"De aquí a diez años, quedarán pocas granjas"

José María Serna
José María Serna / Javier Rosendo
  • El campurriano José María Serna, habla sobre cómo logró el récord Guiness de ordeño, de sus apariciones en la televisión y de la complicada situación que viven los ganaderos

José María Serna es, seguramente, el ganadero más famoso de Cantabria. Lleva en los platós de televisión ya varios años, siempre con sus vacas y tiene el récord Guiness de ordeño

–Ordeñar forma parte de su trabajo...

–Desde los catorce años, en que dejé el colegio, me dedico al ganado. Mi padre tenía vacas de leche y a los 21 años me casé y seguí con las vacas. Mi padre se jubiló y me quedé con parte de sus animales, la cuadra y demás. En 1994 hice una nave y hasta el día de hoy. Ahora tengo dos hijos que continúan con la actividad. Esto es algo innato.

–Porque esto tiene que gustar ¿no?

–Si no, en este sector no aguantas. Porque nos levantamos a las seis y media de la mañana y a lo mejor a las once de la noche se pone una vaca de parto y tienes que dejar de cenar para ir a atenderla. Imagínate. Si no te gusta, alguna satisfacción te da, pero es más trabajo.

–Satisfacciones como ganar el Récord Guiness de ordeño

–Por ejemplo. Yo he hecho muchas cosas en mi vida gracias a las vacas.

–¿Qué cosas?

–He estado en televisión. Fui al programa ‘Qué apostamos’ y reconocí a 50 vacas viéndoles solo las tetas. Fue la primera vez que fui a la televisión.

–¿Por qué decidió hacer de su trabajo un espectáculo?

–Tiene que gustarte lo que haces e intentar darlo a conocer. Si estás en tu casa, nadie sabe lo que haces. Una parte de la sociedad piensa que los ganaderos somos quizá incultos o que no sabemos movernos por el mundo, pero no es así. Al final somos una empresa y un ganadero tiene que saber de veterinaria, de mecánica, de economía, del tiempo... Son innumerables las cosas que tenemos que hacer.

–¿Cómo es la situación que viven ahora los ganaderos con el precio de la leche tan bajo y la falta de subvenciones

–Eso es de vergüenza, pero estamos ahí porque ya en su día lo asumimos y, una vez te metes en este negocio, tampoco puedes dar marcha atrás, porque una ganadería no se deshace de hoy para mañana.

–¿Hay solución?

–Tal y como yo lo veo, España es deficitaria en este sentido. Aquí la leche debería de costar más que en cualquier sitio de Europa. Francia u Holanda son excedentarios (producen más de lo que consumen) y resulta que en estos momento cobra más por la leche un ganadero francés que uno español. Esto sucede porque nadie ha mirado por nosotros y mucho menos por el sector de leche. De aquí a diez años no hay relevo generacional y creo que quedarán muy pocas granjas en España. Nos mandarán leche de Europa o de Estados Unidos y la leche será un artículo de lujo. ¿Ves a algún político que se moleste en hacer algo por nosotros? Más bien todo lo contrario. Y mientras, nosotros intentando hacer buena genética y mejorando las campañas con sementales y fecundación in vitro.

–La parte buena es que logra batir records

–El record lo marqué en Madrid en 2009, cuando ordeñé 35,5 litros en treinta minutos. En otras condiciones se puede sacar más, pero aquella vez llevamos cuatro vacas a Madrid, las preparamos y las metimos a un plató de televisión con muchas luces y mucha gente. Las amarras allí y te pones a ordeñarlas. Que ellas estén tranquilas y sean capaces de dar esa leche y tú de manejarlas es lo que se valora.

–¿Le criticaron por llevarlas a la tele?

–No. Todo el mundo tuvo un trato exquisito con los animales. Me lo propusieron y no pensaba ir. Busqué a otros ganaderos, pero nadie quería, así que finalmente me comprometí a hacerlo. Nadie ha batido el récord, pero quien quiera puede batirme. Mientras nadie lo haga, la marca es mía.

–Con la crisis, ¿se está volviendo al 'quehacer' tradicional?

–Quizá sí, pero con un afán meramente económico, es decir, ves a jóvenes que se incorporan, pero porque no tienen otra salida. Estoy encantado de que un ganadero se incorpore, pero no de manera obligada y porque no tenga otro medio. Alguien que lo haga, tiene que estar convencido.

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