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«Un cuento lo escribo, pero también lo sueño»

LITERATURA

«Un cuento lo escribo, pero también lo sueño»

Ha reunido sus relatos con huellas de infancia y señales de vida. La autora santanderina presenta hoy la obra en la tribuna del Ateneo Angelina Lamelas Escritora

01.12.09 - 01:14 -
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«Para bien y para mal, al cuento tiene que oírsele el corazón, aunque sea con la levedad del que solo lo lleva para ir muriendo o para hacer daño, o el que nota en él la brisa de una tarde que no acaba de contarle por qué le canta un pájaro en el pecho». Quien así se expresa es uno de los sacerdotes literarios del género: Medardo Fraile. A su juicio, en los cuentos de la santanderina Angelina Lamelas (1935) asoma precisamente un latido especial: «Palpitan con la fuerza y el goce irresistible de la vida». Verdadera y humana, entre la infancia, el destinatario infantil y la fabulación, la escritura narrativa de Angelina Lamelas está hecha de relatos que también sueña. Cerca de cincuenta historias y miradas diferentes integran el volumen 'Cuentos de la vida casi entera' (Ediciones Palabra), una recopilación de su creación esencial. Lamelas, que presenta hoy su libro en el Ateneo de Santander (a las ocho de la tarde), cree que enfrentarse a un cuento supone «un ejercicio de pulso y balanza».
-'Cuentos de la vida casi entera'. El casi suena a paraíso perdido, a despedida y a fugacidad. Probablemente reside ahí su mayor territorio literario...
-El «casi» es lo que me queda por vivir y, también, los cuentos que no están ahí. Tal vez alguno que no escribí.
-El libro que presenta ¿es un catálogo selectivo de su trayectoria literaria o una antología de sus mejores frutos con el género?
- Son casi todos mis cuentos. Dejé algunos fuera, pero son pocos.
-Después de tantos años, ¿qué cree que define al cuento como formato/género/envase, y cuál es su vínculo con él?
-El cuento para mí es la visión particular de la vida, el ángulo desde que se narra una historia corta, pero intensa. Es emocionante escribir un cuento porque es un ejercicio de pulso y balanza. Un párrafo de más puede estropear el cuento, malograrlo. Me gusta este género por encima de los otros. Leo mucho cuento, lo escribo y lo sueño.
- ¿Considera válidas esas clasificaciones y leyes sobre el cuento, (clásicas como las de Quiroga)?
-Una buena parte de ellas, sí, pero no todas. Los decálogos están para tenerlos en cuenta, pero no para seguirlos a rajatabla. Con el cuento se está experimentando bastante. A veces te encuentras ¿cuentos? que son más una manera de llamar la atención, que buena literatura.
-¿Cómo ha estructurado el libro?
-Lo he dividido en varias partes y por orden cronológico. Al principio están los cuentos que salieron en libros que ya no son fáciles de encontrar. Empiezo con 'El cachorro y otros cuentos', que lo publicó Manuel Arce en 'La Isla de los ratones' cuando gané la Hucha de Oro, en 1971. Al final hay dos apartados, 'La edad del pavo' y 'Otras emociones', que son cuentos inéditos. Los de 'La edad del pavo' son cuentos reales, lo que la memoria conserva de la infancia y adolescencia en Santander.
-Los suyos son 'cuentos para corazones grandes'. Supongo que en ellos palpita tanto el dolor como la celebración de la vida...
- Hay dolor, claro, pero creo que cabalga por ellos la esperanza, el humor y la alegría en mayores dosis.
- Medardo Fraile alude a los autores que nos han legado 'el cuento de sus propias vidas'. En su caso, ¿diría que este volumen traza una gran narración fragmentada de su biografía?
-Desde luego, en los cuentos de 'La edad del pavo' camino yo por ellos. En los otros cuentos no es así, son fabulaciones, pero sí que está mi manera de mirar la vida, tal como era en los años 50, 60 y 70. Me gusta aportar esos pequeños detalles que dan credibilidad a la historia. Potenciar la convicción. La historia puede ser una ficción, pero creo que consigo que el lector se la crea. Hay bastantes cuentos míos que están escritos en primera persona, lo que ayuda, pero también está el intimismo de la segunda persona, y la omnisciencia de la tercera. Me muevo entre las tres.
-Contar historias, ¿nos salva de abismos y otros vacíos?
-Crear historias es vivir más intensamente, y la literatura ayuda a sobrellevar los momentos difíciles, ya lo creo.
-De sus cuentos infantiles a cuentos con la infancia de fondo. ¿Cuáles son los retos más difíciles para unos y otros?
-Recuerdo tan bien la infancia, que no me resulta difícil hablar con los niños o escribir para ellos. He sido profesora durante 24 años en el colegio Menesiano de Madrid, y empecé a escribir para niños en 1997. Lo hice después de comprobar que los niños me escuchaban con ganas. La infancia auténtica me parece que está presente en muchos escritores, de Rilke a José María Merino, a Medardo Fraile.
-Con el paso del tiempo, eso que llamamos oficio ¿implica trucos y modismos? ¿Qué contenido da a la etiqueta narradora?
-Eso que llamamos oficio, la experiencia, nos da un punto más de sabiduría, pero yo sigo tachando y puliendo con la misma fe en las correcciones. Lo leo y lo releo. «Publico para dejar de corregir», que decía Borges...
-Me da la sensación de que en demasiadas ocasiones usted ha preservado la literatura como una ermita para sus oraciones literarias más íntimas, sin ambición de mercado y sin concesiones comerciales....
-Es verdad. Medardo Fraile me dijo hace años algo que me animó mucho «Escribiendo así, tendrías que ser más conocida». En parte, creo que puedo decir que he estado muy centrada en mis hijos , y que no me he movido mucho por corrillos literarios.
-Con 'Santander al fondo', como reza un apartado de este libro, ¿se escribe mejor? ¿O tanta familiaridad asusta y compromete?
-Me parece que con Santander al fondo hay que olvidarse de que te miran los tuyos...
-Entre los cuentos y la poesía, se me antoja que la novela sólo le parece un capricho de otro tiempo.
-Lo intenté dos veces, y andan en un cajón, pero soy una entusiasta del cuento. Sí, casi apóstol.
-La escritura, ¿es un acto moral, o eso sólo está en la mirada del lector?
- En los dos sitios.
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«Un cuento lo escribo, pero también lo sueño»

El trayecto literario y vital de Angelina Lamelas tiene una estación especial en el volumen que ahora ve la luz. :: DANI PEDRIZA

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