Calma con expectación en Noja

La imagen de la Guardia Civil ante la casa del alcalde Jesús Díaz, donde presuntamente se producía una compra de votos, denunciada por el PRC, impactó a los nojeños.
La imagen de la Guardia Civil ante la casa del alcalde Jesús Díaz, donde presuntamente se producía una compra de votos, denunciada por el PRC, impactó a los nojeños. / ANA COBO
  • Debe resultar difícil deshabituarse de 27 años de mayorías absolutas, quizás por eso los nojeños estaban ayer silenciosos, menos los regionalistas que brindaron con Revilla

  • El inhabitual silencio, después de una intensa jornada, sorprendía ayer a los vecinos

Si en Noja, a la hora del blanco, no hay al menos un poco de bullicio es que algo pasa. Ayer, en la villa, imperaba un inquietante silencio, una especie de ley de la omertá. En todos, no, en casi todos. En una de las cuatro esquinas de la Plaza de la Villa, donde debería haber bullido la vida a las dos de la tarde, un vendedor de la ONCE es felicitado por un vecino. Imprescindible pegar la oreja. ¿Habrá vendido el 'gordo'? Pues no. Recibía la enhorabuena de un amigo por haber sido uno de los 142 nojeños que el domingo votaron al PSOE. Ya hay una advertencia bíblica: «Los últimos serán los primeros». Nunca tan pocos mandaron tanto. Los socialistas, borrados del mapa político por el PP y el PRC, echaron el domingo renuevo con un solo concejal ¡y qué concejal! vale su peso en oro porque será quien decida si en Noja mandan populares o regionalistas los próximos cuatro años, o al menos será buena moneda de cambio «¿Y por qué no el futuro alcalde?». Pues vaya usted a saber, pero parece que va a ser que no.

Noja se despertó ayer adormilada, como noqueada, con una resaca electoral resultado, no de la juerga de la celebración, si no, posiblemente, por la falta de sueño, del insomnio por lo inesperado. Y es que debe ser difícil deshabituarse de la mayoría absoluta. Como cualquier vicio requiere un tiempo y 27 años son muchos. El empate -quizás- era la última opción que esperaban después de un día -el domingo- lleno de sobresaltos que les llevaron a ser protagonistas indeseados de uno de los escasísimos altercados en la jornada de votaciones.

La fotografía de la Guardia Civil custodiando la casa del alcalde Jesús -Chuchi- Díaz, de donde presuntamente salían votos «comprados», impactó a los nojeños y a casi todos los cántabros, también a algún que otro español que pensaba que el puchero había quedado olvidado en el trinchero en los albores del siglo pasado. «Todavía por 10.000 euros... pero por eso no merece la pena». Dos mujeres hablan a la puerta de la panadería Je-Lu, que no es la primera vez que nos sirve para calibrar la opinión de los vecinos en un día de silencio. Y es que son muchos los que dicen, los que saben de buena fuente, los que hasta juran que han visto, una trae-y-lleva de sobres con votos -ojalá que solo sea eso- tan a la vista que los intercambistas habrían actuado en plena Plaza de la Villa, a la luz, aunque sin taquígrafos. Es como lo de la chica de la curva porque unos lo cuentan como realidad y otros dicen que es leyenda. Que si 250 euros, que si 700, que si por una sonrisa... al final, salga lo que salga, resulte lo que resulte, los bolos ya están pinados en Noja y son seguramente inamovibles.

A las doce de la mañana extrañaba poder aparcar cerca de la plaza. Debería estar petado, pero no. Hay que esperar hasta la hora del blanco, que en la villa es casi ceremonia. Pero tampoco. A no ser que fuera porque se echaba en falta a los dos centenares de nojeños, regionalistas, que se juntaron a comer ayer con Revilla. Era una promesa «si echábamos al corrupto». Y no tardaron ni doce horas en organizar la pitanza, y pagaron a escote, que eso es muy transparente. Comenzaron así las celebraciones porque Chuchi Díaz ya no corta el bacalao. Y tan seguro tienen que no volverá a ser alcalde -al menos durante los próximos cuatro años- que ayer se brindaba por un pacto del que aún ni se habla. A sacar conclusiones toca.

Hace tan solo siete días, la plaza de la villa, el latir de los nojeños, exhibía orgullosa la pancarta que anunciaba a los ciudadanos que Vecinos de Noja (VNOJA) llegaba para poner orden. Tan solo 12 horas después de cerrarse el recuento la pancarta había desaparecido. Gráfica la situación de quienes consiguieron 68 votos, «no les ha votado ni la familia», explicaba un trabajador municipal con chaleco reflectante. Y eso que en este caso, la cantidad no tiene nada que ver allí con la calidad porque con 142 votos el PSOE va a hacer de guardia urbano de los 1.508 que reúnen PP-PRC. Así es la vida, la fortuna, la política y el sistema D'Hondt.

Algunos vecinos -la verdad que ninguna muchedumbre- ocupaban los sitiales públicos preferidos por los nojeños. Las terrazas del Montecarlo o el Bristol, con un chiringuito de aire ibicenco. En los veladores, El Diario Montañés es escudriñado como pocas veces. De la panadería de un Lupa, salían muchos vecinos con la barra y el periódico, compañeros inseparables para la comida y la sobremesa. En el estanco pegadito a la Casa Consistorial, el desacostumbrado silencio sorprende hasta a la estanquera, acostumbrada al ir y venir, y al tráfico. En la calle un afanoso nojeño sale del Ayuntamiento, móvil en la oreja. Del exabrupto que suelta a quien está al otro lado solo queda colegir que es del PP, de Vecinos, del PRC (se quedó a 93 votos de la mayoría absoluta) o un administrado malhumorado.

En el despacho de quinielas unos turistas de la tercera edad -excursión de Ciudad Real- compran lotería. No conocen lo que en Noja ocurre, pero ya se sabe, donde hay desgracias suele caer 'el gordo'.