Foto: Elisabeth Pérez desfila en la Fashion Week de Madrid para la diseñadora María Lafuente.
Jamás había utilizado tacones, ni siquiera se había preocupado especialmente por estar guapa y, menos aún, había soñado con ser modelo. Elisabeth Pérez, nacida en Ampuero en 1995, estaba en las fiestas de su pueblo, los encierros del pasado septiembre, cuando una agencia nacional de modelos puso su ojo en ella y le propuso dar un giro a su vida de 360º. «Es mucho cambio pasar de mis clases en Ampuero donde me preparaba para soldadora de ventanas a desfilar en la pasarela de Cibeles, pero lo estoy disfrutando muchísimo. Jamás me había puesto un tacón, ni siquiera sabía andar con ellos, pero en cuestión de cuatro meses he aprendido como desfilar y me encantan los fotógrafos y tanta gente mirando».
Ha sido la única cántabra seleccionada en esta edición para el gran evento de moda celebrado en Madrid, cita que aglutina cada año todas las miradas destacadas del sector. Mercedes Benz Fashion Week Madrid es para muchas modelos un reto difícil de alcanzar. Para ello tienen que superar tres castings al que optan más de 600 candidatas. Muchas jóvenes se quedan a las puertas.
Elisabeth fue escogida logrando el sueño de muchas; no el suyo, al menos hasta ese momento, porque, «ni me lo había planteado». Con su 1,81 centímetros de altura de los que sus piernas se llevan gran parte, la ampuerense de grandes ojos castaños y tez blanquecina sin imperfección alguna, responde a un patrón de belleza que encaja de pleno con lo que ahora se solicita; así lo ha percibido ella en la Semana de la Moda: «Los diseñadores buscan chicas muy rectas, sin curvas y planas, como yo. Es un canon de belleza que se conoce como ‘modelos -palo’». Cibeles ha vuelto a requerir mujeres muy delgadas, por lo que «está claro que me toca decir adiós a las golosinas y comida basura», dice con despreocupación.
“Se la rifan las agencias”
Los que la conocen dicen de ella que es una chica natural, sencilla y con buen humor. Es risueña y con una faceta interpretativa que le lleva a no ponerse límites: «No descarto nada, tampoco trabajar en el cine o la televisión».
Y pensar que ella no quería meterse en este jardín: «Al principio me sentía extraña en el mundo de la moda. Yo estaba feliz en mi pueblo, con mis amigos, pero he aprendido rápido y he contado con el apoyo de mi familia». Lo que más le gusta es «viajar y conocer a gente tan peculiar». En estos meses ha recorrido más kilómetros que en toda su vida, explica quien pronto hará las maletas para instalarse en Brasil, donde ha sido fichada por la Agencia de modelos Internacional ‘L’ Equipe.
De la mano del agente Alex Pires, la joven tratará de hacerse un hueco en este mundo donde «la lucha por posicionarse es una caza de brujas. No hay nicho para todas las que quieren estar», dice Ana Quílez, responsable de Marketing y Comunicación de Martina Models, la agencia que la descubrió. Por eso la directora de la agencia, Cristina Rozas, prepara a Elisabeth para potenciar su interior: «La moda está llena de chicas superficiales, –explica Rozas, exmodelo–, por eso formamos a nuestras alumnas con otros valores, ya que según te proyectas así te tratarán; no todo es el físico».