La mayoría de los centros educativos de la región no permite la salida de sus alumnos en horario lectivo de las instalaciones, es decir, en los recreos. El habitual paseo a las cafeterías de los alrededores, las visitas de fuera o el cigarrillo en las inmediaciones del centro escolar (dentro está prohibido) están desapareciendo de las agendas de los escolares cántabros de forma progresiva, aunque hay algunas particularidades.
Para empezar, en aquellos casos en los que los centros permiten la salida, sólo pueden beneficiarse de ella los alumnos de segundo ciclo de Secundaria y los de 1º y 2º de Bachillerato, los que estudian en los cursos inferiores lo tienen prohibido, sea cual sea el centro. Abandonar las instalaciones durante el recreo era la tónica habitual hace unos años. En la actualidad pocos centros lo permiten ante el «recordatorio» que cada inicio de curso la Consejería de Educación realiza mediante una circular en la que «se recuerda que durante los recreos los alumnos deberán permanecer en el recinto escolar». Se trata de una norma que emana del Servicio de Inspección de la Consejería y que afecta por igual a todos los centros públicos y privados de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional de Cantabria. No obstante, hay alguna excepción como explica Francisco Javier López Nogués, subdirector general de Inspección de Educación de Cantabria, que tiene que ver con «las instalaciones y el entorno del que disponen los centros así como el número de alumnos y profesorado».
Falta de espacio
En nuestra comunidad autónoma «hay centros que no pueden cumplir con esta norma aunque quieran por falta de espacio. Si no tenemos campus como los colegios americanos, ¿dónde podemos meter a los alumnos durante el recreo?». Es el ejemplo del IES Santa Clara. En pleno centro de Santander, este instituto permite la salida, aunque sólo a los de los cursos superiores, como marca la Ley. El centro carece de instalaciones para acoger a los más de mil estudiantes que hay en sus aulas, así que optan por permitir la salida. Pero lo hacen con un control «constante de las posibles faltas de asistencia», como explican desde la dirección del centro, que ven, no obstante, un riesgo muy diferente al de la abstención escolar: «El riesgo no es que los alumnos salgan, sino la gente que se acerca a ellos para trapicheos o otra acción delictiva», explican desde el instituto, por ello instalaron cámaras de seguridad que velan por los estudiantes.
La falta de instalaciones ha hecho que el colegio concertado Castroverde también agudice el ingenio para ofrece un espacio a los alumnos. «Con autorización familiar, los de segundo ciclo de Secundaria y Bachillerato pueden salir a una zona de la calle acotada alrededor el centro, que está vigilada por profesores», explica su directora. «Los chicos aprovechan para comprar el bocadillo, pero si en algún momento hacen un mal uso de esa autorización, el centro tiene potestad para retirárselo».
Ese mal uso puede ser protagonizar una pelea, llegar tarde a clase o fumar. Porque el control de los alumnos en horario lectivo no se queda sólamente en cerrar el espacio en el que pueden estar. En el IES José María Pereda, de Santander, aplican esta normativa desde hace tres años: «Las puertas se abren a la ocho y hasta las 14.10 no se vuelven a abrir», dice José Manuel Cabrales, su director, y otra de las consecuencias que acarrea esto es que «los alumnos no pueden fumar en horario lectivo, ya que está prohibido en todo el recinto escolar. Sanidad lo penaliza con multas de hasta 300 euros». Según declara, son los padres «los que más pedían que se regulara la salida del centro».
El IES Torres Quevedo también fue uno de los pioneros en tomar esta medida. «Este es el cuarto curso en el que, por motivos de seguridad, no se permite la salida», comentan desde la dirección del IES de Cazoña. «Desde que el distribuidor de la Marga ha aumentado el tráfico de la zona es un peligro que los alumnos crucen al otro lado de la calle, ya ha habido varios atropellos», argumentan. El cierre de puertas sirve también «para evitar que merodeen por el centro personas que venden droga» y recalcan que, desde que se ha regulado la salida del centro escolar, «el absentismo ha mejorado».
Salidas permitidas
El Decreto 23/2009, aprobado el pasado mes de junio, regula la convivencia escolar y los derechos y deberes de la comunidad educativa en Cantabria. Según la legislación, es el propio centro el que «establece sus propias reglas de funcionamiento previendo las posibilidades de las instalaciones, poniendo distintos horarios de recreo, horas de entrada y salida», explica López Nogués. Dicha organización viene refrendada por el Consejo Escolar (órgano de representación de padres, alumnos y profesores) y, en última instancia, es Inspección de Educación el órgano que da el visto bueno a ese sistema de organización.
De esta forma, los centros que sí permiten salir a los alumnos lo hacen con el conocimiento de la Consejería de Educación, aunque como en el caso del colegio concertado Calasanz, siempre «con la autorización firmada de los padres de los alumnos» para los estudiantes desde 3º de ESO: «Los padres les autorizan a salir pero vigilamos que se cumplan todas las reglas. Si un día llegan tarde se comunica a la familia».