Los niños saharauis descubren los encantos de Miera

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Los niños durante su visita a la cueva de Sopeña. / Héctor Díaz
  • 'Transformando Futuros' y 'Cantabria por el Sahara' organizan una salida para conocer las costumbres del valle

Las manecillas del reloj se acercar an a las diez de la mañana y los primeros coches van llegando. Una vez aparcados en la plaza de la iglesia, niños y niñas saharauis, acompañados de sus familias de acogida, empiezan a llenar el pueblo. Conforme van pasando los minutos, cada vez son más las cabecillas que asoman protegidas bajo gorras azules. Todos ellos vienen preparados porque hace sol y buena temperatura, parece que el tiempo ha decidido portarse bien en las alturas del pueblo de Miera, lugar donde ayer se desarrolló una jornada para enseñar la zona, cultura y costumbres a 35 niños llegados del Sahara y que pasan el verano aquí.

Nuria San Millán, presidenta de la organización Transformando Futuros, explica que la intención es acoger a los niños que forman parte del programa 'Vacaciones en paz', que organiza la asociación Cantabria por el Sahara. «Desde el año pasado, queríamos que estos chicos, que viven en un desierto a 50 grados, conocieran la exuberancia, el verde y las montañas que hay en Miera». Ayer se cumplió el proyecto y había mucha ilusión e ideas para que todos ellos aprendieran a la vez que disfrutaban.

Tras recibir a todos los participantes, pusieron rumbo hacia la cueva de Sopeña. Una vez en la entrada de la caverna, uno de los organizadores separó a los chicos y chicas en dos grupos, aunque algunos intentaron hacerse los despistados para no separarse de sus amigos. El primero formado por los que no sabían hablar español y el otro con los que sí lo controlaban.

Mientras en el interior de la cueva explicaban al primer grupo cómo vivía el hombre del Paleolítico, los otros se entretenían con una serie de juegos programados. Había que seguir con la agenda, así que, antes de regresar al pueblo, dieron un recorrido por la zona y disfrutaron de las vistas. Tenían muchas cosas preparadas: bolos, talleres de manualidades y chocolatada para que los saharauis probaran los productos de la zona. «Todos los empresarios de la comarca que elaboran sobaos y quesada han regalado lotes para que merienden cosas típicas de aquí», comentó Ángel Sainz Ruiz, responsable de la comida de la jornada.

Los niños jugaron incansablemente, casi siempre fueron en grupos de tres para investigar la zona, acercarse a las casas, tractores y perros del pueblo. Osama era el menos vergonzoso de todos. Lleva seis años viniendo aquí en verano y habla muy bien español: «Estoy encantado porque me gusta ir a la playa para bañarme y jugar al fútbol», afirmó con una sonrisa. Manolo Martínez es su abuelo de acogida y con emoción reconoció que Osama «ha impregnado a mi familia porque nos da lecciones de lo que realmente es compartir». Al mismo tiempo, confesó que es un proceso duro porque «soy un 'magdaleno' cuando nos despedimos en el aeropuerto, pero él marcha alegre porque va a ver a su familia». Además, este año sabe a despedida ya que Osama no volverá. «A partir de los doce años no vienen porque desarrollan un sentido crítico y empiezan a comparar la vida que hay en los dos lugares».