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21.04.09 -

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Cantabria, Iberoamérica y la acción exterior
JOSÉ IBARROLA
Históricamente, Cantabria ha sido una región de emigrantes. Durante la Edad Moderna, una red de paisanaje montañés funcionó hiperactivamente en la Administración de la Corona de Castilla y de lo que entonces se conocía como Indias. Todavía está por sistematizar la biografía de los altos cargos de origen cántabro en las colonias americanas, donde la lista de virreyes, capitanes generales, intendentes, y dignidades de la Iglesia resulta tan espectacular como poco conocida. En aquella época en que política y negocios iban estrechamente de la mano, las redes de paisanaje sirvieron para consolidar empresas comerciales y manufactureras de gran calado que, vía remesas, factor empresarial y contactos de alto nivel, contribuyeron al desarrollo económico temprano de la que se convertiría con la revolución liberal en provincia de Santander. Salvando las debidas distancias, en los últimos años estamos asistiendo al resurgimiento de una nueva red informal basada en el orgullo de pertenencia. Para una comunidad autónoma como Cantabria, que intenta diferenciarse por la calidad de su cooperación, esta red es también una ventana de oportunidad para la internacionalización de nuestra región, ahora que la responsabilidad social de las empresas para el desarrollo va a ser un criterio definidor de su sostenbilidad. Así lo ha visto la Consejería de Economía del Gobierno de Cantabria, que, en convenio con nuestra Universidad, ha impulsado el proyecto de investigación sobre el lobby cántabro en el mundo.
La idea es activar este intangible para el desarrollo de la región. Entre otras cosas porque proporciona contactos e interlocución internacionales en lugares como Sydney, Bangkok, Alma Ata, o Rabat, donde María Gorriti Gutiérrez Cortines, Loreto Taborga Curto, Fernando Mier Durante o José Manuel Reyero han sido o siguen siendo consejeros económicos y comerciales de nuestras embajadas. Y por supuesto, donde contamos directamente con embajadores de origen cántabro, como Almudena Mazarrasa Alvear, que lo fue en Burkina Fasso, Costa de Marfil y Níger (1994-97) y luego en la República Dominicana (2005-08); como los hermanos Pablo y Gerardo Zaldívar Miquelarena, embajador de España en Eslovenia (2002-05), tras su paso por la legación de Etiopía (1999-2002), el primero, y embajador de España en Panamá (2003-07), el segundo; o como Fernando de la Serna Inciarte, representante de nuestro país en Trinidad y Tobago, Barbados, Granada, Guyana y Surinam.
Actualmente, en la cima del lobby cántabro en Exteriores y Cooperación se encuentra Juan Pablo de la Iglesia González de Peredo, recién nombrado Secretario de Estado para Iberoamérica, lo que viene a confirmar una trayectoria diplomática de ida y vuelta al ámbito iberoamericano (Director General de Política Exterior para Iberoamérica en 1985, embajador de España en Guatemala en 1988-91 y México en 1992-95, los dos países de la comunidad iberoamericana donde la presencia de la diáspora cántabra resulta más relevante), pasando por el de la cooperación (director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo en 2004-08). Y es que la presencia cántabra en nuestra acción exterior se concentra y destaca ahora en la cooperación internacional para el desarrollo, que ha pasado de ser instrumento a principio inspirador de la acción exterior de España. De ahí el carácter estratégico de contar desde la base de la misma con presencia cántabra en el personal de las Oficinas Técnicas de Cooperación en una red que se extiende de Chile a Cuba. Y en la cúspide, como muestran los nombramientos producidos desde mediados de 2008 en el entorno de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional, donde el cántabro David del Campo Pérez ha sido Director del Gabinete hasta la semana pasada.
Así, mientras fungía como Director de la AECID Juan Pablo de la Iglesia, el también diplomático vinculado a Cantabria, Juan López-Dóriga Pérez, fue nombrado Director General de la DGPOLDE (Dirección General de Planificación y Evaluación de Políticas para el Desarrollo), tras su paso por la embajada de España en Guatemala (2004-08) y la Dirección General de Cooperación con Iberoamérica de la entonces AECI (2001-04).
Juan López-Dóriga nombró al poco tiempo al diplomático de origen cántabro, Juan Francisco Montalbán Carrasco, como Embajador en Misión Especial para Políticas de Desarrollo, tras su paso por las legaciones de El Salvador (2001-04) y Bolivia (2005-08) y su puesto entre los padres fundadores de la cooperación internacional para el desarrollo de España como Director General del Instituto de Cooperación Iberoamericana (1999).
Después de la salida de Juan Pablo de la Iglesia de la AECID hacia la Secretaría de Estado para Iberoamérica, otra diplomática cántabra, Helena Madrazo Hegewisch, licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Cantabria, se hace cargo de la Agencia en esta etapa en que España tendrá que dar un nuevo protagonismo a la cooperación con África, para lo que, sin duda, será un gran activo el anterior desempeño de Madrazo como embajadora de España en Níger (2007-08) y Subdirectora General de Cooperación Multilateral y Horizontal en la AECID (2003-07).
Al margen de esta necesaria reorientación, resulta sintomático de la vocación iberoamericana de la cooperación internacional cántabra que tres de las cuatro instituciones universitarias vinculadas a ese ámbito estén dirigidas o gestionadas por cántabros (Miguel Carrera Troyano, director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, Javier Esguevillas Ruiz, secretario general del Centro de Estudios de Iberoamérica de la Universidad Rey Juan Carlos, y quien esto escribe). Sin olvidar que tenemos pica en Flandes, con Jesús Laviña Richi, director de Medioambiente y Estadísticas de Europa, la oficina de cooperación para el desarrollo de la Comisión Europa, y un importante contacto con Washington a través de Enrique Rueda Sabater (cántabro porque le da la gana), ex-director de Estrategia del Banco Mundial y vinculado al 'think tank' al Center for Global Development.
En un mundo en que el trabajo en red se impone y en el que, como demuestra el ejemplo de Cantabria, el 'networking' funciona, debemos acumular este capital social de la diáspora cántabra vinculada a la acción exterior y la cooperación de España para la internacionalización de nuestra región. Porque en ello nos va asegurar su desarrollo sostenible, en el doble sentido de que sea un desarrollo duradero y responsable con el del resto de los pueblos del mundo.
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