Santander, 27 ago (EFE).- Las científicas españolas tienen 2,5
menos probabilidades de ser promocionadas hasta alcanzar el grado
más alto en sus carreras que sus compañeros varones y si además son
madres con hijos pequeños, la ventaja de los hombres se multiplica
por cuatro, aunque los méritos sean los mismos.
Esos son los primeros resultados del Libro Blanco sobre la
situación de las mujeres en el sistema español de ciencia y
tecnología, cuyas conclusiones definitivas se darán a conocer en
unos meses.
Los datos han sido avanzados hoy, en la Universidad Internacional
Menéndez Pelayo, por la responsable de la Unidad de Igualdad del
Ministerio de Ciencia y Tecnología, Inés Sánchez de Madariaga, quien
ha participado en un encuentro sobre la igualdad en la universidad
española.
Según Sánchez de Madariaga, si se proyectan esos resultados, la
paridad en los niveles más altos de la carrera científica no se
alcanzará en España hasta dentro de más de un siglo, en 2120.
De seguir al ritmo actual, ese es el tiempo que tardaría el país
en cumplir con el objetivo de la Unión Europea de que la mitad de
todas los responsables de la ciencia, en todos las disciplinas, sean
mujeres en 2030.
"No estamos promocionando a las mujeres y eso es un despilfarro
de los recursos y un perjuicio para la calidad de la ciencia que el
país no puede permitirse", ha subrayado Sánchez de Madariaga, en
rueda de prensa.
Según la responsable de la Unidad de Igualdad del Ministerio, es
cierto que se ha avanzado mucho en los últimos años pero la
proporción de mujeres en el nivel superior de la carrera científica
es del 15 por ciento, frente al 85 de sus compañeros varones.
Y eso se produce además cuando el 60 por ciento de las mujeres
sale de la universidad con mejores expedientes que los hombres, ha
apostillado.
En su opinión, esa discriminación de la mujer en la ciencia
obedece a factores "estructurales" como unos mecanismos de
evaluación para el acceso a los puestos superiores que "parecen
objetivos pero no lo son tanto" .
También las mujeres muchas veces deciden no competir por esos
puestos porque saben de antemano que no van a conseguirlos, ha
reconocido Sánchez de Madariaga, quien ha opinado que la imagen
esteoriotipada que se tiene de los científicos como "hombres
desgreñados y con la bata llena de lamparones" no contribuye
precisamente a despertar vocaciones entre las más jóvenes.
La discriminación en la cátedra y el laboratorio tiene además
efectos en la calle y especialmente en la calidad de vida de la
población femenina porque en la investigación que después se aplica
al día a día no se tiene en cuenta la perspectiva de género.
Las muestras pueden encontrarse en muchos campos, desde la
medicina hasta el transporte. Por ejemplo, la endometriosis, una
patología dolorosa e incapacitante que sufren 14 millones de
europeas, no ha entrado en el catálogo de enfermedades hasta hace
cinco años.
Sánchez de Madariaga ha recurrido a las estadísticas para dar una
explicación: En España no hay ni una sola catedrática de
Ginecología, ni tampoco de Pediatría.
El Libro Blanco incluirá la "radiografía" de la situación de las
mujeres científicas, que es el trabajo que ya ha concluido, y una
serie de recomendaciones que serán redactadas en los próximos meses.
La Ley de la Ciencia, que empezará a tramitarse en el Parlamento
en septiembre, ya incluye medidas para promocionar la meritocracia,
como la paridad en las comisiones de evaluación, incorporar el
género como categoría transversal y la obligatoriedad de que todos
los organismos científicos tengan planes de igualdad.
También el texto recogerá una medida novedosa: "cegar" los
currículos para que nadie sepa si el candidato es hombre o mujer
cuando sea factible, aunque, según Sánchez de Madariaga, eso sólo
será posible en un pequeño porcentaje de casos.
En el Centro Superior de Investigaciones Científicas ya han
conseguido algunos avances, según la presidenta de su comisión de
igualdad, Pilar López Sánchez. La proporción de mujeres en los
tribunales de evaluación ha llegado al 48,8 por ciento y en los
últimos nueve años la proporción de profesoras de investigación ha
pasado del 13,6 al 23,5 por ciento. EFE-Cantabria