"Esta es una parroquia extraordinaria y viva"

José Luis Benito.
José Luis Benito. / Elena Tresgallo
  • José Luis Benito, párroco de Valdecilla, ha celebrado sus bodas de oro sacerdotales rodeado de sus feligreses

José Luis Benito Benito es el párroco de Valdecilla y el pasado día 7 cumplió sus bodas de oro sacerdotales en el templo de Santa María de Cudeyo. Lo hizo rodeado de feligreses agradecidos por la labor y entrega de un hombre, que ha sido su pastor durante los últimos 16 años. Un hombre que los que lo conocen dicen de su carácter "afable y caritativo", que mantiene con ayuda de sus colaboradores una de las parroquias más activas de Cantabria. Nació en Helguera de Reocín y se ordenó sacerdote en 1967. José Luis Benito ha sido el pastor espiritual también de las parroquias de Quijas, Barcenaciones y Polanco. En la actualidad tiene 75 años y lleva las de Valdecilla y Hermosa.

¿Qué se le pasó por la cabeza, cuando el pasado domingo recibió el homenaje de sus feligreses?

Pues muy agradecido, porque la celebración ha partido del propio pueblo, mediante una comisión de fieles que se enteraron de que se iba acercando la fecha de las bodas de oro. Fue un acto muy sencillo pero también muy entrañable en torno a la celebración de una Eucaristía, en la que se ha concentrado toda la feligresía de las cuatro comunidades que conforman esta parroquia. También otros fieles de las parroquias por las que he pasado.

¿Si volviera a nacer sería cura?

Sí, no tengo ninguna duda, porque esto no es una profesión que se aprende, hay algo que no depende de uno. Respondí a la llamada de Dios con gran satisfacción.

¿Cómo se ha encontrado aquí, en Valdecilla?

Para mí esta es una parroquia extraordinaria y viva, muy colaboradora y con cantidad de grupos en funcionamiento, un gran coro polifónico y una excelente participación de fieles. De Santander vienen a veces y nos dicen que qué misas más envidiables se celebran en Valdecilla, porque no es lo más habitual. Aquí se canta la misa con guitarras y participan muchos chicos jóvenes. En la parroquia tenemos, ahora, a un plantel de 20 chicos y chicas que están planteando su confirmación.

¿A qué cree que se debe tanta actividad joven en estos tiempos?

Yo creo que es un poco herencia del ayer, porque las cosas van unas detrás de otras y lo que vieron los anteriores y estaba bien, otros lo siguen. Unos vieron que se ponía un nacimiento en fiestas y decían: pues ahora lo ponemos nosotros, otros bailaban en las danzas populares (...). Aquí tenemos hasta una Cofradía de La Vera Cruz formada por unas setenta personas, tenemos a unos setenta niños en catequesis, que han venido porque sus padres les traen.

¿Para un hombre de 75 años no es esto mucho trabajo?

Hay mucha gente, sino fuera por el grupo de colaboradores que tenemos esto sería imposible. Tenemos un buen plantel de catequistas y personas que ayudan.

¿Dónde le gustaría acabar su vida sacerdotal?

Aquí, de todas formas no tengo muchas posibilidades de ir a otro sitio por la edad. Estoy aquí encantado de la vida y muy contento.

¿Cómo ha visto la evolución de la Iglesia estos años?

He vivido la transición, lo que supone el paso de una Iglesia anclada en el pasado, a una iglesia que abre las ventanas al mundo actual. Le di la bienvenida al aire nuevo que nos trajo el posconcilio, que a a algunos les inquietó mucho, pero que otros recibimos con grandes ilusiones. En el aspecto social, hemos vivido el paso de una sociedad de una dictadura a otra que está en democracia. Algunos hemos conocido lo que es acompañar a los feligreses en las cárceles por escribir desde su libertad y ahora, gracias a Dios, ese problema no se lo plantea nadie. Recuerdo salir de mi primera parroquia y venir a darme las gracias gente que no había pasado por misa y decirme: siempre estuviste con todos. Y es que yo siempre he procurado ser respetuoso con todos los pensamientos, pero sobre todo a mí me tocaba anunciar a Jesucristo resucitado y eso es lo que Dios me regaló.

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