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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Cantabria General

CANTABRIA

El sacerdote asesinado en Cuba fue despedido por cientos de personas «Fue un misionero de corazón y obra, entregado a los más necesitados»

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Fue el último adiós a un «misionero de corazón y obra, entregado a los más necesitados». Y fue una despedida emotiva la celebrada ayer en la iglesia de San Martín de Cabezón de la Sal, llena para recibir el cuerpo del sacerdote Mariano Arroyo Merino, asesinado en Cuba. Le esperaban su familia, muchos compañeros y decenas de vecinos y amigos. La ceremonía fue presidida por el obispo de Santander Vicente Jiménez, autor del retrato de encabeza estas líneas, junto a un centenar de sacerdotes.
Entre ellos Isidro Hoyos, compañero de Mariano en la Habana, que regresó el sábado a España desde Cuba custodiando los restos mortales de su amigo asesinado. Además de toda la diócesis de Santander, también ocupaban la parte frontal de la Iglesia otros representantes religiosos llegados desde distintos puntos de la geografía española, Chile y Cuba. El obispo, durante la ceremonia, agradeció la presencia del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, el presidente del Parlamento de Cantabria, Miguel Ángel Palacio, el líder del PP cántabro, Ignacio Diego, la alcaldesa de Cabezón de la Sal, Isabel Fernández, y el resto de la corporación municipal, al igual que todas aquellas personas que quisieron unirse para dar el último adiós a Mariano.
Durante la homilía, el Obispo reprobó con energía el asesinato, que tachó de «inexorable y deplorable» y recordó su dedicación a la causa de los más pobres,»dejando una huella en todas aquellas personas que conoció». El prelado, además, se refirió también a Eduardo de la Fuente, el párroco español que en el mes de febrero fue hallado muerto en extrañas circunstancias a las afueras de la Habana. Los familiares de Eduardo de la Fuente también estuvieron presentes durante la ceremonia, para compartir el dolor con todos los presentes.
El momento más emotivo se produjo al final de la misa, cuando Isidro Hoyos, compañero de apostolado de Mariano, de una manera espontánea, explicó a todas las personas que atestaban la Iglesia de San Martín, cómo era el verdadero Mariano Arroyo. Tras sus palabras, un aplauso sentido y prolongado demostró lo querido que había sido por todos.
Los momentos de homenaje al sacerdote asesinado comenzaron unas horas antes. El sábado por la noche llegó a Cabezón de la Sal el féretro con los restos mortales desde Madrid. Ayer por la mañana el cuerpo permaneció en la capilla ardiente. Allí, muchos vecinos, amigos, familiares y compañeros quisieron darle su último adiós y trasmitir el pésame a sus allegados.
Fuentes cercanas a la familia aseguraban por la mañana que desde La Habana «sigue habiendo un mutismo enorme que nos impide saber exactamente qué es lo que ha pasado». Rubén Arroyo, sobrino del párroco, aseguraba que ahora, «lo más importante es que nuestro tío ya está aquí. El cónsul general de la Habana nos ha comunicado que se va a intentar recuperar los objetos personales de Mariano para enviarlos a España, y nosotros con eso nos damos por satisfechos».
Preparando el regreso
Maite Arroyo, otra de sus sobrinas, comentaba que su tío, que actualmente tenía 74 años, venía todos los veranos a pasar un mes en Cantabria, pero que el año pasado, debido al exceso de trabajo y responsabilidades que tenía en La Habana, ya que además de ocuparse del Santuario de Regla, también era director y profesor del Instituto Félix Varela, estaba pensando en preparar el final (refiriéndose a volver a España de manera definitiva).
Durante 2008 estuvo seis meses en el Monasterio de Sobrado dos Monxes, en Galicia, para reflexionar y ponerse en paz consigo mismo. Pero, según cuenta su sobrina, «una persona tan sumamente activa como fue Mariano durante toda su vida nunca encontraba el fin, porque siempre había gente que le necesitaba. El Padrecito, como le llamaban los feligreses de Nuestra Señora de Regla, le tenían un amor incondicional, y allí realizaba una gran labor. Él sentía que su lugar estaba allí».
Son muchos los vecinos que recuerdan la pasión que tenía Mariano Arroyo por la montaña y los Picos de Europa, destacando su vitalidad y fortaleza. Un impulso vital, y un espíritu joven que le llevó a ayudar a los más desfavorecidos.
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