Desde la inauguración de la neocueva y del museo, la instalación ha recibido una media de 250.000 visitantes anuales, de los que unos 200.000 son de fuera de la región
Ha señalado que el cierre total de la cueva tampoco garantiza totalmente la conservación, porque está expuesta a otros riesgos naturales para las pinturas y también de derrumbes
El director del Museo de Altamira, José Antonio Lasheras, duda de que una apertura de la cueva original con visitas limitadas vaya a traer más turistas a Cantabria o al propio museo, como se ha intentado asociar en algunos casos al hablar de la marca Altamira y de su poder de atracción.
"Su apertura controlada no vendría acompañada de más visitantes a Cantabria o de más visitantes al museo", ha enfatizado Lasheras en su intervención en un curso sobre las cuevas de Altamira, su conservación y conocimiento, organizado por la Universidad de Cantabria y el Parlamento regional.
Según dice, no hay ningún "dato" para relacionar una "posible y mínima" apertura de la cavidad original con un efecto positivo sobre el turismo y la economía regional.
A su juicio, se trata solo de "una suposición sin fundamento conocido" y, frente a ello, ha apostado por "reflexionar" y analizar el uso de la marca Altamira "con trabajo profesional, pero no con creencias".
Para respaldar sus palabras sobre el poder de atracción de una posible reapertura de la cueva, el director de Altamira ha señalado que entre 1982 y 2002, cuando se admitía un cupo de 8.800 visitas anuales, la cueva no atrajo más visitantes a Cantabria de los que ha conseguido su réplica, inaugurada en 2001.
Desde la inauguración de la neocueva y del Museo de Altamira la instalación ha recibido una media de 250.000 visitantes anuales, de los cuales, unos 200.000 son de fuera de la región.
Trasladadas esas cifras al gasto medio diario de los turistas que visitan España, que es de unos 100 euros, y teniendo en cuenta que la visita a Altamira se hace en media jornada, Lasheras calcula que su impacto económico en el PIB cántabro -que a día de hoy no ha sido nunca evaluado- sería de unos 10 millones de euros anuales.
Y Lasheras cree que aún se puede "reforzar" este activo, que podría ser utilizado "más y mejor" como elemento de identificación y marca de Cantabria, una tarea que, en todo caso, ha recordado que compete a los responsables, agentes y actores del sector turístico.
Deseo de una futura reapertura
Pese a sus dudas sobre el efecto turístico de la reapertura de la cueva, lo que sí ha reiterado el director de Altamira es su deseo de que algún día pueda volver a abrirse, aunque sea con mayores restricciones de las que había hasta 2002 y para "unos pocos ciudadanos al día, algunos días a la semana, algunas semanas al año".
Según dice, si llegan a fijarse de nuevo visitas tendrá que ser una cifra "muy reducida", sujeta a umbrales objetivos de alarma y riesgo, supervisada por un sistema de monitorización y supeditada a un control sistemático y permanente del estado de la cueva.
En cualquier caso, también ha recalcado que una cifra demasiado reducida de visitas sería complicada de gestionar, pero no ha concretado cuál sería ese número.
"Por debajo de no sé qué cifra mínima, sería imposible gestionar razonable y adecuadamente una expectativa de acceso tan limitada a la cueva", ha comentado.
Para Lasheras, lo "deseable" sería evitar el cierre absoluto, pero ha reconocido que "es una opción posible y probable".
De momento ha señalado que no hay ninguna decisión que suponga "renunciar" al acceso a la cueva. "El cierre actual sigue siendo temporal mientras no se acuerde lo contrario", ha enfatizado Lasheras.
De todas maneras, también ha señalado que el cierre total de la cueva tampoco garantiza totalmente la conservación, porque está expuesta a otros riesgos naturales para las pinturas y también de derrumbes, porque en términos geológicos la cueva está "en fase terminal", "de colapso" y le quedan "unos pocos miles de años de vida".