Ángel Gabilondo se siente en la Universidad como pez en el agua. Ha participado varias veces en los cursos de la UIMP como rector de la Universidad Autónoma, o presidente de la Conferencia de Rectores (CRUE), pero ayer lo hizo por primera vez como ministro de Educación. Reconoce que tiene un gran desafío por delante y pide que toda la sociedad colabore con sus recursos en mejorar la educación «porque es el corazón de una sociedad justa y democrática».
-Acaba de inaugurar los cursos de verano de la UIMP. ¿Es cierto qué la actividad estival peligra en el nuevo Espacio Europeo de Educación Superior?
-En absoluto. Estamos en la dirección de una formación permanente y a lo largo de toda la vida. Hay formas diferentes y alternativas de completar la formación. Lo que pasa es que ha cambiado la filosofía y no sólo habrá cursos 'de' si no 'en' el verano.
-Ya, pero va a haber un problema de fechas porque el curso académica ahora empieza en septiembre.
-Puede haber modificaciones en cada comunidad dependiendo del calendario escolar y esto obligará a qué se haga una reorientación de los tiempos.
-¿Cuántas veces le han preguntado por Bolonia desde que es ministro?
-Cada vez. Hoy mismo, pero me parece razonable porque es muy importante. Entramos en un proceso de transformación del modelo de educación en Europa para que deje de ser uniforme y sea equiparable y comparable. No se trata de uniformar todos los sistemas educativos, si no ofrecer la posibilidad de movilidad o reconocer los títulos de un país en otro. Las dos palabras decisivas son: equiparable y comparable. No uniforme. Es normal que la gente sienta interés porque hay que estar atentos en hacerlo muy bien.
-Usted siempre fue un rector muy crítico y a la vez con mucho carisma. ¿No ha pensado qué Zapatero le ha nombrado ministro precisamente para que nos convezca de las bondades de Bolonia?
-No creo que pensara en mi para parar el espíritu crítico o la contestación sobre algunas cosas. De lo que se trata es de construir una visión de la educación integrada, que abarca toda la vida, a todas las etapas de los niveles educativos y que vincula la educación al mayor desafío que tiene ahora el país. Desde ese punto de vista yo me siento muy ministro de Educación, de toda, no sólo de la universitaria. Estoy convocado a eso: a buscar que el sistema sea más flexible, compatible con estos tiempos; a poner la Formación Profesional en el corazón del sistema y a facilitar el tránsito entre la educación universitaria y superior. No me siento sólo el ministro de Bolonia.
-Llega al ministerio después de muchos años en la Universidad, otros ciclos formativos como la FP o la educación infantil ¿han sido el gran descubrimiento para usted?
-Tengo la percepción de una persona que se ha dedicado toda la vida a la educación. Siempre he tenido inquietud por el sistema educativo. Aunque esto es un oficio y yo estoy tratando de aprender. Me he encontrado que hay unos desafíos extraordinarios y creo que esta es una ocasión muy importante para hacer una modificación a fondo del sistema, para que sea más flexible y esté más coordinado. Hay muchas cosas que se están haciendo bien en la Formación Profesional. Hoy por hoy hay un gran número de estudiantes que terminan la universidad y se matriculan en un módulo de FP. Trabajo, para hacer de esta formación una de las claves determinantes del modelo educativo. Todos los indicadores hablan, también, muy bien de la educación infantil en España. Pero aún tenemos que mejorar el sistema porque calidad y equidad deben de ser compatibles.
-Hace un mes en Santander pidió a la sociedad que clamara por una mayor inversión en educación. ¿Se ha enfadado con usted la ministra de Economía?
-Lo que pido es que toda la sociedad participe en el apoyo y en la financión del sistema educativo y universitario pero no sólo a través de los recursos del Estado, si no a través de quien tenga más posibilidades. La educación es el corazón de una sociedad justa y democrática. Lo que pido es que la sociedad colabore con todos sus recursos en una mejor educación. Por supuesto, también el Estado. No soy insolidario con otros sectores pero si se quiere cambiar el mundo y el modelo económico, la educación es determinante. Es necesario hacer un esfuerzo.
-¿Añora su trabajo de rector?
-Es curioso pero cuando oigo por la calle la palabra ministro no me doy por aludido y, sin embargo, me vuelvo inconscientemente si escucho decir rector. Tengo interiorizados estos años extraordinarios en los que he tenido el privilegio de serlo. Una cosa que me gustaba mucho de ser rector es que fui elegido por los demás miembros de la comunidad universitaria. También me gusta que un presidente que representa a todos los ciudadanos confíe en mi y se lo agradezco, pero los asuntos que tienen que ver con la elección de los demás tienen un sabor muy especial.
-Ha dejado de presidente de la CRUE al rector de la Universidad de Cantabria.
-No. La dejé en manos de la decisión de la CRUE y ésta fue la que eligió como presidente al rector de Cantabria. Era vicepresidente en mi equipo y tengo una absoluta confianza en él. Pero se ve que no sólo yo, sino todos los demás rectores pues se elige en urna individual y secreta. Me parece una persona sensatísima, mesurada y muy trabajadora. Que ama a la Universidad.