Historia de una revuelta

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/ Se Quintana

  • Esta primavera se cumplen treinta años desde que la Guardia Civil tomara las calles de Reinosa en respuesta a los sucesos ocasionados por los efectos de la reconversión industrial

Esta primavera se cumplen treinta años de los conocidos como sucesos de Reinosa, un periodo de más de un mes en el que se sucedieron los enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los reinosanos.

Los hechos se desencadenaron el 11 de marzo, cuando el expresidente del Consejo de Administración de la entonces Forjas y Aceros, hoy Sidenor, Enrique Antolín se presentó en la empresa para despedirse, ya que había sido nombrado consejero de Obras Públicas del Gobierno Vasco. Miembros del comité de empresa obligaron a Antolín a dirigirse al llamado búnker (el edificio de control de calidad de la empresa) donde le retuvieron durante toda la noche junto a algunos cargos directivos. Al día siguiente tras haber sido cortadas las líneas telefónicas de la empresa, 34 miembros de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil asaltaron el búnker para liberar a Antolín, mientras 321 guardias civiles dispersaban a los obreros concentrados a la entrada de la factoría utilizando pelotas de goma y botes de humo.

A partir de ese hecho, Reinosa vivió una auténtica batalla campal, con todos los reinosanos en pie de guerra y la ciudad tomada por la Guardia Civil. Es entonces cuando, en medio de la lucha, cientos de manifestantes arrinconan a varios Guardias Civiles en un callejón sin salida en el parque de Cupido y los desarman. Su imagen dio la vuelta al mundo y este hecho determinaría la violencia con la que se sucedió el conflicto los días y las semanas siguientes. Reinosa estaba tomada por las fuerzas del orden en una operación que muchos en la ciudad consideran como una venganza. Cada día, a las cuatro de la tarde se celebraban concentraciones en el parque de Cupido y media hora después se cortaban las vías del tren y las comunicaciones.

Los enfrentamientos violentos se sucedieron durante semanas y llegaron a su punto álgido el 16 de abril, Jueves Santo.

Durante la concentración diaria en el parque de Cupido, el tren Talgo desde la estación emitió un enorme pitido, al que sucedió el asalto de la ciudad. Cerca 1.300 Guardias Civiles ocuparon las calles de Reinosa con tanquetas y Jeeps, y sobrevolando la ciudad con helicópteros. Esto provocó seis horas de lucha en las calles, que llegó incluso a las iglesias, y que se saldó con 28 detenidos, 20 heridos, y la vida de un trabajador, Gonzalo Ruiz.

Fue la reconversión industrial la que desencadenó todos estos problemas, primero en westinghouse, actual Gamesa, pero más conocida como Cenemesa, que planteó un excedente de 160 trabajadores, el mismo número que Forjas de Cantabria. De hecho el conflicto comenzó a fraguarse el 22 de diciembre de 1986, con una huelga general a consecuencia del expediente que tenía Westinghouse sobre la mesa. Mientras, en la principal factoría de la ciudad, Forjas y Aceros, hoy Sidenor, pretendían prescindir de 436 trabajadores.

Tras las revueltas, fue retirado el expediente de Cenemesa mientras que la situación de Forjas y Aceros se solucionó con prejubilaciones.

Por esa razón, la mayor parte de las personas que protagonizaron los hechos continúan considerando que esa lucha mereció la pena, y que si no hubiera sido por aquellos hechos la ciudad habría perdido la mayor parte de su industria.

Sin embargo, muchas fueron las personas que pasaron miedo y que sufrieron los golpes y los desperfectos causados por los incidentes que no sólo estuvieron protagonizados por los trabajadores. Comerciantes, estudiantes, familias, todo Reinosa se echó a la calle durante esas semanas. Hoy, mientras muchos lo recuerdan con la amargura de revivir el miedo y la violencia de aquella época, otros prefieren olvidarlo y no hablar de ello.

Las pelotas de goma y las trincheras eran habituales, y los botes de humo, causa de la muerte de Gonzalo Ruiz, que fue atacado con tres de estos artefactos en un garaje de Matamorosa, después de lo cual y medio inconsciene, la Guardia Civil le trasladó hasta la avenida del Puente de Carlos III, frente a Banesto, dejándolo tirado en el suelo. El cinco de mayo Gonzalo fallecía en el hospital de Valdecilla.

