Cabezón de la Sal, 20 may (EFE).- Un año más, y ya van once, Cabezón de la Sal acoge una de las pruebas populares de resistencia más importantes de España, Los 10.000 de El Soplao, que se ha ido consolidando año tras año hasta alcanzar literalmente los 10.500 inscritos.

Lo que comenzó como una prueba de BTT (bici de montaña), en la que participaron 420 personas y tan solo terminaron 160, ha ido consolidándose y evolucionando año tras año e incorporando nuevas modalidades deportivas.

En esa primera edición, a la dureza del recorrido se unió una meteorología tan adversa que le dio a la prueba, denominada "el infierno cántabro", todavía un punto más de épica, lo que sin duda es un atractivo más para los amantes de este tipo de actividades e hizo que su difusión se multiplicara.

Como explica a EFE el director de la prueba, Jesús Maestegui, "en los 10.000 de El Soplao hay un reto para cada persona", pues los participantes pueden elegir entre pruebas de bici de montaña o carretera, natación, duatlón, triatlón (Soplaoman), maratón, ultramaratón, ruta a pie e, incluso, una ruta adaptada para mayores y personas con problemas de movilidad.

"Desde un niño de 4 años a una persona de 80 tiene en El Soplao su reto", reitera Maestegui, que señala que una de las peculiaridades de la prueba es que en todas las modalidades, todos salen al mismo tiempo y llegan al mismo sitio, Cabezón de la Sal, "lo mismo una persona que va a hacer 117 kilómetros que el que va en silla de ruedas".

La única prueba que se hace otro día, el 3 de junio, es la de bici en carretera "porque organizativamente es muy complicada la llegada", por seguridad, con personas entrando corriendo o andando al mismo tiempo.

Otra de las características que destaca Maestegui para definirla como una prueba "diferente" son los parajes por los que discurre y, sobre todo, que "ha calado mucho en la gente de la zona, que se ha volcado en la atención de los participantes desde el principio".

Así, el director de Los 10.000 de El Soplao recuerda una anécdota de una participante en la primera edición que alcanzó la meta a las 12 de la noche abrigada con "una chaqueta de lana que le habían dejado en un pueblo".

"La gente que viene a la prueba lo pasa mal, pero se siente muy cuidada, y es lo que hace que vuelvan incluso con la familia", explica Jesús Maestegui.

Este es otro aspecto que resaltan desde la organización, en la que participan alrededor de 600 personas, el carácter familiar de la prueba. "Al final quien viene a participar en El Soplao implica a toda la familia, porque hay que estar todo el año preparándolo y lógicamente tampoco se quieren perder el día de la prueba".

Esto supone un gran impacto turístico y económico para toda la comarca del Saja, que se ve potenciado por el hecho de que la organización, al realizar el estudio de los recorridos, intenta que atraviesen los diferentes pueblos de la zona.

De hecho, la ocupación hotelera y en casas rurales para el fin de semana es del cien por cien.

Aunque como matiza Jesús Maestegui, la principal motivación a la hora de cerrar los diferentes recorridos es que los servicios médicos y avituallamientos "se puedan mover con facilidad para poder atender a toda esta gente".

"Lo que más nos preocupa es la Seguridad, esto es una fiesta y termina bien cuando todo el mundo ha llegado con el menor número de percances posibles", añade el director de la prueba.

En esta edición, la prueba -que comenzó ayer- ha visto superadas sus expectativas, no sólo con inscritos desde todas y cada una de las provincias españolas, sino también con un importante número de participantes extranjeros.

Así, el 70 % de los inscritos procede de fuera de Cantabria, casi 20 deportistas llegarán del Reino Unido, 10 lo harán desde Portugal, 8 desde Alemania, 7 desde Francia o 5 desde Suiza.

En el caso de los españoles, además de Cantabria, que aporta casi 3.300 deportistas, Madrid (1.400), Castilla León (1.200) País Vasco (965) y Galicia (598) son las comunidades más representadas.

Una vez alcanzada la cifra de más de 10.000 participantes, la organización se está planteando realizar otras pruebas, pero al margen de Los 10.000, ya que considera que sería "perder calidad y, sobre, todo seguridad".

"Tenemos una cifra que nos pusimos el primer año que parecía imposible y es la cifra ideal. El límite es lo que tenemos y ampliar a más sería perder el espíritu de la prueba", recalca su director.