José Carlos Gómez Sal, dicen los suyos, es muchas de las cosas que parece a simple vista: cordial, natural, directo... Pero detrás de su aspecto llano y afable hay cualidades que sólo se pueden descubrir bajo las arenas del tiempo: «En la Bienal de Física de 1982 reunimos a un millar de científicos y el director del evento, el gran Eugenio Villar, eligió a un grupo de profesores jóvenes para que le asistieran. Gómez Sal era uno de ellos. Poco a poco se fue haciendo habitual ver a Villar en el despacho del joven Gómez Sal pidiendo consejo.
Ya entonces era capaz de ver un poco más allá que los demás», cuenta Fernando Rodríguez, catedrático de Física.
La dificultad de poner a GómezSal (Alcalá de Henares, 1948) bajo el microscopio es que su faceta más brillante se desarrolla de puertas para adentro, en el laboratorio, donde se convierte en «un investigador del mejor nivel, contrastado internacionalmente». Por eso su amigo Ramón Beivide dice queGómez Sal es ‘rara avis’: «Es difícil encontrar a alguien que sea al mismo tiempo tan valioso y tan cercano».
Dicen que tiene la Universidad metida en la sangre. Ni él mismo se había planteado aspirar al rectorado, pero las circunstancias le obligaron a dar el paso para asegurar la continuidad de un modelo de Universidad que él mismo había contribuido a crear.
Y no dudó en darlo. Su gente piensa que reúne las cualidades que necesita un rector: experiencia en la gestión, reconocimiento como investigador y calidad como docente –una exalumna da fe de ello: Siempre estaba disponible para resolver dudas»–. También tendrá que corregir algunos defectos: «Es demasiado confiado y cuando delega lo hace del todo».
Aunque haya sido vicerrector ocho años y undestacado científico desde que se doctoró en Magnetismo, su entorno prefiere destacar a la persona antes que al investigador. «Fuimos a visitar el Centro Nacional de Supercomputación (CNS) de Barcelona–comenta su colega RamónBeivide– y estaban con la coña de Miguel Ángel Revilla y las anchoas.
A la vuelta,Gómez Sal les mandó unas latas y a partir de ahí la relación entre la Universidad de Cantabria y el CNS mejoró muchísimo».
Algunos dicen que, de vez en cuando, Gómez Sal es, comocualquier genio, temperamental.
Los suyos matizan que puede ser vehemente, pero de manera natural, «sin herir al defender sus ideas». Si llega a rector tendrá que buscar el equilibrio perfecto y transferir la excelencia desde el laboratorio a los despachos.