Un bombón rosa

GUILLERMO BALBONASantander

Es como el ‘lost in traslation’ de la Historia. Pero prima la sensación de espíritu libre y la puesta en escena lúdica, coqueta, recargadamente dulzona y con sabor a rosa. Es un cuento que tras su toque naif revela piscología femenina, factor humano y cupcakes emocionales. Hay histerismo y pasteles. Ojos abiertos y bocas llenas. La cosa suena a juego, sabe a experimento y entra por los sentidos pero de manera superficial pese a ser barroca y extrema. Sofia Coppola siempre se desliza cuando rueda. Sus películas contienen una apelación al paladar. The Strokes y New Order suenan en la corte de Versalles y el drama de época danza y se mueve entre la música electrónica y el eco pop. Tan pronto epatante como fascinante, rodada con brío, los fotogramas desprenden restos de pastel, champán y un aire festivo.

La ‘Marie Antoinette’, de Coppola, recurre a escenas con alimentos para reflejar los excesos en la vida de la realeza, la psicología de los personajes, los hábitos sociales... Un retrato de excesos y lujos ilimitados entre macarrones de colores, pasteles decorados con fondant y adornos dorados. Se ha puesto en duda la fidelidad de los gustos reflejados en pantalla. Al parecer María Antonieta tenía hábitos alimenticios opuestos a la glotonería. Pero los dulces son los protagonistas: los pastelitos con forma de disco, crujientes por fuera y muy suaves por dentro, de todos los colores y sabores, pasteles de todas las formas y texturas, el té de jazmín...

A través de la biografía escrita por Stefan Zweig y el ensayo de Antonia Fraser, Coppola hizo una película atrevida que no deja a nadie indiferente. El propio palacio de Versalles sirve de escenario a esta fiesta hedonista y tragicomedia juvenil. A punto de estrenarse su remake particular de ‘El seductor’ de Siegel, que protagonizara Clint Eastwood, bueno es recordar esta fábula pop que fractura la historia, mete el dedo en el ojo de lo encasillado y mastica un bombón entre encajes rosas.

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