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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cantabria General

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El pueblo no pertenece al condado de Oxfordshire, sino a uno de los valles más singulares de la vieja Cantabria, y los vecinos no leen un ejemplar del rotativo 'The Times', sino de EL DIARIO MONTAÑÉS. Sin embargo, lo que viene sucediendo en el municipio de Luena se parece cada día más a una novela de Agatha Christie, en la que, todo hay que decirlo, se echa en falta al genial detective Hércules Poirot, porque, en efecto, la intriga y el misterio que rodean a las amenazas personales contra el alcalde continúan sin resolverse.
Desde hace algo más de tres meses se suceden en Sel de la Carrera (Luena) pintadas amenazantes y sabotajes contra las propiedades del alcalde, José Luis Castañeda (PRC). Un día aparecieron pintadas sobre las paredes de una de sus cuadras, y en el interior un cordero degollado. En otra ocasión, los autores de las intimidaciones decidieron ahorcar a una de sus perras. Más tarde pudieron leerse nuevas pintadas en la moto del alcalde y en el vehículo que utiliza la hija de José Ángel Ruiz, anterior alcalde de Luena y actual concejal en el equipo de Castañeda. Sin embargo, los autores de los sabotajes no habían dejado hasta ahora ni huellas, ni pistas, ni indicios que pudieran conducir a su identificación.
Nuevo episodio
El último episodio de esta novela por entregas, sin embargo, puede dar un giro decisivo a la situación, por la información que ha proporcionado.
Una noche, el alcalde encontró una carta manuscrita junto a la puerta de su vivienda. La carta contenía insultos contra él y su mujer, y en ella se repetía la misma advertencia a «los alcaldes»: «Iros». Castañeda llamó inmediatamente a la Guardia Civil. Poco después, efectivos de la Policía Judicial desplazados desde Santander se personaron en su domicilio para hacerse cargo de la carta.
Eran las tres de la mañana y la nota caligráfica -un simple folio escrito a bolígrafo- prometía dar un giro decisivo a la investigación.
Pruebas en el cuartel
Desde entonces, y a lo largo de las últimas semanas, una veintena de personas han sido citadas a la casa-cuartel de la Guardia Civil.
A todas ellas se les ha sometido a una prueba caligráfica, aunque a ninguna se le ha informado de la existencia de la carta. En todos los casos se les ha hecho creer que se trataba de identificar la caligrafía por si guardara alguna relación con las pintadas aparecidas, no con la carta. De hecho, hasta hoy mismo nadie en Luena había tenido conocimiento de la nota con las amenazas, al margen de los propios afectados y de los agentes de la Guardia Civil.
La decisión de guardar silencio acerca del contenido de la carta, y de su existencia misma, obedece a una estrategia de la investigación, que trataría de dejar abierta la posibilidad de que su propio autor o autores cometieran alguna imprudencia al referirse a ella, no siendo un hecho de dominio público. Sin embargo, no parece que tal estrategia policial haya dado resultado, al menos por el momento.
Agentes especializados
En todo caso, la investigación abierta a partir del documento manuscrito y las pruebas caligráficas sigue abierta.
Estas habrían sido enviadas a Santander para su estudio por parte de expertos policiales que trabajan habitualmente en este tipo de operaciones.
De hecho, el documento fue recogido por efectivos de la Policía Judicial desplazados desde Santander, y no por los agentes que cumplen servicio en el cuartel del cuerpo ubicado en el municipio de Luena.
Motivaciones políticas
En la nota se aprecia una vez más el propósito de su promotor de vincular las amenazas con el ejercicio político de José Luis Castañeda, pues se le invita a abandonar el Ayuntamiento y se hacen constantes referencias a «los alcaldes», en alusión al hecho de que hace catorce meses, en pleno mandato de la actual Corporación, José Luis Castañeda relevó a José Ángel Ruiz como alcalde de Luena, tras la presentación de sendas denuncias por agresión por parte de un edil y un militante del PP.
La tensión y la crispación política ha sido muy elevada en Luena desde las pasadas elecciones, y en particular a raíz de la dimisión de Ruiz.
Algunos vecinos creen que las amenazas podrían guardar relación con aquellos episodios, es decir, que tendrían una motivación de corte político. Otros, en cambio, sospechan que el motivo puede ser otro, y que la política ha sido utilizada por el autor o autores de las amenazas como un señuelo para desviar la atención.
Pero todo son suposiciones: nadie lo sabe. La intriga y el misterio persisten, entre tanto, a la espera de que un nuevo capítulo de Agatha Christie termine por resolver la trama.
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