El final de una era en El Corte Inglés

Isidoro Álvarez.
Isidoro Álvarez. / Archivo
  • El fallecimiento del gran patriarca, Isidoro Álvarez, acelera el proceso de modernización emprendido por los grandes almacenes

El 14 de septiembre, El Corte Inglés emitía un escueto comunicado de prensa en el que comunicaba el fallecimiento de su presidente, Isidoro Álvarez. Asturiano de 79 años, el empresario había sido ingresado cuatro días antes un hospital madrileño a causa de una insuficiencia respiratoria que finalmente no pudo superar. La muerte de Álvarez dejaba a los grandes almacenes huérfanos de su gran patriarca. La figura en torno a la que, desde hace 25 años -cuando tomó el mando tras el fallecimiento del fundador Ramón Areces- gravitaban las esencias de un gigante de la distribución con alma de comercio familiar.

Lo hacía además en un momento crucial para la compañía, inmersa en un proceso de modernización de su estructura empresarial y reorientación del modelo de negocio. Meses atrás, el transatlántico de la distribución comercial había comenzado a realizar una serie de movimientos destinados a sanear sus finanzas y adaptar la estrategia operativa a los tiempos que corren. Por ejemplo, el acuerdo alcanzado con varios bancos para refinanciar su deuda, o la venta al Santander del 51% de su financiera.

En ese mismo marco modernizador se inscribía la emisión de bonos -la primera de su historia- por valor de 600 millones de euros. Y el fichaje, a comienzos de julio, de Manuel Pizarro como adjunto a la presidencia y asesor en temas financieros. Posteriormente entraría a formar parte del consejo de administración de la empresa. A Pizarro se le había encomendado además otra tarea, la de internacionalizar un grupo que apenas había asomado la cabeza fuera de la Península.

Vientos de cambio para una firma legendaria que dos días después de la muerte de Álvarez pasaba a pilotar su joven sobrino (39 años) Dimas Gimeno, fiel heredero de la estirpe familiar. La tradición -el hecho de que el cetro de poder siempre había pasado de tío a sobrino- le colocaba en la primera posición de la parrilla de salida para suceder a su tío. También puntuaba, por supuesto, su amplia trayectoria de casi dos décadas en la casa.

Gimeno ha sido elegido para gestionar un imperio comercial levantado en la primera mitad del pasado siglo por Ramón Areces. Su sobrino, Isidoro Álvarez, daría el impulso definitivo a un negocio tradicional de distribución que acabaría diversificándose a través de hipermercados, agencias de viaje, compañías de seguros e incluso servicios tecnológicos.

Pese a contar con el inestimable magisterio de su tío, Álvarez respondía al arquetipo de ‘self made man’. Nacido en la aldea asturiana de Borondes (Asturias), el pequeño Isidoro dedicó su infancia a ayudar en las tareas agrarias de la familia. El instinto comercial le nacería en aquellas ocasiones en las que acompañaba a su padre a vender los productos agrícolas en el mercado. Al final de su adolescencia, Álvarez emigraría a Madrid para echar una mano en el comercio familiar -que ya iba viento en popa- al tiempo que estudiaba y finalizaba con éxito los estudios de Economía y Ciencias Empresariales. En 1953, con sólo 22 años, asumía por primera vez un cargo directivo en El Corte Inglés. Y el resto es historia, la historia de un éxito.