El espíritu del “Pájaro Amarillo” sobrevoló de nuevo por la playa de Oyambre con motivo de los actos conmemorativos del 80 aniversario de la llegada a esta playa del que por azar terminó siendo el primer vuelo trasatlántico que aterrizó en suelo español.
Ha pasado mucho tiempo desde aquella gesta histórica protagonizada por los tres pilotos franceses, Lotti, Assollant y Lefevre junto al polizón Schereiber, en el que a excepción del acto posterior de inauguración del monolito que la recuerda, no ha tenido ningún otro reconocimiento e incluso ha quedado en muchos casos olvidada, no habiendo sido nunca valorada en su verdadera dimensión.
El empeño mostrado por el actual Marqués de Movellán, que ha sido capaz de aglutinar a los ayuntamientos implicados con el apoyo de la Asociación de Veteranos del Aire, ha hecho que aquel gran acontecimiento se reconozca como uno de los grandes hitos y de las historias mas hermosas de los primeros años de la aviación.
Como sucediera el 8 de septiembre de 1.929, cuando se inauguró el monumento en recuerdo de esta gesta, numerosas personas se congregaron en torno a él, tras las obras de recuperación y consolidación realizadas, tras haber sufrido durante ocho décadas numerosas marejadas que lo han tenido en grave riesgo de derrumbe.
El presidente regional, Miguel Ángel Revilla presidió los actos con la presencia del presidente del Parlamento, Miguel Ángel Palacio, el agregado de Defensa de la Embajada de Francia, Olivier Debray, y los tres alcaldes que han organizado el evento por su implicación en diferente medida en este acontecimiento: el de San Vicente de la Barquera, Julián Vélez, en cuyo término municipal se realizó el aterrizaje; la de Comillas, María Teresa Noceda; en cuya villa se acogió a los pilotos y se celebraron los festejos de la gesta; y el de Valdáliga, Lorenzo González, que comparte la titularidad de una parte de la playa de Oyambre.
Junto a ellos se encontraban otras autoridades civiles y militares y personas implicadas directamente en este acontecimiento, como Isabelle Lotti, la hija del verdadero promotor de la gesta, Armand Lotti, o Guillaume Bernache Assollant, sobrino del que fuera comandante y primer piloto del Pájaro Amarillo, Jean Assollant. Pero entre todo el público también se encontraban vecinos o personas que en su día fueron testigos de excepción de esta gesta, como Marisa Barcena que contaba con 9 años cuando aterrizó el “Pájaro Amarillo” y recordaba como su padre tras tener conocimiento del aterrizaje, la llevó hasta la playa de Oyambre para contemplar el avión.
Una sencilla pero emotiva ceremonia se desarrolló ante el monumento en la que el propio Marqués de Movellán ofreció un detallado relato histórico del vuelo, desde los preparativos y las numerosas dificultades que tuvieron que superar Lotti y sus compañeros, hasta los problemas del vuelo, con la sorpresa del polizón, hasta llegar a Oyambre. Como reconocimiento y homenaje a los pilotos franceses se hizo una ofrenda de una corona y se izaron las banderas francesa y española mientras sonaban los himnos de ambos países. El viento impidió que dichas banderas pudiesen llegar en manos de partidistas como estaba previsto, sin embargo como recuerdo del aterrizaje del “Pájaro Amarillo”, una pequeña avioneta tomó tierra en el mismo lugar, entre los aplausos del público.
El presidente regional destacó la importancia de este vuelo como una de las grandes gestas desarrolladas por los pioneros de la aviación cuyo valor ha favorecido el desarrollo e impulso de la actual aviación. Revilla manifestó que tras haber descubierto la playa de Oyambre sin duda no podría haber elegido mejor lugar para aterrizar por su belleza, animando a que el acto de reconocimiento tenga continuidad en el futuro.
Por su parte el Agregado de Defensa de la Embajada Francesa resaltó la estrecha relación de amistad y hermandad que une a Francia y España, con la colaboración existente en temas como la lucha contra el terrorismo o el narcotráfico y con grandes proyectos de futuro como las autovías del mar.