Rumbo al Sur

Diego Ruiz
DIEGO RUIZSantander

Quizás sea al azul de su cielo, tan distinto a este nuestro gris de casi todos los días, o el calor, o la gentileza de sus gentes. O tal vez esa atracción magnética de viajar al otro extremo de donde estemos asentados prácticamente todo el año. También por la herencia indirecta y las hazañas que nos dejaron los ‘chicucos’ en la otra punta del mapa. Qué se yo, o simplemente por su gastronomía.

La cosa es que a los cántabros nos va mucho Cádiz y su provincia. A mí, al menos, y eso que soy más esquila que camarón, me gusta este provincia andaluza a la que viajo cada vez que puedo y el bolsillo me lo permite. Y últimamente el coche, cada vez con más años, más kilómetros, pero, eso sí, sin apenas achaques. No es que vaya mal, es que cada vez es más incómodo, comparándolo con los que ahora salen al mercado. Hasta ahora llevaba un radio-cassette que dejó de funcionar hace unos años y que ni en la casa pudieron encontrar un recambio.

A pesar de todo, cada año, cargo el maletero y me hago, con parada en Salamanca para ir a los toros, 970 kilómetros, la distancia que separa mi calle de Conil de la Frontera. Es allí donde realmente desconecto en vacaciones, donde disfruto de la playa, del paisaje, del paseo y de una gastronomía distinta, tan rica como la nuestra.

Hay en este municipio gaditano, por cierto gobernado desde hace muchos años con acierto por IU, tres lugares donde merece la pena sentarse sin prisas y pedir algunas de las especialidades de la gastronomía conilense. Uno de ellos es ‘El Capricho’, en la calle José Velarde, al comienzo de la zona de más ambiente de la ciudad. Tortillitas de camarón, salmonetes a la plancha, brochetas de atún, pescaito frito... Todo magnífico y a buenos precios. Mucho más caro, pero con una calidad extraordinaria, es La Fontanilla, en la Avenida de la Playa. El tratamiento del atún rojo aquí es formidable. Y Feduchy, a la entrada de Conil, distinto y elegante.

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