
Las últimas hermanas en Santander. / Sane
"Despedimos a estas franciscanas con dolor y amor, porque el corazón sangra por donde ama. Os damos de corazón las gracias y os rendimos homenaje de gratitud al cerrarse la última página del libro que se abrió en 1881, cuando la congregación llegó a Santander". Así se ha despedido hoy el obispo, Vicente Jiménez, de la congregación de la Divina Pastora que abandona definitivamente la capital de Cantabria.
Seis monjas quedaban aún en la casa de la calle Moctezuma, ahora destinadas a Laredo, Logroño y León: Las monjas abandonan el barrio en el que han trabajado durante décadas, primero atendiendo a los heridos de la explosión del vapor Cabo Machichaco (1893), después en el colegio y desde que en el año 2006 se cerró el centro escolar en las obras sociales parroquiales y con prostitutas.
A la celebración ha asistido la madre provincial Hilaria Ramos Santos. La misa de acción de gracias y despedida se desarrolló en la parroquia de Santa Lucía, cuyo párroco es José Olano. Las monjas, como ha dicho la superiora de la Casa de Santander, Inmaculada Márquez Vázquez, "hubieran querido una despedidas en la sencillez", como es su vida. Pero este domingo, la iglesia de Santa Lucía se llenó para decir adiós a las monjas. Como dijo una feligresa desde el púlpito al iniciarse el servicio: "Adiós ‘pastoras’. Adiós y gracias".
En medio de la solemnidad y del cariño, Santander ha dicho así adió a las hermanas de la Divina Pastora, que llegaron a la la ciudad en 1881 para dedicarse a la enseñanza.
Se van «con tristeza, porque son muchos años de trabajo en esta zona de Santander. Nos duele dejar este centro porque es muy querido para la congregación, pero somos hijas de obediencia», ha dicho la superiora Inmaculada Marqués, de 78 años. Así que se van, obedeciendo a la jerarquía de la orden. Se van también porque «ya somos mayores, somos menos y hay trabajo en otros lugares».
Inmaculada, que lleva en Santander doce años, marcha destinada a la casa que laDivina Pastora tiene en Laredo, "un albergue de peregrinos". En esta localidad también dan atención a las parroquias.
La orden tiene otro centro en San Felices de Buelna "donde nos dedicamos a la evangelización en parroquias y atención a los enfermos". El resto de monjas que aún quedan en Santander después del cierre del colegio marchan a Logroño (Adelina Chalesquer) y a León. En esta ciudad y su provincia trabajarán desde los próximos días Cristina Arribas,Lorenza Nicolás,Cándida Serrano y Sofía Santiago. Ellas son las últimas de la congregación en Santander y "desde que cerró el colegio nos hemos dedicado de lleno a los enfermos, a la catequesis, a la ayuda al párroco de Santa Lucía y trabajar con Manos Unidas y Cáritas y a atender a las señoras de la calle", dice la superiora. A las prostitutas les han dado clases de "cultura general", con el interés de mejorar su vida y sacarlas de la calle.
Un siglo con la ciudad
Las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor primero se instalaron en San Román de la Llanilla y luego en la calle Méndez Núñez. Tras la tragedia del Cabo Machichaco las religiosas se trasladaron a la calle Santa Lucía para auxiliar a los numerosos damnificados, según explica el Obispado en una nota de prensa.
Hace seis años, las religiosas de la Divina Pastora, como son conocidas popularmente, cerraron el colegio de la calle Moctezuma ante la falta de alumnos, pero han seguido con su labor pastoral prestando colaboración a los fieles de la Parroquia.
Durante estos últimos años han prestado servicios en la Diócesis mediante su apoyo a programas de Cáritas en el área de la inmigración, sanidad, prostitución, catequesis, liturgia y con Manos Unidas de Cantabria .
Una de sus colaboraciones más relevantes fue en el programa ‘Calor y Descanso’, al proporcionar un local a Cáritas con el fin de que en los meses de invierno, los inmigrantes o transeúntes sin recursos pudieran pernoctar bajo techo durante la noche en el local que sirvió de colegio en la calle Moctezuma.
La congregación de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor fue fundada por María Ana Mogas Fontcuberta, beatificada en 1996 y actualmente en proceso de canonización.