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José Ramón Sánchez, 30 años de película

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José Ramón Sánchez, 30 años de película

El pintor santanderino expone más de 50 obras en el Espacio Fraile y Blanco

06.10.10 - 21:53 -
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José Ramón Sánchez, 30 años de película
José Ramón Sánchez con su hijo, el director de cine Daniel Sánchez Arévalo. / Sane
El pintor logra en '30 años de película' trasladarnos a unos mundos de fantasía y realidad enfrentadas, en los que los genios del siglo XX dieron luz a un universo que servido de base de inspiración para una exposición como ésta.
¿Cuál ha sido la mejor época de su vida y por qué?
En cada momento, la que era. En la niñez soñaba muchísimo, la adolescencia fue el descubrimiento de muchas cosas, la juventud fue pletórica, con el amor, con los hijos, con la familia… La madurez ha sido muy intensa y la vejez está siendo muy creativa, y el fin será el fin, será la consecuencia lógica de la vida, en la que se tiene que llegar al fin del camino.
A nivel humano, ¿cuáles han sido los referentes en la vida?
Hay cinco figuras históricas que me han influido. La primera es Jesucristo, como personaje, como profeta, como posible Dios: es alguien que me ha marcado. También me han marcado San Francisco de Asís y Santa Teresa de Lisier, una carmelita francesa de la que también tengo escrita una novela. Otra figura que me ha marcado mucho, en el cine, es John Ford, como maestro. Y como pintor, como personaje, Van Gogh. Hay otras personas que han influido mucho en mí, pero no tanto como estos gigantes. Rembrandt también me ha marcado mucho. Era un gigante, uno de los diez mayores genios que ha dado el arte. Shakespeare también, quizá el mayor gigante de la historia del arte. Es inabarcable. En sus obras queda todo contenido, la historia de la humanidad, la esencia del ser humano, todo.
¿Qué ha influido más: su vida en su forma de expresión artística o su visión artística en su propia vida?
Yo creo que he conseguido una cierta simbiosis, una cierta fusión de vida y arte. Es algo que me preocupaba ya de pequeño; cuando leía aquello de la vida y el arte me decía “¿Por qué la vida no va a ser el arte y el arte no va a ser la vida?”. Yo eso lo he llevado hasta el extremo de que 40 o 45 años mi estudio siempre ha estado muy cerca de mi casa, y después mi estudio ha sido mi casa y mi casa ha sido mi estudio. Yo necesito estar y vivir al lado de mis cuadros y después de comer darme una vuelta y ver lo que he hecho. En el fondo, es ese viejo sueño de fundir el arte con la vida… Creo que hay una influencia recíproca entre mi arte y mi vida: lo que a mí me ha pasado en la vida ha influido en mi arte y mi arte está influyendo en mi manera de vivir.
Su vida ha tenido dos focos muy definidos: Cantabria y Madrid. ¿Qué le han aportado cada una de estas ciudades?
Me quedaría con los dos, porque éstas son mis raíces, y he pasado 50 años en Madrid. Santander me dio, hasta los 19 años, la magia, el color, el mar, esa especie de extraversión que tenemos en Cantabria, me dio una imaginación muy activa, yo creo que muy lúcida… Madrid me dio una profesión, un lugar, el sitio donde yo podía crecer, me dio una familia, mis hijos han nacido allí, mi primer empleo serio, en los Estudios Moro haciendo animación. Después recuperé Santander porque llegó un momento, en el año 1996, en el que yo supe que tenía que volver a mis raíces, para desarrollar mi obra, para hacer todo lo que me había quedado pendiente. Fui feliz en Madrid, soy feliz en Santander, y creo que si me tuviera que exiliar a Siberia también lo sería. Creo que la capacidad interior de hacer positiva tu vida es un don que se tiene.
El cine
Es usted un nostálgico de aquel Santander que lo vio nacer en el mítico Barrio Camino, un Santander que le sirvió de inspiración para su exposición “Gentes de Sotileza”. ¿Qué ha cambiado y qué echa de menos?
