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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 febrero 2010

Sociedad

crítica de cine

24.04.09 -

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Camuflado entre las ramas de un thriller político, el director escocés Kevin Macdonald sorprende en 'La sombra del poder' con una apología del periodismo de tinta y papel frente a ese otro hijo bastardo de Internet, con el apellido 'digital' incrustado en su nombre. El periodismo de investigación, lento y trabajado frente a la inmediatez obligada de los blogs y las páginas web, que muchas veces sacrifican la comprobación de los hechos por 'colgar' la noticia -o el rumor- unos minutos antes que los demás. Las seis 'W' están perdiendo la batalla contra las tres 'W' punto com. Russell Crowe y Rachel McAdams personifican una y otra escuela, como queda claro en un diálogo de la película en la que el actor replica a la directora del Boston Globe, papel interpretado por la oscarizada Hellen Mirren: «-Ella es barata y es cribe mucho y rápido. -Sí, y yo estoy sobrealimentado, salgo caro y escribo lento».
Pocos tópicos
Otro ejemplo. La redactora encargada del blog nunca lleva un bolígrafo encima y Crowe, al final, lo soluciona con un regalo, metáfora del bautismo de McAdams tras su conversión al periodismo que se resiste a la esclavitud de 'Google'. A ese periodismo que sólo necesita de suela de zapatos, un teléfono y una libreta. Macdonald no evita, sin embargo, caer en algunos tópicos de la profesión, pero sin que éstos hagan sombra a la radiografía, casi quirúrgica, con la que el realizador muestra los entresijos de los medios de comunicación actuales.
El director de 'El último rey de Escocia', de tan sólo 42 años, retrata esa convivencia obligada que se propaga ahora como un virus por las redacciones de todo el mundo. Y lo hace de tal modo que el eco de 'Todos los hombres del presidente' (1976) resuena en cada uno de los planos. Las alusiones al Watergate, la estética setentera de Crowe y las ramificaciones políticas de la trama traen a la memoria, una y otra vez, el trabajo de Woodward y Bernstein.
Tampoco pierde la ocasión Macdonald de criticar a los nuevos empresarios del periodismo, que quieren convertir los medios de comunicación en fábricas de dinero sin considerar las peculiaridades de una profesión que fue -ya no lo es- el cuarto poder. «-Vamos a publicar hoy todo lo que tengamos. -No podemos. Nuestras fuentes se retractarán. -Me da igual. Los directivos quieren resultados, tenemos que vender periódicos», discuten Crowe y Mirren en un momento del filme.
Thriller político
Macdonald, además, consigue mantener el pulso, la intensidad y el interés en la trama político-corrupta (últimamente estas palabras siempre van ligadas), a pesar de un Ben Affleck insípido que debería prodigarse más tras las cámaras -dirigió la excelente 'Gone Baby Gone'- y un Rusell Crowe aceptable, que no firma su mejor interpretación pero resulta creíble. Sí se puede achacar al director que desperdicie a Hellen Mirren, imponente en su papel de directora del periódico, en sólo unas pocas escenas.
Muchos agoreros aseguran que el periódico en papel morirá en unos pocos años. Puede que sí, pero ese no es el problema. La mayor tragedia es que con él desaparezca el buen periodismo. Esa es la idea con la que Macdonald salpica cada minuto de metraje.
Y por eso, en unos títulos de crédito impagables, el director -convertido ya en redentor de una profesión que se está desvirtuando- muestra todo el proceso desde que el periodista cierra su página en la redacción hasta que el periódico llega al kiosco. Un recorrido de tinta y papel que huele a nostalgia y a despedida.
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