-¿Qué consejo le daría a los jóvenes investigadores que comienzan ahora su carrera?
-Que sepan combinar la paciencia con la innovación. La primera, porque en nuestro campo a veces se hace difícil seguir adelante cuando no se ven perspectivas claras de futuro laboral; la segunda, porque la misión de los jóvenes investigadores es la de ir más allá, aplicando nuevas metodologías y técnicas. Y como combinación de ambas, que durante su formación pre y postdoctoral realicen estancias de investigación en el extranjero, una posibilidad de la que hoy disponen y que nuestra generación tuvo más difícil. Y no porque piense que en el extranjero todo lo hacen mejor, sino para que se integren en otras culturas de investigación. El mundo académico español es muy endogámico en sus comportamientos y conviene ver que hay otras maneras de hacer.
-¿Cómo se encuentra la salud de la investigación en Cantabria?
-Sin duda, estamos en un momento complicado: la crisis económica afecta a todas las instituciones y empresas de las que depende nuestra financiación, y a menudo se piensa que nuestras investigaciones no tienen una aplicación inmediata y por lo tanto no son prioritarias. Frente a ello, tenemos una generación de nuevos investigadores mejor preparados para rendir frutos de alto valor social, y una situación en cuanto a medios y prestigio que no es nada desdeñable en el contexto nacional. También ocurre que, al investigar sobre bienes patrimoniales, tenemos una dependencia muy elevada de otras administraciones en cuanto a gestión y autorizaciones, y en ocasiones resulta difícil conciliar culturas administrativas muy diferentes, como son las de la Universidad y las de otras instituciones.
-En cuanto al campo en el que se centran sus investigaciones ¿con qué puntos fuertes cree que cuenta la Universidad de Cantabria?
-Hay que decir que desde la creación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UC en 1978, la Universidad representa el único núcleo estructurado de investigadores profesionales de la región en temas de Prehistoria, con una plantilla permanente de personal docente e investigador y con una elevada capacidad de formación de nuevos investigadores. Eso lo ha sabido ver la administración universitaria, que ha apoyado a largo plazo nuestro trabajo, culminando con la iniciativa de la creación de Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, conjuntamente con la Consejería de Cultura, el Banco Santander y la Fundación Marcelino Botín.
-¿En qué áreas se centra el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria?
-Tal vez no soy el más indicado para responder a esto con detalle, pero sí señalar que tenemos cinco líneas principales de investigación que abarcan desde los momentos iniciales de la Prehistoria hasta el origen y desarrollo de las sociedades campesinas, incluyendo una específica dedicada a algo de tanta relevancia en la región como es el arte prehistórico. Conviene señalar que la actuación del Instituto no se reduce al territorio de Cantabria, sino que se están desarrollando trabajos de investigación en otras regiones españolas y en el extranjero, en concreto en Siria-Líbano y Argentina, de la que son responsables investigadores del Instituto.
-Y de una manera más concreta ¿en qué se centran sus investigaciones dentro del Instituto?
-Mi atención preferente esta orientada en este momento al conocimiento del desarrollo de las comunidades humanas de cazadores, recolectores y pescadores del final del Paleolítico Superior y el Mesolítico; dicho de otra manera, los habitantes de la cornisa Cantábrica en el intervalo entre unos 18.000 y los 6.000 años atrás. Este periodo tiene una importancia singular para conocer las reacciones de esas sociedades ante transformaciones ambientales de enorme impacto, como la subida del nivel marino de más de cien metros -haciendo desaparecer las mejores zonas de habitación de la época- o el verdadero calentamiento global del Holoceno inicial, de un rango muy superior al que hoy tanto nos preocupa. La región cantábrica es para esa época un laboratorio extraordinario del comportamiento humano ante esos fenómenos, y tenemos la suerte de tener yacimientos clave para ese estudio.
-¿Qué proyectos desarrolla en la actualidad?
-Pretendemos seguir trabajando con el apoyo de la Consejería de Cultura y otros organismos nacionales y extranjeros, en el extraordinario registro de información del pasado que representan la cueva del Mirón y los yacimientos de su entorno. Estamos iniciando también gestiones para trabajar en un par de nuevos yacimientos de gran interés en la zona oriental de Asturias, que por sus características complementan muy bien los que tenemos aquí.
-En este sentido, ¿cuáles son las líneas en las que es necesario trabajar?
-Desde el conocimiento de la Prehistoria y sus transformaciones ambientales podemos aportar mucha luz sobre problemas actuales de tipo ecológico, y sobre la capacidad social de afrontarlos. Creo que también tenemos que hacer más divulgación y más trabajo educativo, para que nuestra sociedad comprenda el verdadero valor de los yacimientos arqueológicos como fuente de conocimiento y se implique más en su conservación. Y no hay que olvidar la importancia que está adquiriendo ese patrimonio para el turismo, donde creo que hay que reforzar la transferencia de los resultados de nuestra investigación bajo la forma de producción de contenidos rigurosos con base científica.
-¿Con qué fortalezas cuenta Cantabria para el beneficio directo de su línea de investigación?
-Una de ellas es ese patrimonio arqueológico excepcional, que es la base de nuestra trabajo de campo: es un lujo tener los yacimientos a la puerta de casa. Por otro lado, contamos con una Universidad con una orientación decididamente investigadora, que apoya nuestras iniciativas. Por último, tenemos unas instituciones regionales a varios niveles que han demostrado que creen en nuestros proyectos.