Un retrato de Gullón, editado por Bedia, reivindica su huella estética

El académico Darío Villanueva traza en 'La vivencia de la literatura' el perfil del crítico que obtuviera el Premio Príncipe de Asturias

G. BALBONA| SANTANDER
Ricardo Gullón. / DM/
Ricardo Gullón. / DM

Ricardo Gullón, Premio Príncipe de Asturias, una de las personalidades singulares de la historia cultural vinculada a Cantabria, es protagonista de la última edición especial de la firma Bedia. A modo de homenaje y testimonio, la histórica imprenta santanderina publica el perfil 'Ricardo Gullón, crítico, o la vivencia de la literatura'. El académico Darío Villanueva abordó el pasado año en una conferencia, en el Casyc de la Caja, este retrato del crítico y ensayista con motivo de la celebración del Centenario de su nacimiento. Un retrato que reivindica a Gullón y su crítica «como expresión estética y creación artística».

El académico y catedrático de literatura de la Universidad de Santiago de Compostela recorrió las huellas de Gullón a través de una convocatoria del ciclo de conferencias convocado por la Sociedad Cántabra de Escritores. Bedia ha tenido entre sus sellos de excelencia la tradicional Colección santanderina 'Colofón del Año', una referencia literaria y tradicional en el umbral de las fiestas navideñas desde hace más de veinte ediciones. El volumen del pasado año estuvo marcado por la escritura, los conocimientos y la cultura del escritor Pablo Beltrán de Heredia, quien en 'Huellas de la memoria' plasmaba un itinerario humano y un breve pero intenso mosaico del pasado reciente de la vida cultural. Del académico de Astorga 1908-Madrid, 1991, residente en Santander durante más de 15 años, se ha subrayado su contribución a los estudios literarios en España, tanto en su calidad de crítico e investigador como en su labor docente y académica por varias universidades.

En el escrito ahora editado confluyen la evocación, el retrato, la interpretación, el perfil del estudioso, la amistad y la huella humana. A Gullón, Villanueva le define como «un hombre apasionado por la escritura y el cultivo de las Humanidades en su sentido más trascendente y ello, por sí solo, justifica la pervivencia de su huella». Todos lo que conforman las letras españolas «somos discípulos a la sombra de la figura de un maestro por excelencia como él». Infatigable lector, vitalismo e intelectualismo, conoció como nadie «la literatura y sus cultivadores». Supo «vivir la creación literaria y hacerla vivir», sentencia.

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