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Médicis de la ciencia por un euro

INVESTIGACIÓN

Médicis de la ciencia por un euro

Ante los recortes, los científicos se han apuntado al ‘crowdfunding’: financiación en masa de particulares para sus proyectos. Dos españoles y un cubano afincado en Barcelona están entre los 49 primeros seleccionados para el reto

28.06.12 - 13:28 -
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Médicis de la ciencia por un euro
Marisa Alonso, una de las seleccionadas. / C. Hernández
No es necesario apedillarse Koplowitz o Rockefeller para ser un mecenas de la investigación al estilo renacentista de un potentado Médici. El patrocinio de la ciencia ya no es un privilegio exclusivo de filántropos millonarios como Bill Gates (Microsoft), Larry Ellison (Oracle) o Gordon Moore (Intel), que destinan millones a la lucha contra la malaria, la investigación biomédica y nuevas técnicas clínicas. El sistema llamado ‘crowdfunding’ ha abierto la financiación desinteresada al común de los mortales. Desde un euro hasta los miles de billetes que desee aportar, los científicos han decidido ante los recortes emular a su antecesor Leonardo da Vinci y utilizar el mecenazgo, en versión micro, para buscar la solidaridad de la sociedad y sufragar parte de sus investigaciones. No se trata de donar mucho. Más bien el objetivo de estos científicos, entre los que se encuentran dos españoles y un cubano afincado en Barcelona, es divulgar la investigación a la par que recabar fondos y dejar patente, con un método empírico, que a los ciudadanos de a pie les importa la ciencia hasta el punto de entregar sus ahorros al proyecto SciFund (rockethub.com/projects/scifund).
Levaduras contra el cáncer
La farmacéutica Marisa Alonso Núñez (Astorga, 1979) fue la primera española en sumarse a esta iniciativa y plantearle a la sociedad, a través de un vídeo colgado en esta web mundial, las virtudes de las levaduras en la investigación del cáncer. El suyo es el único de los tres proyectos con representación española que logró recaudar incluso más de lo que solicitaba y una de los diez que consiguieron el reto entre los 49 estudios que hay en busca de mecenas.
Fue en la primera ronda, que concluyó el pasado mes de diciembre. En estos momentos se acaba de cerrar el segundo plazo y ya se han recaudado 100.000 dólares, aunque en esta etapa no hay españoles. Para inscribirse y promocionar una investigación en esta plataforma mundial hay que pasar la criba inicial que exigen los fundadores de SciFund, Jarret Byrnes y Jai Ranganathan: rigor científico, objetivos realistas, estudios de investigación, acreditación de los profesionales y alcanzar un mínimo de mil dólares. Estos ecólogos norteamericanos estaban indignados con las aportaciones populares que corrían por las redes sociales para financiar la construcción de una estatua de Robocop en el centro de Detroit, mientras la precariedad devoraba a colegas con proyectos de calado. Y decidieron utilizar precisamente el poder de la Red para dar liquidez a los investigadores.
Alojaron SciFund en una de las mayores plataformas americanas de ‘crowdfunding’ (RocketHub) y divulgaron la convocatoria que llegó en forma de tweet a Marisa Alonso y a los otros dos protagonistas: Luis Valledor, un biólogo de Oviedo que estudia en la Universidad de Viena cómo inducir estrés a las algas para que generen biocombustible a escala industrial, y Jorge Mederos, un entomólogo cubano que reside en Barcelona y que pidió ayuda financiera para documentar la biodiversidad del Parque Natural de Collserola, a un paso de la Ciudad Condal.
Alonso, que trabajaba en el Instituto de Investigación Oncológica Paterson, de la Universidad de Manchester, utilizó en el vídeo promocional de su proyecto ‘¿Cáncer? La levadura tiene respuestas’ (rockethub.com/projects/3753-cancer-yeast-has-answers) una comparativa entre las ciudades de Astorga, en el papel de las levaduras, y Manchester, en el de los humanos, para explicar a los potenciales donantes que ambas tienen un funcionamiento urbano similar aunque se diferencian en el tamaño: «Es lo mismo que sucede con las levaduras: tienen una sola célula y es más fácil observar el proceso de división sin control que se produce en una enfermedad como el cáncer porque es un organismo más pequeño, pero los resultados sirven para interpretar lo que ocurre en organismos más complejos, como el propio ser humano», explica la científica.
Cuando le llegó el tweet de SciFund, Marisa Alonso se afanó tanto en crear una buena divulgación –de la que se ha hecho devota en su blog (cajadeciencia.blogspot.com.es)– como en transmitir por todas las redes sociales que pudo su convocatoria y atender en primera persona a los mecenas que fue cosechando. Además, los donantes son recompensados con actos que buscan la interactuación entre científicos y sociedad. Pero, ¿cómo?
«Además de que mis 63 mecenas me dieron 2.835 dólares, 335 más de los que solicité y pudimos comprar anticuerpos, para observar el comportamiento de la levadura S. pombe (un hongo usado como organismo modelo en biología molecular), para así seguir investigando la división celular en el Instituto Paterson sin que los recortes nos parasen, este proyecto me demostró que la gente tiene muchas ganas de entender la ciencia, de participar. En las recompensas les ofrecía, por ejemplo, una copia dedicada del artículo científico o un calendario con fotos de la investigación, pero también les escribía explicaciones divulgativas sobre temas de salud que no entendían».
Los ‘médicis’ que sustentaron la actividad investigadora de esta astorgina son españoles, norteamericanos, australianos y alemanes con perfiles muy dispares. Esta emprendedora está ahora sin laboratorio donde continuar su investigación. Le gustaría quedarse, pero los científicos españoles son cotizados en Alemania o Estados Unidos, no en casa. «Proyectos como SciFund son una ayuda y una plataforma de divulgación, pero la financiación de la ciencia en un país debe proceder, principalmente, de la Administración Pública, y las empresas tienen que mojarse más, como ocurre en Estados Unidos o Reino Unido. Tenemos recursos humanos muy cualificados que están siendo explotados en otros países».
Virus y alzhéimer
La solidaridad popular se va gestando así como un pilar para la investigación en tiempos famélicos. Ya unos estudiantes de la Universidad de Sevilla lograron financiación para su proyecto a través del portal Lánzanos (www.lanzanos.es). Estos chicos han buscado así el dinero para fabricar un computador biológico mediante modificaciones de bacterias con el que competir en el concurso anual sobre biología sintética del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Ahora el Laboratorio de Virología del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa se ha suscrito a esta vía. El director del departamento, José Antonio López Guerrero, necesita 10.000 euros para que su equipo siga investigando infecciones vinculadas al alzhéimer. Desde un euro se puede contribuir a través la web de la Fundación Alzhéimer España, que firmó un convenio con la Fundación Severo Ochoa para la consecución de esta idea.
Como en los estudios de SciFund, estos investigadores han elaborado un vídeo para explicar el papel de ciertos virus en enfermedades neurodegenerativas.
Incluso la Administración ha visto el potencial del ‘crowdfunding’. De la mano de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) surgió el proyecto Taracea, una plataforma creada para promover el mecenazgo con el que financiar 250 proyectos de divulgación que han superado la evaluación de la convocatoria pública de FECYT.
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Mederos se desplaza por las copas de los árboles de Collserola.
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