Echo de menos los cines, es algo que echo de menos en Santander todos los días, porque todos los días paso por mi barrio, por Puerto Chico, y paso por delante de donde estuvo la puerta del Popular Victoria y del Salón Victoria, y recuerdo siempre tantas tardes de magia, de fascinación, de películas, de aventuras… Ése era mi cine de referencia. Echo en falta los cines: el Capitol, los Bahía, el Coliseum, el Teatro Pereda… Lo que me falta de aquel Santander de los 40 y de los 50 son los cines.
Ha sido protagonista destacado de los orígenes de la animación española. ¿Cómo surgió ese idilio con la gran pantalla, y cómo ha influido en su arte?
Cuando era pequeño y veía las películas de Disney tenía claro que mi gran sueño era meterme de polizón en un barco del puerto e irme hasta San Francisco, y desde ahí, en tren, hasta Hollywood, donde están los Estudios Disney, y pedía trabajo. Era un sueño en una España pobre y miserable, donde era difícil encontrar papel, plumillas y tintas para dibujar. Ya pensé en la animación. Más tarde, cuando ya estaba asentado profesionalmente y tenía unos ahorrillos, pude empezar a hacer mis primeros cortos de animación. Después, hace unos años, pude cumplir mi sueño de ir a visitar los Estudios Disney en un viaje en el que conocí a los que quedaban de los que fundaron la empresa con Walt Disney, y tuve la gran satisfacción de ofrecerles como regalo un catálogo con algunos de mis trabajos. Ward Kimball, que andaba por allí, me ofreció trabajo, porque le interesé mucho como diseñador de fondos y de escenarios. Yo tuve que decirles que no podía porque ya tenía mi vida y mi familia en España, pero les dije que me habían cumplido uno de mis mayores sueños.
Desde su punto de vista, ¿qué diferencia al lenguaje artístico del lenguaje cinematográfico?
Es lo mismo. El cine es el séptimo arte, el hermano más pequeño; si el cine es algo grande, es porque se ha aprovechado de la arquitectura, de la música, de la literatura, de la poesía, de la fotografía, del teatro… El cine es todo eso junto. El cine se creó en un momento en que todas las demás artes ya estaban desarrolladas, incluso la fotografía, que es su precursor natural. Por eso, el cine nace y se desarrolla en cien años como no se ha desarrollado ningún otro arte, que, en general, han necesitado siglos y siglos para llegar a ser lo que son.
La creación
Para usted, el trabajo es el ingrediente fundamental del éxito. En ese sentido, usted es un trabajador nato. ¿Por qué? ¿Qué aporta el trabajo al trabajador?
Nadie hace nada serio y grande, sin un trabajo tremendo, sin una labor artesanal que está por detrás. Todos los genios fueron genios porque trabajaron mucho. Cuando me dicen que Vermeer fue un genio yo digo que sí, pero solo pintó 30 cuadros. Rembrandt sí que era un genio, porque pintó 500, y Van Gogh casi 1000. Yo en lo que creo, aparte de la inspiración y de la chispa, es en el trabajo. Después de esa iluminación, como no eches muchas horas no haces nada. . El pequeño éxito que yo haya tenido es fruto del trabajo, de trabajar todos los días 10, 12, 14 horas… Ahora ya no, porque el cuerpo no me da más que para pintar 5 ó 6 horas, pero yo todos los días, incluidos domingos, trabajo 6 horas. Ese es el único secreto.
¿Cómo estructura el proceso creativo? ¿Parte de algún esquema o modelo de trabajo o simplemente deja que las obras se reclamen a sí mismas y surjan de sus manos?
Yo siempre parto de una pequeña iluminación. Todo nace de algo. Yo creo, como soy tan religioso, en una iluminación de la gracia del Espíritu Santo. Yo siempre parto de una chispa, de un flash, de una luz… que después tengo que elaborar. Hay muchos que te deslumbran y luego se quedan en nada, pero yo no tengo ningún gran proyecto que no haya respondido a una iluminación, y después es un proceso de trabajo. Sin ese espíritu creador, yo no soy nada, no somos nada. Yo soy un ser creado por Dios y se lo devuelvo a Dios. Creo que hay un dios único que se manifiesta a través de cada cultura, que le da su nombre.
