El Vaticano anunció ayer la promulgación de la Constitución Apostólica, que permite una conversión colectiva al catolicismo de los tradicionalistas anglicanos decepcionados de la visión extremadamente progresista de su Iglesia. La «Constitución Apostólica», autoriza el nacimiento de una «estructura canónica» específica para los nuevos 'anglicanos católicos'.
«Se responde así a las numerosas peticiones efectuadas a la Santa Sede por grupos de sacerdotes y fieles anglicanos de diferentes lugares del mundo», sostiene el texto. Con esta decisión, la jerarquía de la Iglesia católica quiere facilitar el ingreso en su seno de los anglicanos contrarios a la evolución de su propia Iglesia, sobre todo en temas como la apertura a la homosexualidad y la ordenación de mujeres obispos, lo que generó fuertes divisiones.
Con el nombre de Constitución Apostólica se denomina a las leyes más importantes de la Iglesia, donde se delinean sus principios. Los anglicanos que deseen entrar a la Iglesia católica deberán manifestar «por escrito» su voluntad de adherirse al catecismo. El celibato de los sacerdotes deberá ser respetado y la conversión de los sacerdotes anglicanos casados será examinada «caso por caso», precisa el texto.
«No implica de alguna manera un cambio de la disciplina en la Iglesia sobre el celibato sacerdotal», subraya el documento. Los nuevos «anglicanos católicos» no tendrán que renunciar a su propia liturgia, tal como ocurre con los maronitas libaneses y los uniatos ucranios. Los anglicanos formarán parte de «diócesis específicas» (ordinariato personal del Papa), según el modelo de las diócesis militares, «instituidas tras consultar las conferencias episcopales locales».
El papa Benedicto XVI anunció el pasado 20 de octubre la creación de una estructura para acoger a los sectores más tradicionalistas anglicanos, lo que generó reacciones dentro y fuera de la Iglesia católica, acusada de querer unificar a los sectores más conservadores. La nueva estructura podrá aceptar a los sacerdotes casados, aunque los obispos anglicanos casados que se acojan a la nueva congregación no serán reconocidos como obispos y los sacerdotes que entren en ella no podrán casarse después.
Los obispos célibes deberán visitar cada cinco años al Vaticano para una «visita ad limina» al Papa, tal como está previsto para las conferencias episcopales de todos los países. Se calcula que entre 20 y 30 obispos y un centenar de anglicanos quieren ingresar en la Iglesia católica tras 500 años del gran cisma del siglo XVI. La medida, que termina por unificar parte de los movimientos ultraconservadores, fue tildada a mediados de octubre por vaticanistas entre las «más osadas» tomadas por el Papa alemán, conocido por sus posiciones conservadoras.
Según el obispo británico John Broadhurst, cerca de mil pastores se convertirán al catolicismo. Para el Vaticano, la apertura hacia los anglicanos «es acorde con el diálogo ecuménico, que sigue estando entre las mayores prioridades de la Iglesia católica». Pese a ello, algunos expertos en asuntos del Vaticano consideran que con esa actitud se rompe el diálogo entre las diferentes religiones cristianas.
La Iglesia anglicana, que fue constituida en 1534 por el rey Enrique VIII, reconoce como supremo gobernador al rey de Inglaterra y cuenta con unos 77 millones de fieles en todo el mundo.