Cantabria en la mesa

Cafeterías

Uno de los cambios sociales más importantes que se han producido en los últimos años ha sido la irrupción de la mujer en el espacio público. Recluida en el ámbito doméstico la que no trabajaba fuera de casa, su relación social se reducía a las conversaciones en la tienda cuando iba de compras o con sus vecinas en el descansillo de la escalera o de balcón a balcón. La situación era más dura aún cuanta más edad tuviesen las mujeres. Las viudas, por ejemplo, se asomaban a la vida desde la ventana de su casa o cuando acudían a la iglesia. Afortunadamente esas costumbres están siendo superadas por una nueva mentalidad y actitud de la mujer actual favorecida por el cambio generacional.

Un ejemplo de ello lo vemos a la hora de alternar. Los bares fueron siempre el territorio de los hombres. De pie frente a la barra, el chiquiteo de blancos por la mañana y tintos al anochecer facilitan las conversaciones sobre política, fútbol o las noticias de la ciudad. Rumores y chascarrillos, la crítica municipal, se potencian con los caldos. Pequeñas pandillas tienen su lugar preferido de encuentro pero lo normal es hacer un recorrido por varios locales.

Esta es un poco la imagen tradicional. Ahora ha surgido otra cada vez más frecuente. A primera hora de la mañana se ven tertulias de mujeres jóvenes en una cafetería tomando un café después de llevar a sus hijos al colegio. Es una parada técnica después de las primeras liturgias matinales antes de enfrentarse al resto de las faenas domésticas.

Del mismo modo, por la tarde, las cafeterías se llenan de mujeres de edad elevada, impecablemente arregladas, que se citan diariamente para tomar un café con leche, descafeinado preferentemente, una infusión, acaso con una tortitas con nata o una tostada. Cuando hay algo que celebrar, un chocolate. Pueden estar un par de horas hablando. No sé de qué hablarán. Supongo que buena parte de la conversación lo ocupará la salud, lo que les dijo el médico, las pastillas que no les vienen bien, pero también de sus nietos, de lo preocupadas que están por el paro de sus hijos. Y de los sinvergüenzas de la corrupción: todos son iguales, dirán. De la vida, en fin. En algunas ciudades, las tertulias son sustituidas por partidas de parchís (recuerdo que en Ribadesella era típico) o de cartas (en León, por ejemplo).

Son signos de los nuevos tiempos.

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