Hombre culto y curioso, ha reconocido numerosas influencias en su estilo artístico. ¿Cuáles son las más importantes y qué le han aportado?
Yo he tenido una influencia fantástica y muy intensa, que fue la de Walt Disney. Cuando yo veía una película de Walt Disney ya entendía que el color tenía una magia, veía tanta creatividad, tanta armonía en aquella conjunción de colores, que recibí una influencia evidente. Después, a la hora de ilustrar, he tenido una influencia muy grande de Gustavo Doré: ese sentido amplio, ese sentido épico… Él ilustró La Biblia, El Quijote, La Divina Comedia, El Paraíso Perdido de Milton… Yo he seguido un poco sus pasos. Después, he tenido, en una etapa más de juventud, influencias del Greco, de Goya… Ahora, en la madurez, de Turner y de Van Gogh. Una cosa que nunca niego es declarar mis influencias y desvelar mis fuentes. Yo he dedicado muchas horas y muchos cuadros a copiar a esos maestros míos. El declarar que tú bebes en una fuente no tiene nada que ver con el agua que extraes de ella.
De todos los trabajos que ha realizado, ¿con cuál se quedaría?
Con todos y con ninguno. Yo siempre les digo a mis tres hijos que con ellos haría un hijo perfecto, y con todos mis trabajos igual. Me quedaría con esto de aquel trabajo y aquello de aquel otro. Yo nunca he tenido el concepto de la cercanía y de la compasión, nunca lo he tenido ni lo tengo en la que estoy haciendo ahora. A mi obra fantástica del cine, colorista, llena de espectacularidad, le añadiría ese toque de compasión, cercanía, de solidaridad que tiene lo de ahora. Lo de ahora es más serio, pero contiene una serenidad enorme.
La caricatura y la televisión
Caricaturista, ilustrador, impulsor de la animación en España, televisión, pintor de murales, escritor y pintor… Pero usted… ¿qué quería ser de mayor?
De pequeño yo soñaba con hacerme inventor, y yo sabía que el dibujar, y posiblemente que mi futuro inmediato, el que pudiera pintar, tenía mucho que ver con la invención. Después me dí cuenta de que el de “artista” es un concepto muy amplio y que requiere una formación continua, en la que estás aprendiendo hasta que te mueres. Mi sueño recurrente era llegar a vivir haciendo lo que a mí me apasionaba, que era dibujar, pintar, ilustrar… Yo soñaba con convertir la vida y el arte en la misma cosa.
Como caricaturista alcanzó el éxito a una edad muy temprana: con 19 expuso en el Museo Municipal de Santander, y por aquel entonces ya publicaba sus caricaturas en el diario Alerta. ¿Por qué la caricatura?
Porque tuve un maestro que se llama José Luis Orizaola, que publicaba caricaturas en el Alerta. Yo le admiraba mucho e iba mucho a su estudio, iba a ver cómo hacía sus caricaturas, y, en seguida, me prendió lo de la caricatura. Yo empecé muy pronto a copiar caricaturas de futbolistas de un fenomenal caricaturista que se llamaba Enrique Kronos, que publicaba en el diario Marca, y las de Jose Luis Orizaola, que era una experiencia mucho más inmediata. Yo creo que a los 10 o 12 años ya empecé a hacer las primeras y a los 14 o los 15 ya tenía una cierta experiencia como caricaturista. Recuerdo haberme pasado dos cursos en Palencia, mientras estudiaba Comercio, durante los que ya me hice un profesional, porque todos los días tenía 2 o 3 caricaturas que me pagaban a 3 pesetas cada una. Por eso, a los 15 o los 16 yo ya estaba preparado para hacer una exposición como la que hice en el Museo Municipal en el año 55.
