Destilar el orujo es un arte, saborearlo un placer y conocer su técnica un lujo reservado sólo a unos pocos: a aquellos que observaron cómo trabajaban sus abuelos y sus padres, y aprendieron muy bien de ellos, y hoy en día utilizan esos mismos métodos pero aplicando la moderna tecnología del siglo XXI. Algo de eso es lo que le ocurre a José María González Vega, propietario de la orujera 'El Marrubio' -nombre con el que se conoce alas cerezas verdes de Frama- y reciente ganador de la 'Alquitara de Oro' en la Fiesta del Orujo de 2009. José María montó la orujera en el año 2000, en una pequeña bodega. Desde entonces la atienden él y sus tres hijos: José María, que estudia Ingeniería; Mari Carmen, que prepara oposiciones; y Lara, que es maestra en Potes. 'El Marrubio' es una orujera pequeña, familiar, artesanal, y lo va a seguir siendo, según dicen.
-¿Cómo se animaron a montar este negocio?
-Nosotros siempre habíamos hecho orujo con la uva de la viña, y lo hacíamos como se hacía antiguamente. Lo hacíamos para casa y para regalar. En el año 2000 fue cuando montamos dos alquitaras y empezamos a comercializarlo. Entonces hacíamos lo de la viña, y como ya no nos llega, tenemos que comprar también algo de uva en León.
-¿Tienen valor las alquitaras?
- Para mi sí. Para mi tienen valor, y sobre todo que sean pequeñas, porque al ser pequeñas dan mejor orujo que las grandes.
-Una alquitara ¿Dónde se compra?
- Yo las he traído de Portugal.
-¿En Liébana no hay nadie que se dedique a hacerlas?
- No. No porque lo que es la copa, donde lleva el estaño arriba, luego hay que retocarlo y hay que saber. Yo las retoco porque mi profesión anterior fue fontanero.
-¿Mezcla la uva de aquí con la de León?
-Sí. La mezclamos. Además la uva de allí es muy parecida a la de aquí.
- ¿En Liébana hay uva para el orujo que se elabora?
- No.
- ¿Usted cuánto elabora?
- Unos 3.000 litros de orujo. Lo que pasa es que al hacer los licores, te bajan los grados y te salen más litros.
- La suya es una destilería familiar.
- Sí. Es pequeñita. Todo lo hacemos nosotros. Aquí no interviene ninguna persona de fuera. Por eso presumimos de que lo nuestro es mejor, porque lo hacemos nosotros.
- ¿Los obreros son los hijos?
- Sí, la familia. La destilería es familiar totalmente. La hija pequeña se me quejaba antes de todas las etiquetas que hemos puesto a mano y he tenido que comprar una máquina de etiquetar. Salvo eso, todo es manual.
- ¿El orujo da vivir?
- Artesanalmente no. Si produces más sí, pero con más producción pierdes calidad.
- ¿Cuál es el producto que más vende?
- El orujo blanco. También se vende mucho el té del puerto.
- ¿Qué es más difícil? ¿Elaborar o vender?
- Nosotros, como la cantidad no es grande, no tenemos mucho problema para venderlo. Además, está claro que el que lo prueba, repite.
- ¿El premio les va a ayudar a divulgar la marca?
- Yo pienso que sí, porque hasta ahora se estaba conociendo sólo por el boca a boca.
- ¿Qué sintió cuando les dieron el premio?
- Imagínate... una alegría. Siempre pensé que iba a ganar, pero últimamente también pensaba que la botella mía me la llevaban, hasta este año. Pero siempre he pensado que el orujo mío tenía una gran calidad.
- ¿Y el futuro?
- Yo quiero que esto crezca. Lo llevarán los hijos y pienso que ellos crezcan. Yo les ayudaré, pero tengo que darles paso a ellos. Ahora, hay que crecer sin perder calidad.
- ¿Cuál es el truco?
- Hacerlo muy despacio. Hacerlo muy despacio y, en lugar de echar vino, echar agua. El truco es ese, para mi, ése y que las alquitaras sean pequeñas. Luego hay que tratar bien el material. Yo lo trato bien, porque lo que nos está dando hasta ahora la orujera lo estamos metiendo en ella. Todavía no hemos visto un duro. Así, el día que se lo deje a los hijos, se lo dejaré bien montado.
- De todos ellos ¿Quién es el que tiene más ilusión?
- José María. Estudia en Santander y, si puede, está aquí metido todo el fin de semana. Es el que más ilusión tiene.