Las campanas de Carlos Osoro

A la izquierda, Carlos Javier López, actual alcalde, y su padre, Miguel López, expedáneo de Rocamundo y uno de los protagonistas de la historia de la iglesia de San Andrés,
A la izquierda, Carlos Javier López, actual alcalde, y su padre, Miguel López, expedáneo de Rocamundo y uno de los protagonistas de la historia de la iglesia de San Andrés, / J. L. Sardina
  • El templo de Rocamundo, un polvorín durante la Guerra Civil, fue rehabilitado en 1962 gracias al esfuerzo de los vecinos, a las subvenciones del Estado y a la intervención del ahora cardenal

Han pasado 55 años de la inauguración de las obras de reconstrucción del templo de San Andrés de Rocamundo, en Valderredible, aunque las obras comenzaron veinte años antes. El templo fue un polvorín durante la Guerra Civil y, a su finalización, el edificio quedó destruido. En su reconstrucción se emplearon casi 400.000 pesetas y la supervisión recayó en el actual capellán de la Casa Real, Serafín Sedano.

Así lo recuerdan algunos vecinos, de oírselo a sus padres, como su alcalde pedáneo, Carlos Javier López Saiz, hijo del que también fuese alcalde de este pueblo valluco, Miguel López. Para su reconstrucción, apunta López, los vecinos participaron "intensamente" y las obras fueron controladas por el entonces párroco de Quintanilla de An y actual capellán del Rey, Serafín Sedano, a petición del párroco de Rocamundo, Cipriano Jorrín, debido a su edad. "Don Serafín es el que sabe cuánto costó la reconstrucción y lo que trabajó el pueblo por levantar su iglesia, pues el apuntaba todo en su cuaderno", aseguran los vecinos mayores de Rocamundo; "desde los viajes que se hacían a por piedra, así como los ingresos y gastos".

María y Andrea

Las obras de reconstrucción de la iglesia se inauguraron en el año 1962, con la presencia del entonces Obispo de Santander, Eugenio Beitia Aldazábal. "Teníamos ya iglesia, pero carecíamos de campanas", afirma Miguel López. Muchos años más tarde, se registraron todos los edificios del pueblo y el Obispado vendió la casa rectoral con una huerta, lo que me animó, apunta López, a desplazarme a Santander "a pedir ayuda para comprar las campanas del templo".

"Fue Carlos Osoro, el actual cardenal, quien me recibió, pues era el secretario del Obispo. Después de escucharme me dijo que miraría a ver qué se podía hacer", explica López. "Fue toda una sorpresa cuando unos meses más tarde llegó un camión al pueblo; con ‘María’ y ‘Andrea’, pues así se llaman las campanas fabricadas ese año, 1986". ‘María’ lleva, además del año grabado, el nombre de Ángel Bocos Martínez, párroco por esas fechas de Rocamundo, y ‘Andrea’, el de Miguel López, alcalde pedáneo.

"Los vecinos también estamos muy agradecidos a una vecina de este pueblo, Gloria García, que falleció en Barcelona y donó tres millones de pesetas, que permitirían años después de la rehabilitación, coincidiendo con la ubicación de las campanas, arreglar el tejado de la iglesia, que estaba en malas condiciones".

Las cuentas de Sedano

"Yo solamente colaboré a petición del párroco, que, además, era arcipreste de Valderredible. Cipriano Jorrín, que así se llamaba, me pidió que le ayudara, pues tenía una edad avanzada. Él fue el verdadero artífice de la obra y yo sólo le ayudé", apunta Serafín Sedano, capellán de la Casa Real, que no duda en destacar el "gran esfuerzo" que realizaron los vecinos de Rocamundo.

Las obras costaron 392. 606 pesetas y quedó un déficit de 90.356 pesetas, explica Sedano. Las subvenciones llegaron del Estado. En junio del año 1943 fue la primera aportación con 100.000 pesetas y así, en cantidades más pequeñas, hasta las 220.000 que rembolsaron en agosto de 1959. En total 302.250 pesetas. "El contratista de las obras fue Damián Ruiz, de Campo de Ebro y los canteros algunos también fueron vallucos", manifiesta Sedano.

Pero en su cuaderno, el capellán del Rey, no solamente apuntó ingresos y gastos, pues también reflejó los kilómetros que los vecinos hicieron al lecho del río Ebro con sus carros de vacas para transportar las piedras, arena y grijo que se emplearon en la reconstrucción.

En total, Serafín Sedano contabilizó y, así lo tiene registrado, los 1.325 carros que se emplearon para acarrear los materiales, recorriendo una distancia global de 11.790 kilómetros. "En el informe de participación del pueblo y a la vez como testimonio del trabajo ilusionante que realicé, conservo una nota en la que consta que hice 150 viajes de moto desde Quintanilla de An hasta Rocamundo. Siempre tendré en mi recuerdo aquella participación desinteresada, pero muy compensada con el cariño del párroco y de todo el pueblo".

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