Usted se caracteriza por lo heterogéneo de su perfil creativo. Si tuviera que elegir una única disciplina artística, ¿con cuál se quedaría? ¿Por qué?
Yo lo tengo clarísimo: me dedicaría a dibujar. Diría: “Dame un buen stock de folios y un portaminas con dos 2HB y con dos 2B… porque creo que dibujar es tan inmediato, es tan rápido, es en lo que creo que tengo una pequeña maestría con minúsculas; creo que si soy un pequeñísimo maestro en algo es en dibujar. Lo de un cuadro es más complejo, lo de escribir es más complejo, lo de leer o lo de editar un libro es más complejo. Creo que podría estar dibujando hasta el último momento de mi vida, que el último suspiro podría ir parejo a un pequeño dibujo. Sería un final maravilloso.
En los 80, pasó muchas horas en la televisión enseñando a pintar a los niños. ¿Qué supuso para usted aquella época? ¿Por qué considera importante la educación artística?
El arte, para los niños, es la conexión entre la vida y la magia. Durante esos diez años en que estuve en aquel programa, hice de puente entre el arte y los niños. Estoy orgullosísimo de que todavía me encuentre por ahí con niños y no tan niños que me dicen que su primer libro lo leyeron por mí, o que son pintores porque yo les hablaba de la pintura, o que se han dedicado al teatro y al cine porque yo les hablaba de ello. Yo he influido en una generación, porque en la televisión nadie les hablaba de ballet, o de ópera, o de pintura, o de escultura o de cine o de teatro o de libros.
A nivel artístico, ¿qué diferencias existen entre el José Ramón Sánchez que comenzaba a hacerse un hueco en el panorama nacional y el que ha ilustrado La Biblia o La Divina Comedia?
Hay muy poca diferencia, porque yo siempre me he considerado algo muy claro: un aprendiz. Siempre he visto mi vida y mi trayectoria como un camino que nunca se iba a terminar, al que nunca iba a llegar. Hay gente que se propone llegar a un punto: cuando llega a ese punto, se muere. Yo pienso que no voy a llegar a ningún lado, que estoy caminando por una senda donde descubro cosas, donde me tropiezo, me caigo, donde tengo fracasos y otros ciertos éxitos. Porque, cuando uno se plantea un cuadro, interiormente se plantea una obra maestra, que nunca te sale… Por eso, cuando estoy terminando una tabla, ya estoy pensando en la siguiente. Yo siempre tendré una colección de sueños por realizar, por soñar y por vivir.
Ha declarado anteriormente que, a día de hoy, encuentra el mismo placer pintando que escribiendo o leyendo. ¿En qué se parecen la pintura y la literatura? ¿Qué le aporta cada una de ellas?
Todo es la misma creatividad, todo es la misma luz. A mí, ahora me divierte y me sorprende más escribir que pintar, porque llevo pintando desde los 5 años, es decir, que llevo 70 años haciéndolo; es mi oficio, mi profesión. Sin embargo, cuando escribo me sorprendo. Noto más esa luz inspiradora cuando escribo que cuando pinto, porque lo que pinto ya está dentro de unos parámetros. En el fondo, todo es el mismo placer, yo gozo con todo, con una película, con la naturaleza, con un día de sol en la playa, con un concierto… Soy un loco peligroso. Yo creo que los grandes gozos de la vida suelen estar en cosas muy pequeñas. Los gozos de cada día responden a cosas muy pequeñas pero muy plenas, es parte de la misma grandeza, de la grandeza de la vida.
¿Un consejo tanto para los jóvenes artistas como para los jóvenes en general?
Que si han encontrado su camino, su sitio, su puesto en la vida, que trabajen por construir su camino, que trabajen porque son ellos los que van a construir su camino, no es un camino que está ahí. Es lo que dice Machado en sus versos: se hace camino al andar, y no hay otra posibilidad. Sea cual sea tu sueño, ésa es la receta, trabajar en él. Cualquier cosa te va a exigir un trabajo, una continuidad y un amor por lo que hagas, me da igual qué sea.
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