El uniforme de trabajo de Fausto
es un chaleco fluorescente con el 'oro' bordado en letras bien visibles. 'El mejor precio. Pago al contado. Máxima discreción' se lee en su espalda mientras da uno de sus paseos de seis horas por las calles Burgos y Vargas. Fausto es un hombre anuncio. Lo lleva siendo veinte años. Antes, en Madrid, recorría Montera, Sol y Preciados mientras se peleaba con otros cuatro como él por un solo cliente. Ahora hace lo mismo en Santander, aunque «aquí estoy sólo yo, para mí es como un velatorio».
La misión de Fausto es captar vendedores para un negocio que, como otros, ha florecido con la crisis: la compra de oro. «Casi no tengo que hablar, viene mucha gente a preguntar y a interesarse por el precio del gramo», explica. Y es que desprenderse de joyas se ha convertido en una escapatoria al ahogo económico, no sólo en Cantabria, sino en toda España. Sin ir más lejos, el precio del oro ha duplicado en un año su valor, pasando de 350 dólares la onza a 704 dólares. La semana pasada alcanzó su máximo histórico: 1.060 dólares la onza. Con esos precios, la tentación de conseguir un ingreso extra para llegar a fin de mes a cambio de unos pendientes o un collar es muy grande. Aunque suponga renunciar a una herencia familiar.
Kilates y peso
Fausto reparte tarjetas y acompaña a los interesados a Orocan, un local que Rafael, joyero palentino, abrió hace poco más de un mes en Santander. «En Cantabria hay muy pocos negocios como éste y hay demanda por los tiempos que corren», señala. Y no miente. En apenas veinte minutos, cinco personas entran en su local. La media ronda los veinte diarios.
Esa tarde todos los clientes son jóvenes y algunos llegan con piezas que no son de oro real, pero otros se llevan un buen pellizco por un anillo o un colgante. «El precio depende de los kilates del oro y de su peso, pero de media cada cliente se suele llevar unos 150 euros», calcula Rafael.
Este empresario antes se dedicaba a la venta de oro, pero es la situación económica la que traslada su oficio de un lado de la blanza a otro. «Ahora me dedico a comprarlo. El oro es un valor que salva a la gente de apuros. Estamos en un momento álgido de la crisis y es un negocio rentable», indica. No es el único. La caída de las economías familiares ha multiplicado exponencialmente los ingresos de negocios como el 'Todo a cien', las marcas blancas y los restaurantes de comida rápida (y barata).
Aún así, sigue habiendo reticencias de muchas personas a entrar a un establecimiento de este tipo. «A muchos les da vergüenza entrar. No lo entiendo. ¿Acaso les da reparo poner a la venta un coche o una casa? Es un negocio legal», explica. Rafael lleva un minucioso registra de quién vende y qué compra en su comercio. Cada cliente debe dejar una fotocopia del DNI. «Así nos evitamos comprar piezas robadas», dice.
Dinero rápido
No hace falta salir de casa para comprobar que el oro está tapando los agujeros de la crisis en muchos hogares cántabros y españoles. Basta con teclear en un buscador de Internet 'Venta de oro'. Más de nueve millones de entradas son la mejor prueba de que el oro brilla más cuando hay escasez.
Pero hay más. El perfil de gente que suele desprenderse de sus joyas necesita dinero rápido para hacer frente a las facturas o los impagos, por eso algunas empresas se especializan en dar todo tipo de facilidades a traves de la Red. '¿Necesita salir de un apuro económico rápidamente? Disponga de dinero inmediatamente. Pagamos al contado. Sin moverse de casa', proclama una de las muchas web que se centran en este mercado. Para conseguirlo, envían a la casa del vendedor a sus propios joyeros para tasar y pagar al instante y en efectivo, según aseguran.
Para los que necesiten liquidez pero sean remisos a desprenderse de sus joyas también hay una opción: los montes de piedad. En Santander, el de la Obra Social de Caja Cantabria suele conceder cada año más de 1,5 millones de euros en empeños. Con la crisis los movimientos en este centro han aumentado alrededor de un 10%, pero, eso sí, aquí el cliente puede recuperar sus joyas en un año, cuando la cuenta del banco ya no necesite respiración asistida.