
Alumnos entrando a las aulas de exámen. Foto. Andrés Fernández
Hace unos minutos comenzó el primer examen de Selectividad, dedicado a Lengua y Literatura, y los 2.039 inscritos pasaron el peor trago de los tres días que durará la prueba, el de los nervios. “Este es el pero momento, cuando empiezan a llamarles, pero una vez que se sientan y les dan el primer examen los nervios se pasan”, explica Jesús Hernández, profesor del IES Bernardino de Escalante (Laredo) que ha acompañado hoy a sus alumnos en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.
En la última década la Selectividad ha cambiado de nombre -ahora es la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad)- y ha pasado de un 75% a un 90% de aprobados. También ofrece alternativas para subir la nota hasta los 14 puntos, pero hay cosas que nunca cambian: los alumnos rezagados, sentados en cualquier rincón, exprimiendo los apuntes hasta el último suspiro; las risas nerviosas y las peticiones. “Que caiga 'La Casa de Bernarda Alba'”, decía un grupo de alumnos del IES Augusto González de Linares (Pañacastillo), minutos antes del primer llamamiento.
Cada joven es un mundo. Desde el que reconoce, como Marcos Boo del IES González Linares, que se lo ha tomado “un poco de 'sobrao'” porque va a hacer un ciclo y sólo quiere aprobar ahora para cuando quiera entrar en la universidad. Hasta la que, como Esther Calvo, se lo toma con calma “sin estudiar muchas horas, sólo por la mañana”. E incluso los que estudian a tope aunque no necesiten nota. “Por la mañana iba a clase y por la tarde repasaba, pero no voy a por nota porque quiero estudiar Psicología, que no tiene nota de corte”.
Ellos piden que no entren “contextos históricos” y apuestan por Lorca o Becquer, pero como dice Jesús Hernández, del IES Barnardino Escalante: “Es cierto que se enfrentan a un espacio que no es el suyo y eso impone, pero si han aprobado segundo (de Bachillerato) están preparados para superar la prueba sin ninguna dificultad, por eso los peores momentos son estos del principio”.