Santander, 20 mar (EFE).- Un hombre acusado por la Fiscalía de Cantabria de explotación sexual de mujeres en un club de alterne de Rumoroso ha asegurado hoy durante el juicio que él solo era el portero del local y no el encargado y que tenía prohibido entrar y hablar con las chicas.

Este hombre ha sido juzgado esta mañana en la Audiencia de Cantabria por un delito contra los derechos de los extranjeros por el que la Fiscalía pide que sea condenado a siete meses de cárcel, al aplicarla la atenuante de dilaciones indebidas, ya que fue detenido en 2006.

La Fiscalía sostiene que el acusado era el portero y encargado de este club, donde ejercían la prostitución mujeres extranjeras en situación irregular en España para pagar una deuda por los gastos del viaje contraída con su propietario, condenado en mayo de 2016 por la misma causa.

El 26 de abril de 2016, la policía judicial de la Guardia Civil realizó un control de extranjería en el local e identificó a cuatro mujeres brasileñas en situación irregular en España que manifestaron prostituirse voluntariamente.

Un subteniente de la Guardia Civil que participó en la operación ha contado esta mañana en el juicio que cuando fueron identificadas las mujeres, algunas de ellas con orden de expulsión de España, relataron que cobraban por "yacer" con los clientes y por ser invitadas a copas y que solo se quedaban con parte del dinero que ganaban.

El agente ha relatado que cuando llegaron al club y preguntaron por el encargado, se personó el acusado.

Este guardia civil es el único de los seis testigos citados que ha comparecido en el juicio, donde el acusado, de nacionalidad rumana, ha negado los hechos y ha asegurado que esa noche estaba en el club reemplazando a un portero de libranza, porque a veces le llamaban para hacer sustituciones, aunque habitualmente él trabajaba en otro local de alterne.

Según su relato, él siempre se quedaba en la portería, donde tenía que asegurarse de que no entrara "gente borracha", pero tenía prohibido entrar dentro y hablar con las chicas.

Tampoco tenía nada que ver ni con el dinero que se recaudaba ni con la caja, ha afirmado el acusado, quien ha subrayado que, tras su detención en 2006, ha cambiado su vida y ahora tiene un "trabajo normal" y un hijo. "Quiero una vida normal", ha dicho.

Su abogado ha pedido la absolución porque, según ha dicho, no hay prueba de cargo contra él suficiente para desvirtuar la presunción de inocencia.