«Sin el aliento y la sabiduría de Chiqui Rivera, este disco no sería una realidad». Esther Terán, nacida en Torrelavega en 1980, pertenece a la nueva generación de tonadistas cántabras que guardan un profundo respeto por la tradición. Ganadora en todos los certámenes más prestigiosos de canción folclórica (Proa, Radio Nacional, Pozu Jondu, Día de Campoo, Gala del Folclore de Torrelavega), su cante posee un ancestral 'duende' montañés y así se percibe en las 19 tonadas, canciones y romances que integran su primer álbum 'Mal de amores y canciones viejas'. A Esther la acompañan en este viaje Los Trastolillos, Esteban Bolado (rabel), Fonso y Camacho (pinto y tambor), Manuel Peláez (voz) y Pilar Fernández (voz y pandereta), todo un clan torrelaveguense unido por formar parte del Grupo de Danzas de Nuestra Señora de Covadonga. Esta licenciada en Filología Hispánica volverá a los estudios el próximo otoño con el grupo Alegría Cántabra.
-Es muy evocadora la portada. Está dentro de una cabaña ¿no?
-No, no. Estoy sentada junto al ventanuco de una cuadra de Ucieda. El autor es Nilo Merino, un gran fotórafo de Torrelavega, que también ha hecho el diseño informático.
-¿Quién le propone grabar su primer disco en solitario?
-Ángel Santiago, de los estudios Ibiosón, me conoce desde hace bastante tiempo y yo había participado en la grabación de los villancicos del Grupo de Danzas de Nuestra Señora de Covadonga. Se lo plantea a Chiqui Rivera, y entre ambos me terminan convenciendo. En menos de un mes, durante la pasada primavera, se grabó el disco. La selección del repertorio la hicimos a medias entre Chiqui y yo, y el orden de las canciones fue una iniciativa mía. Mi idea fue intercalar temas 'a capella', dúos, con rabel, con panderetas, para hacerlo más ameno.
-Parece que sin la colaboración de Chiqui Rivera no se hubiera atrevido a grabar el disco.
-Me daba vergüenza grabar un disco mío. Me dejo asesorar por Chiqui, un hombre que sabe mucho de folclore y que recordaba aspectos concretos de las canciones: ésta nos gustaba, aquélla me salía bien.
-¿Se considera una purista?
-Intento ser lo más purista que puedo. Si alguna vez no lo consigo me duele mucho. El que quiera innovar ya no está haciendo música tradicional, lo que no quiere decir que igual dentro de 100 años se considere tradición folcórica. Intento que cuando canto me diga la gente mayor como mi abuela: ¡Así se cantaba!
-'Adiós casita querida' es una canción especial ¿por qué?
-Porque solamente se la había escuchado cantar al padre de Manuel Peláez. En el disco la cantamos a dúo. Fue un preso de la guerra civil que estuvo en la cárcel de Alcalá de Henares y después le enviaron a un batallón de trabajadores a Tenerife. Es posible que la aprendiera de algún preso porque su origen no es cántabro, y para colmo desconocemos su procedencia. Hemos buscado en 'google' y no hemos encontrado nada.
-Se ha atrevido con 'Deja que corra la bola' que cantaron Sierruca y Sara Ortega en los años 20.
-Pasamos la grabación de un disco de pizarra de la época a una cinta. También está procesada en CD, pero la canción suena muy ralentizada. El título original era 'A la mar se van los ríos'.
-Cuando entona una canción montañesa hace retorneos que recuerdan al flamenco. Eso siempre se ha dicho de El Chaval de Coo. ¿Cree que existen elementos comunes?
-Cantar montañesas no es nada fácil, se lo aseguro. Si hago retorneos flamencos es que lo he hecho mal. El flamenco representa la tradición más pura de Andalucía, pero no veo puntos de comparación, aunque es cierto que El Chaval de Coo era el flamenco de la tonada. Yo tengo un problema técnico y es que no sé respirar cuando canto.
-Eso se corrige con un buen profesor de canto...
-No tengo tiempo, soy profesora de bachillerato en la Academia Macaya de lengua, historia, latín, griego y filosofía y estoy estudiando Filología Clasica por la UNED. El folclore es una afición y doy prioridad a mi trabajo profesional.