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«Creo que soy un ?bebé robado?»

María luisa fernández | adoptada por una pareja de la rioja

«Creo que soy un ‘bebé robado’»

08.02.12 - 13:39 -
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María Luisa enseña su partida de bautismo donde aparecen diversos datos que no concuerdan con otros informes. / Foto: Sonia Tercero
María Luisa Martínez se levanta muchos días con las mismas preguntas en la cabeza. «¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?». Incógnitas a las que se enfrentan muchos adoptados. Marisa lo es y la necesidad de responder a esas cuestiones, la llevó a «rebuscar» en su pasado. Al hacerlo comprobó que existen diversas irregularidades en sus informes, «desde fechas que no sé por qué aparecen o números que no se corresponden, hasta el hecho de que mis padres adoptivos tuvieran 59 y 62 años cuando me acogieron», afirma. O algo tan llamativo como supuestos regalos enviados a Cantabria durante años. Conocer su verdadera identidad se ha convertido en un viaje de no retorno y sus pesquisas la llevan a pensar que es un ‘bebé robado’.
El ocho de marzo de 1965, las trabajadoras de la casa-cuna de Santander recogieron a una pequeña, sin identificaciones y «envuelta en unos trapos blancos». Ese bebé, de apenas unos días, era Marisa. A los tres meses, una pareja la adoptó y se la llevó a La Rioja. A los siete años se enteró de que los que siempre había creído como progenitores biológicos, no lo eran. «Recuerdo que muchas veces volvía llorando del colegio. Los niños me decían que no era hija de mis padres. No sé por qué lo harían. Siempre se dice que los chavales pueden ser muy crueles, pero imagino que esa información vendría de sus casas», comenta. Poco después, su padre adoptivo le contó la verdad. «Yo era una chiquilla, pero cuando te dicen algo así... Es muy duro. Te preguntas: ‘Y entonces, ¿quién soy?’. No lo sé, te deja una sensación tremenda de abandono», explica.
«Necesito saber quién soy»
Por respeto a sus padres adoptivos, Marisa comenzó a buscar la verdad sobre su origen cuando ambos ya habían fallecido. «Necesitaba, y necesito, saber quién soy, pero no quería hacerles daño», matiza.
En el año 2000 se embarcó en una aventura que la llevó a remover su pasado. Una tarea «dolorosa» en la que cuenta con el apoyo de su marido y sus hijos. «Hay quien te mira raro, como si te lo estuvieras inventado. Algunos incluso te dicen: Pero, ¿cómo vas a ser un bebé robado?», cuenta Marisa. Lejos de desanimarse, comenzó a investigar. Primero, envió «una carta al Gobierno de Cantabria», para que le remitiese algo de información, ya que los documentos que ella poseía presentaban varios interrogantes. Estudiándolos comenzaron sus sospechas. «¿Seré un bebé robado?». Es la pregunta que la atenaza desde entonces.
Su creencia descansa en diferentes incoherencias:«En mis papeles de la casa-cuna de Santander figuran dos números de salida (el 28.008 y el 28.010), aún cuando uno de ellos lo tiene también otra niña que salió de allí después que yo. También aparecen dos fechas diferentes de nacimiento (los días 4 y 7 de marzo) y los nombres de mis padres biológicos, con la coletilla de ‘a efectos identificativos’. Si fui abandonada, ¿cómo puede poner eso?», se pregunta Marisa.
Paquetes a monjas
Otro de los datos que le llamaron la atención de sus informes es que en su partida de bautismo, la fecha y hora de nacimiento son las que se reflejan en el informe de entrada en el jardín de infancia de Santander. «A las 20 horas del día (7 de marzo) se ha recibido en este establecimiento del Jardín de Infancia una niña como de unos tres días de edad. Envuelta en unos trapos blancos», describe el papel.
Sin duda, lo que despertó todas sus dudas fue el testimonio de un conocido de su familia. Durante varios veranos, Marisa y sus padres adoptivos viajaron a Cantabria de vacaciones. «Según me comentaron, en esos trayectos, llevábamos paquetes o regalos para unas monjas», explica. Igualmente, en sus últimas pesquisas ha podido averiguar que su adopción se realizó «por mediación de una tercera persona. Todo ello, me hace sospechar porque hay tantas cosas que no cuadran...», afirma con cierta resignación.
Sin embargo, las trabas que ha ido encontrando en su camino, la han hecho más perseverante. Desde el pasado verano, Marisa forma parte de la asociación SOSBebés Robados Cantabria. «Todo lo que está pasando... Me da mucho coraje. No sólo porque determinadas administraciones u organismos no nos ayuden en nada, sino porque demuestra que hubo un tiempo en que a las personas se las trató como si fueran mercancías», sentencia.
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