde antes incluso de gobernar, por eso utilizo esa imagen tan brutal de Víctor Jara.
-Desde el punto de vista de la narrativa combina suspense, cambios de paisajes de las road movies y rigurosidad histórica. ¿Cómo ha logrado encajar ese puzzle?
-Ahí hay un poco de inconsciencia, de improvisación. Está claro que quería hacer esta novela con una cierta intriga histórica, convertirla casi en un thriller, desenvolviendo todo poco a poco y que tuviera vueltas de tuerca y sorpresas. Quería hacer una reflexión política, incluso hay un capítulo medio ensayístico en que se cuenta la propia historia de Allende y luego hay algunas cosas que se han colado de mi literatura anterior: el mundo de los sentimientos, la venganza y los celos. Así que no se sabe si los personajes actúan por ideales o por despecho. ¿Cómo meter todo eso en una coctelera? Insisto, ha sido bastante improvisado. También me he documentado, he viajado por Chile y en coche recorrí el desierto de Atacama, que sin verlo, no hubiera podido describirlo en la novela.
-¿Qué elementos de ficción ha plasmado en una narración cuyo personaje central es el ex presidente chileno Salvador Allende?
-Prácticamente todo es ficción. El arranque que se desarrolla en Cuba me ocurrió realmente. Yo conocí a Pío Moa en el Ateneo de Madrid y hay píldoras repartidas en toda la novela que son perfectamente auténticas. Sin embargo, la trama novelesca, todo lo que es la reconstrucción de esa familia chilena de la oligarquía, todos esos personajes son ficticios.
-¿Qué criterios le impulsaron a elegir a Allende como eje de la trama, un dirigente socialista que murió en el palacio presidencial por las bombas de los militares sublevados, la mano alargada de la CIA y la mirada cómplice del Partido Demócrata Cristiano?
-El episodio del intento de gobierno popular de Salvador Allende entre 1970 y 1973 y su derrocamiento el 11 de septiembre de ese año mediante un golpe de estado urdido por los servicios de inteligencia norteamericanos y que puso en el poder al general Pinochet, fue para una generación una especie de 'shock'. Fue además el principio de la desilusión con la política, del cambio de ciclo que acabó con el idealismo de los años 60, con el sueño de un mundo más justo, de unas revoluciones esperanzadoras, y comenzó la fase que probablemente esté acabando ahora de la codicia, del mundo mucho más individualista, más materialista. Me parece que todo ese escenario refleja perfectamente todo aquello que yo quiero desarrollar, que en el fondo no tiene nada que ver con las cosas chilenas que a mí me eran completamente ajenas. Lo que pretendo es reflexionar sobre quién manda y pone gobiernos, qué posibilidades tienen las democracias hasta llegar a ciertos puntos, qué papel puede tener la violencia en la vida política o social. Todo eso era de lo que yo quería hablar y ese era el escenario perfecto para hacerlo.
-La gente no cree en los políticos porque sabe que obedecen al poder económico.
-Yo he sido siempre bastante defensor de la política y en general de los políticos, lo que pasa es que la primera pregunta que yo me hago es quién y porqué realmente manda. Por ejemplo, hace seis años en la Comunidad de Madrid ganó sin posibilidad de gobernar Esperanza Aguirre, porque la mayoría parlamentaria era ostentada por la izquierda. Fueron sobornados dos diputados del PSOE y desde entonces nunca se ha sabido quién, porqué y de qué manera ocurrió todo esto. Con relación a la novela, en Chile había una oligarquía muy poderosa, al margen de que Salvador Allende no hubiera triunfado con su política marxista.
-Usted afirma categórico que Allende es uno de de los cuatro o cinco políticos más brutalmente nobles del siglo XX.
-No se me viene a la cabeza ningún político del siglo XX, universal, que haya tenido la nobleza, el desprendimiento, la generosidad tan extremada hasta el último momento en el que sacrifica su vida, y eso que le había ofrecido exiliarse antes del bombardeo al Palacio de las Monedas. Él creía que como presidente tenía que ser el último en abandonar el barco. Y en la hipótesis de que hubiese podido seguir como presidente, yo estoy seguro, incluso pondría la mano en el fuego, no se habría dejado seducir por ningún poder fáctico, porque en los tres años que estuvo lo único que encontró fueron obstáculos e intentos de pactos de las clases favorecidas para favorecer reformas burguesas.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Videos de Cultura
más videos [+]
Cultura
Vocento
SarenetRSS