"Hay un ruido insoportable las 24 horas, duele la cabeza y da calambre"

Un vecino de Fuente Las Varas señala la subestación eléctrica que ha entrado en funcionamiento cerca de sus casas.
Un vecino de Fuente Las Varas señala la subestación eléctrica que ha entrado en funcionamiento cerca de sus casas. / E. T.
  • Vecinos de Fuente Las Varas y Ecologistas en Acción promueven una denuncia por "impactos e irregularidades" de la subestación eléctrica de Solórzano

«Hay un ruido insoportable las 24 horas, te duele la cabeza y da calambre», explica de forma gráfica Miguel López, uno de los vecinos de Fuente Las Varas (Solórzano) que se sienten afectados por la puesta en marcha, hace poco más de dos meses, de una subestación eléctrica cerca de sus casas con una potencia de 400 kilovoltios (kV). La construcción de esa instalación eléctrica fue autorizada en 2013 por la Dirección General de Política Energética para «reforzar la seguridad del suministro en la zona oriental de la región», y a ello se sumó la autorización para tender la línea de alta tensión que atraviesa uno de los parajes más bellos de la región y conecta con la línea Penagos-Abanto. Los vecinos, apoyados por Ecologistas en Acción, tramitan una denuncia por las «irregularidades y los impactos» en el funcionamiento de la subestación.

Miguel López hace ya más de dos meses que no ve a las manadas de buitres posarse en la peña donde está su cabaña, e interpreta que es por el zumbido constante que, día y noche, atormenta a los vecinos del pequeño núcleo de viviendas en Fuente Las Varas, en el límite con el municipio de Ruesga.

«¿Lo escuchas, no?», pregunta Miguel. Cuando llegas al alto de Fuente Las Varas lo primero que llama la atención es la belleza del paisaje enclavado a una altitud de 450 metros. En el ascenso por la carretera desde Riaño se observa cómo las torres eléctricas que unen Solórzano con Penagos han segado para siempre la instantánea del valle en pro «del interés público», dice el proyecto. A lo lejos, en la cima de Fuente Las Varas, se divisa la gigante instalación eléctrica. Y desde unos 400 o 500 metros antes de llegar a la subestación ya se la escucha y se siente, como denuncian los afectados.

Miguel asegura que también «da calambre», pues algunos vecinos de los terrenos colindantes han sentido sus sacudidas cuando manipulaban algún instrumento metálico como una varilla en sus inmediaciones. Fenómenos electromagnéticos a los que se ha sumado la explosión de fluorescentes en alguna de las viviendas próximas.

«Yo vivo amargado», afirma este vecino que relata sus constantes dolores de cabeza y los de sus vecinos que atribuye al zumbido constante, que se hace mas intenso por las noches y que también afecta a los animales domésticos y a los salvajes.

Denuncias y quejas

Los vecinos que viven en los alrededores de esa subestación han conseguido reunir un centenar de firmas que han presentado en el Ayuntamiento, en la Dirección General de Medio Ambiente y también en Industria. Desde el Consistorio se explica a este periódico que han recibido las quejas y las han remitido a esos organismos y que, además, están tratando de ponerse en contacto con Red Eléctrica Española para que minimice los impactos.

Los vecinos también han dirigido por escrito a ese operador eléctrico, que «está dilatando su respuesta –dicen– con evasivas». El grupo Ecologistas en Acción ha dado un paso más y va a presentar denuncia ante varios organismos, entre ellos la Fiscalía de Medio Ambiente y la Comisión de Peticiones y la Dirección General de Medio Ambiente de la Unión Europea. La demanda, según explica su portavoz, Emilio Carrera, está basada en las «irregularidades» detectadas en la construcción y puesta en marcha de la subestación eléctrica y en que, según ellos, se salta los parámetros de varias leyes ambientales.

Destacan entre las anomalías de funcionamiento detectadas «la contaminación acústica y lumínica» y los «graves errores de diseño y de localización», además de la carencia de un riguroso estudio de impacto ambiental, de la falta de control y seguimiento con mediciones adecuadas de los ruidos y los fenómenos de alteraciones electromagnéticas, así como «del posible efecto rebote y el fuerte eco de los sonidos emitidos por las condiciones geomorfológicas del lugar», resumen en su escrito.

Según explican, estos impactos se extienden también al ganado y la fauna silvestre en unos terrenos –los de la propia subestación y su entorno– catalogados en el planeamiento municipal como rústicos de especial protección agropecuaria y como monte público con especial protección forestal. Una relevancia, señalan en su denuncia, que «ha sido ignorada».