Marcelino García Toral empieza a acostumbrase a las despedidas. El técnico asturiano fue destituido esta mañana como técnico del Sevilla tras unos resultados muy pobres en un equipo con aspiraciones europeas. José María del Nido, presidente de la entidad sevillana, fiel a los principios del fútbol hizo pública la decisión justo días después de ratificarle en su cargo. Se trata de las tercera despedida en apenas cuatro años. No hace un año, en mayo de 2011 decía adiós al Racing, por segunda vez, pese a tener contrato en vigor. Al asturiano le restaba una temporada más, pero la situación financiera y social del club santanderino y la oferta llegada desde Sevilla le hizo tomar la decisión después de asegurar que cumpliría su contrato. Fue una decisión que no sentó muy bien Santander, pese a que era entendible e irrechazable. Aún así, se trató de la segunda despedida sin cumplir su cometido en Santander. La primera se remonta a Mayode 2008. El técnico logró la clasificación para la Uefa con el Racing y cuando el club le colocó un cheque en blanco para que renovara, él prefirió de cir que no y buscar otras ofertas. Negoció con el Valencia y no llegó a buen puerto y cuando parecía que se iba a quedar sin equipo logró un sorprendente acuerdo con el Zaragoza de segunda división. A la capital aragonesa llegó con un proyecto millonario que le colocó como uno de los entrenadores mejro pagados del momento. Tampoco lo cumplió. El primer año consiguió el objetivo desubir al equipo, pero en la segunda temporada, de nuevo, algo falló y terminó siendo destituido por los malos resultados. Con contrato en vigor tuvo, de nuevo, que entonar el adiós.
Dos buenas etapas y tres adiós
Tan sólo le han salido bien las cosas en Santander y en Huelva. Allí, se dio a conocer como un entrenador capaz de sacar partido a equipos modestos. Con el Recre logró el ascenso y la permanencia y con el Racing cotas históricas. Ahora bien, sus maletas, últimamente se encuentras sin deshacer porque no le da tiempo. Ahora, su futuro vuelve a ser incierto. Su paso por Sevilla le ha hecho más mal que bien. Ha levantado suspicacias sobre su valía para dirigir un vestuario de un equipo grande. Jugadores difíciles de controlar suelen chocar con las exigencias de un Marcelino que ha declarado que "seguirá aprendiendo".