Inglés, tasas y Erasmus, las dudas de los bachilleres

Decenas de bachilleres escucharon la pasada semana las charlas sobre el funcionamiento  de la UC y los planes de estudio en la Facultad de Filosofía y Letras.
Decenas de bachilleres escucharon la pasada semana las charlas sobre el funcionamiento de la UC y los planes de estudio en la Facultad de Filosofía y Letras. / Roberto Ruiz
  • Las jornadas de puertas abiertas reúnen en Las Llamas a centenares de futuros universitarios

Los bachilleres que el año próximo engrosarán las filas de los más de 13.000 alumnos en la Universidad de Cantabria se acercan al campus en una jornada específica de puertas abiertas llenos de sueños y miedos. Los primeros tienen que ver con el cambio de vida, ese que viene derivado del salto a una época de mayor madurez, de libertad, de apertura de oportunidades y de conocimiento. Los jóvenes hablan del Erasmus, de las actividades extraacadémicas, de su necesidad de crecer en lo personal y en lo académico...

En la otra mano se habla de los precios prohibitivos de las tasas de matrícula, del imperativo de acreditar un nivel B2 de idioma para alcanzar cualquier titulación o del miedo a que los años de estudio no sirvan para alcanzar un puesto de trabajo. «A veces piensas que tienes mucho aún que descubrir sobre cómo va a ser todo esto», advierte Dayhana Roque, porque sus mentes ahora mismo son un mar de dudas.

«Mi primera idea era hacer Ingeniería Agroalimentaria; pero no se cursa en la Universidad de Cantabria y entonces no va a poder ser», lamenta la alumna del instituto San José. Por eso aprovechó la pasada semana las jornadas de puertas abiertas para bachilleres que anualmente organiza el campus cántabro para recibir a los futuros universitarios. Todos los centros de la UC organizaron charlas informativas y visitas guiadas a las aulas, bibliotecas y laboratorios. La idea es facilitar a los jóvenes la elección de cara al curso próximo.

«Sé que no tiene mucho que ver con mi primera elección, pero vengo a la charla de Derecho porque es otra titulación que siempre me ha llamado la atención. No sé, todo lo que tiene que ver con la rama de penal, es apasionante», razona Roque. Esa sería su segunda opción. A otros la suerte les sonríe al encontrar su vocación en los planes de estudios de la UC. Aunque también hay quien acota la elección a las posibilidades que se ofrecen en la institución cántabra.

Pedro Agudo y Silvia Ruiz, los dos alumnos del instituto Ricardo Bernardo (Solares), se han acercado a la Facultad de Filosofía y Letras. Él quiere estudiar Historia; ella Educación. «Creemos que hay que venir a estas reuniones porque es donde te explican en qué consisten las carreras. Qué vas a tener que estudiar, qué prácticas vas a tener que hacer», cuenta él.

«Pero también te informan sobre todo lo que puedes hacer con las actividades extraacadémicas, con la vida universitaria que hay más allá de lo que solo es estudiar», añade ella. Lo cierto es que la universidad atrae especialmente por eso. «Ya tengo ganas de irme de Erasmus. Y han dicho que cuando llegas a la universidad todo cambia. Las fiestas deben estar bastante bien también», comenta Agudo con ironía pero también con la certeza de que es un panorama en el que participará el año próximo.

Planes de futuro

Un caso diferente aflora en el grupo del mismo instituto. Carlos Gutiérrez acude a la cita en la UC pero sabe que el año próximo su matrícula no será universitaria, sino de formación profesional. «Quiero estudiar un módulo de perfil económico. Confío en los pequeños pasos. Primero quiero tener eso y luego ya accederé a la universidad», confirma con las miras muy bien puestas en el pragmatismo profesional y en el camino más seguro de cara a la obtención de un empleo en el futuro.

«El problema es que tampoco puedes estar obsesionándote todo el día con las salidas profesionales», alega Claudia Muñoz. Ella estudiará Turismo el año próximo en la Escuela Altamira. «Bastante costoso es ya hacer una carrera que te gusta, como para que encima sea algo que ni te va, ni te viene», sentencia. Costoso en el sentido del esfuerzo intelectual que suponen cuatro años de trabajo con los libros, pero también en lo literal del término en el plano económico. «Las tasas son prohibitivas, pero qué le vas a hacer. También es cierto que por lo menos nos estamos quedando en casa. Salir fuera de Cantabria lleva también muchos gastos», explica su futura compañera de aula Andrea Fernández.

El fantasma del inglés

Ninguna de ellas parece tener problema con el inglés. Algo que sin embargo sí preocupa a otros muchos de estos jóvenes que reciben con temor la noticia de que cualquier grado de la universidad requerirá que acrediten un nivel B2 de idioma extranjero. «Eso lo tendré que trabajar bastante porque no lo tengo nada bien», advierte Reynaldo Contreras. «Pero es cuestión de ponerse a ello, no hay que tenerle miedo. Además, mi intención es irme de Erasmus, y en ese tiempo te puede dar tiempo a perfeccionar el inglés. Incluso, si viajas a un país de habla no inglesa, puedes aprender un B1 de cualquier otro idioma, porque la combinación de dos niveles B1 de diferentes lenguas también permiten la obtención del grado». El alumno del instituto San José lleva la lección bien aprendida porque acaban de explicárselo en la charla informativa. Su mirada irradia ilusión, ganas de que empiece el curso próximo. Para muchos es el principio de un sueño. «Siempre me ha gustado el océano. Desde muy pequeñita. Por eso tenía muy claro que quería cursar alguna de las titulaciones de Náutica», explica Patricia Quintana. «Ya tengo ganas de empezar».