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Sociedad

13.06.09 -

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La primera vez que acudí al Open Británico, hace dos décadas y media, el torneo se jugaba en el Royal St. George Golf Club de Sandwich y toda la atención se centraba en Severiano Ballesteros. Desde el mismo aeropuerto de Heathrow era onmipresente. Seve, mucho más famoso en las Islas que en España, ocupaba portadas de periódicos y carteles publicitarios. Era el favorito a pesar de que por allí andaba gente como Watson, Nicklaus, Faldo, Norman, Player, Treviño, Langer, Lyle y Stewart, entre otros, además de la Armada española, que completaban Cañizares, Rivero, Piñero y Olazábal.
Ya por entonces 'Sevy' era un fenómeno de masas al que seguía el público y la prensa sin que importara mucho el lugar que ocupara en la clasificación. Querían ver el golpe distinto y la jugada genial. Porque tenían razón los 'big three' (los 'tres grandes'). Ballesteros, ese chico que se vestía de azul marino cuando veía posibilidades de triunfo, era uno de los suyos, estaba destinado a marcar una época. Gary Player, el surafricano que arrebató el Masters a los norteamericanos por primera vez (el segundo fue Seve); Jack Nicklaus, el 'oso dorado', 'el caníbal', con dieciocho 'majors' en su palmarés; y Arnold Palmer, 'el rey', no fallaron en el diagnóstico hecho algunos años antes. Seve iba a ser algo más que un digno sucesor.
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