Castañeda leyó un pregón preñado de literatura, añoranzas personales y un rígido análisis de la situación de España y Cantabria. / Javier Rosendo
Ignacio Diego: «Cantabria saldrá adelante por nuevos caminos»
El presidente regional dedicó el grueso de su intervención a la semblanza de Manuel Ángel Castañeda, para quien no escatimó elogios, aunque aprovechó la ocasión para lanzar un mensaje de optimismo: «la autonomía está en reorganización pero de ninguna manera en cuestión. Cantabria saldrá adelante por nuevos caminos y con nuevos fundamentos, porque todo aquello que compartimos y nos une como ciudadanos seguirá vivo, alimentado y con un más que digno porvenir». Diego señaló que «a esta tarea estamos convocados todos los cántabros» y destacó que «las voces de los intelectuales y de los profesionales, como Castañeda, son necesarias e incluso exigibles (...) en una etapa de dificultad que requiere nuevas orientaciones y perspectivas».
«Existe el riesgo de que el incremento del paro, la pérdida de poder adquisitivo, los recortes en los servicios sociales y la falta de esperanza en un futuro mejor sean el sustrato ideal para conducir a España hacia un gobierno de salvapatrias y aventureristas, que terminen por minar la democracia y destruir las garantías personales y la libertad de expresión, conduciendo a un sistema rayano en la dictadura con propuestas populistas que nos conduzcan al oscurantismo de un gobierno neofascista o de tinte peronista».
Esta severa «preocupación» fue la base de la advertencia realizada ayer por el periodista Manuel Ángel Castañeda en la lectura del pregón, prolegómeno del Día de Cantabria, que dictó en Cabezón de la Sal. El tradicional acto fue presidido por Ignacio Diego y la alcaldesa de esta localidad, Esther Merino, y contó con la asistencia también de los consejeros de Presidencia, Leticia Díaz; Educación, Miguel Angel Serna; Medio Ambiente, Javier Rodríguez, y Obras Públicas, Francisco Rodríguez; el presidente del Parlamento, José Antonio Cagigas, y el delegado del Gobierno, Samuel Ruiz, entre otros.
Antes de dar paso al acto institucional, las autoridades asistieron a la proclamación de la Reina del Día de Cantabria, Ingrid Jorrín, y de sus damas de honor, para después trasladarse a pie desde el Ayuntamiento al parque municipal ‘Conde de San Diego’, donde tuvo lugar la ceremonia. Tras la intervención de la alcaldesa y del presidente regional, subió a la tribuna Manuel Angel Castañeda, director del Aula de Cultura de EL DIARIO MONTAÑÉS y vicepresidente del Ateneo, quien leyó un pregón contundente, recio y con una visión pegada a la realidad que solamente podía poner en valor un periodista de su talla. Como contrapunto ofreció una visión optimista en el futuro «para una crisis de la que los cántabros, y el resto de los españoles, nos recuperaremos con sentido común y nuestra vieja sabiduría: trabajo, esfuerzo, sacrificio, austeridad, ahorro y capacidad de emprendimiento».
Ahondando en su advertencia de la deriva negativa que los efectos sociales de la crisis puede acarrear, dijo que «lleva en su seno un problema que, en mi opinión, es mucho más preocupante: el descrédito de los políticos, y por derivación, de la democracia, haciéndoles los chivos expiatorios de nuestra situación». No ahorró la cuota de responsabilidad de los políticos, pero les tendió un puente al afirmar que «si bien es cierto que en muchos casos han sido los representantes del pueblo quienes con su mala praxis han cimentado ese ambiente contra ellos mismos, hay que tener presente que no es lícito generalizar y mucho menos demonizar a eso que hemos convenido en llamar ‘clase política’». Abogó, no obstante, y aconsejó, que «el legislador endurezca las penas contra los políticos corruptos y también para que algunas decisiones que han supuesto serias pérdidas al erario público se tipifiquen como delictivas».
En su amplia visión sobre la situación social y política de España y Cantabria, entró de lleno en la actual polémica sobre la existencia de las autonomías, señalándolas como un ingrediente más que nace de la crisis, «con opciones tan radicales como suprimir las comunidades autónomas. Creo que es el momento de hablar de un Estado autonómico sensato, de un embridamiento de los excesos cometidos y de descartar el modelo competitivo entre los entes autonómicos».
El fin del Estado protector
Castañeda analizó las causas del mal que nos afecta e hizo una reflexión sobre la responsabilidad, por dejación, que en ello han tenido los propios ciudadanos: «Ha existido un proceso inductor para que las personas declinen sus propias responsabilidades y las deleguen en un Estado protector que se ocupará de su formación, de su salud, de su vejez, de su trabajo... en suma de toda su vida». Y añadió: «hemos trabajado para aletargar a las personas con el señuelo de un Estado que será quien acuda en nuestro auxilio cuando necesitemos cualquier cosa. Ahora comenzamos a ver que tan sólo era un sueño y el despertar resulta desagradable y traumático».