Tres décadas han pasado desde entonces pero en Reinosa nadie olvida aquellas semanas en que la ciudad vivió en estado de sitio, con constante violencia.

Así lo recuerdan

Javier Dysart (El Diario Montañés): "Son recuerdos un poco amargos"

Javier Dysart vivió estos sucesos como trabajador afectado, de Cenemesa, y como testigo encargado de contarlos, a través de sus crónicas en El Diario Montañés. De hecho, una gran parte de las imágenes del conflicto fueron tomadas por su hijo, Carlos Díez, "la versión periodística fue muy comprometida, muy difícil y no deseable", dice. Recuerda Dysart sentirse amenazado, "recibí un golpe con la culata de un fusil". El comercio que regentaba además por aquella época se transformó en un centro de comunicaciones, "estuvieron encerrados conmigo periodistas nacionales y extranjeros e informábamos desde allí. Las fuerzas lo sabían y no dejaban de pasear por allí con las porras metálicas", cuenta. Dice que los de aquella época "son recuerdos un poco amargos. Hubo una especie de venganza hacia los reinosanos, pero consiguieron que se salvaran las fábricas".

Fernando Fuentes (Forjas y Aceros): "Reinosa era una ciuidad tomada"

Como presidente del Comité de Empresa de Forjas y Aceros, Fernando Fuente fue uno de los grandes protagonistas de los sucesos, "estuve a la cabeza no tenía otro remedio", apunta. Recuerda que durante todo el proceso intentó negociar, que llamó en varias ocasiones al entonces delegado de Gobierno, Antonio Pallarés, pero que éste no cogió las llamadas, "el problema se podría haber controlado de una forma distinta. Nuestro objetivo no era llegar a donde se llegó", explica. Para él además , "los medios de comunicación no nos ayudaron porque incitaron a restituir el honor de la Guardia Civil".

Considera por otro lado que lo ocurrido el 16 de abril, "fue algo increíble y desproporcionado. Reinosa era una ciudad tomada y daban a todo el mundo. Rompían ventanas, bienes, personas, todo. Fue exagerado".

Manuel Jorrín (Forjas y Aceros): "La lucha fue un acierto"

Para Manuel Jorrín la lucha "fue un acierto. La gente se concienció de que no era sólo un problema de trabajo, estaba en juego el futuro de Campoo". Sobre el incidente en el callejón de Cupido dice que, "en aquel momento éramos jóvenes y defendíamos lo que teníamos que defender". Recuerda que, "éramos más de mil personas, se habían unido los chavales del instituto, y había cerca de cuarenta guardias civiles que no tenían nada que hacer y yo creo que estaban engañados. Eran un cebo porque mientras eso ocurría otra patrulla atacaba por Matamorosa". Concluye el trabajador que, "había miedo por las dos partes". Sobre los acontecimientos ocurridos después afirma que, "el Gobierno se vengó. El Jueves Santo fue un desastre. Se decía que habíamos hecho barbaridades, pero en realidad no teníamos más que piedras y miedo".

Albino Merchante (Westinghouse): "Pasé muchísmo miedo"

Como trabajador de Westinghouse, Cenemesa, y miembro del comité de empresa Albino Merchante estuvo entre los trabajadores que comenzaron las movilizaciones porque, "muchos de nosotros estábamos más fuera que dentro de la fábrica". En el mes de diciembre de 1986, Albino ya se daba cuenta de que algo se estaba fraguando. Recuerda la huelga del 22 de diciembre, y el enfrentamiento con la Guardia Civil que mantuvo junto a otros compañeros en el puerto del Escudo, "cortamos la carretera y allí hubo más que palos. Nos tiraron muchas pelotas de goma e incluso destrozaron algunos de nuestros coches", comenta. Después, estuvo presente en todo lo acontecido, "pasé muchísimo miedo pero el mayor temor era perder la comarca, los trabajos". Albino agradece el respaldo de la gente, "nos sentimos apoyados al 100% por toda la comarca".