Ha afrontado sin traumas un recambio creativo que responde a una necesidad. De contar con la cámara ha pasado a narrar con la palabra. Pero lo cierto es que la escritura de guiones ha servido de puente luminoso para abonar la transición. Y a ese 'nuevo' Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, 1942) se ha acostumbrado el espectador /lector con naturalidad: Del cineasta de 'Todos estamos invitados' hemos pasado al novelista de 'La vida antes de marzo'. De una mirada valiente sobre las víctimas de ETA a la escritura de un trayecto narrativo con la tragedia del 11-M como paisaje de fondo. Aunque elude hablar de otras ficciones futuras -se ha referido públicamente a una segunda novela, 'Virtud y fortuna'-, el cineasta y escritor, reciente Premio Herralde, asegura que algún día afrontará una historia sobre la «fascinante mezcla que desprende Cantabria entre lo viejo y lo nuevo». Confiesa que antes de abandonar la dirección cinematográfica ya tenía trazado el objetivo de escribir una novela, pero sus dos pasiones y lenguajes expresivos se funden y plasman de forma cotidiana en continuos proyectos: artículos, relatos, su reciente serie sobre la música en Cuba o un pequeño trabajo audiovisual con destino al disco que Joan Manuel Serrat editará sobre el poeta Miguel Hernández.
-¿Cuáles son las señas de identidad de 'La vida antes de marzo'?
-El marco, o si se quiere, el estilo, estuvo presente antes que el contenido. Primero me imaginé un largo viaje, no digo iniciático porque me parece una cursilada, pero sí un viaje sin escalas que dura lo que el relato. En la novela se habla de que las narraciones de por sí no terminarían nunca. Un final es algo impuesto desde fuera del relato. Una vez imaginado ese marco, no había más que rellenarlo, si se me permite la broma.
-Permítame el juego. Da la sensación de que la obra es un interminable travelling circular habitado por decenas de historias y el 11-M su particular MacGuffing.
-En el cine nunca hice un travelling circular porque no me gustan. En este caso la vía es recta, el tren muy rápido y los relatos se limitan a dos, entrecruzados. El MacGuffing sería la preparación de algo horrible. En realidad no sé muy bien si esta novela tiene un MacGuffin, creo que no. Tampoco me parece que lo tuvieran mis películas.Si le digo la verdad, creo que esta novela está muy alejada del cine. Es más, la escribí de tal manera que no se pueda llevar al cine.
-¿La necesidad de contar y de que nos cuenten historias es lo que vertebra el territorio común de su cine y de su escritura?
-Sí, contar es lo más importante, que sea una película o una novela depende de dónde te sitúes. El cine es una actividad física aunque la gente no lo sepa. Novelar en cambio es una actividad mucho más reflexiva, cosa que la gente sí sabe. El cine necesita de decisiones rápidas.
-¿Dónde se sitúa el origen de 'La vida antes de marzo? ¿Llegó a ser un guión o tuvo antes alguna otra concepción como género literario?
-No, nunca fue un guión y es muy difícil que pueda ser una película, aunque cosas más raras se han visto. Pero por lo menos yo, no la filmaré.
-¿Cuánto de premeditada ligazón o de simple azar hay entre su decisión de abandonar la dirección (por razones fundamentadas en el propio ámbito cinematográfico) y su desembarco en la literatura?
-Antes de decidir abandonar la dirección cinematográfica -que no es lo mismo que el cine- creo que ya había pensado en ponerme a escribir una novela. Pero en ningún caso 'La vida antes de marzo' fue antes un proyecto cinematográfico. Desde luego una cosa está ligada a la otra, no dejé la dirección hasta que no me decanté por otra forma de contar.
-Entre la inocencia y la malicia, algunos pensarán que el próximo proyecto de Gutiérrez Aragón es la adaptación a la pantalla de una novela que se llama 'La vida antes de marzo'...
-No, seguro que no. Lo que está en la literatura, allí se queda.
-Desembarcar con una primera novela a través de un premio, ¿era un paso lógico o el único posible?
-Le aseguro que yo no elegí presentarme al premio. Y para los curiosos diré que cobro bastante más por un guión que por una novela, con premio o sin él.
-En un mercado editorial tan prolífico y tan abigarrado y competitivo, tan fugaz a la hora de la verdad para autores y títulos, ¿está convencido de que tendrá un sitio con cierta continuidad?
-A estas alturas, escribo más bien para mi propio regocijo. No compito con nadie.
-¿Teme a la crítica o ya está curado de espanto y curtido en mil batallas?
-La crítica favorable y cinéfila me ayudó mucho al comienzo de mi carrera cinematográfica, sería una ingratitud negarlo. Respecto a la crítica novelística, ya veremos lo que ocurre.
-¿La experiencia del cine como creador en qué modo influirá en su trayectoria literaria?
-Bueno, aquello era un comienzo, esto es un final. La técnica de hacer guiones sí que ayuda mucho: tienes que entretener, mantener la atención, crear sorpresas... Esa técnica la tenían los novelistas del siglo XIX como Galdós, Pardo Bazán, Dickens. Luego apareció una novela de escritura más libre. En realidad, aunque yo venga del guión, me interesa más el estilo que otra cosa. Contradicciones.
-Ha apuntado en ocasiones que posee una segunda novela, 'Virtud y fortuna'... Supongo que en estos años ha ido forjando su particular laboratorio de historias, novelas y relatos arrinconados...
-De 'Virtud y Fortuna' casi sólo tengo el título, y unos diez o doce folios, esa es toda la fortuna. Lo demás, es todo virtual, ni siquiera virtud.
-Entre las historias de sus mayores y el Quijote, ¿qué mapa literario esquemático pero necesario trazaría como camino esencial para su escritura?
-Una referencia mítica y otra cotidiana. La tribu y la cafetera exprés.
-Del Gutiérrez Aragón cineasta se han escrito muchos libros y estudios. ¿Cómo se define el Gutiérrez Aragón narrador?
-Está naciendo ahora, dejémosle tranquilo.
-¿Le tienta, como sucedió en algunas de sus películas, escribir una historia con Cantabria y su paisaje como referencia única e integral?
-Sin duda Cantabria está en muchas de mis historias anteriores. Si no lo ha estado más, ha sido por problemas de producción. Pero cuando no ha estado físicamente presente por lo menos sí lo ha estado un cierto «espíritu» cántabro. Ahora será más fácil. No se necesita dinero ni ayudas ni subvenciones para hacer una novela. Algún día haré una novela con esa fascinante mezcla que hay en Cantabria entre lo viejo y lo nuevo.