¿Y qué hacemos ahora que estamos viejos?

Un baile en un centro social de mayores, en Torrelavega.
Un baile en un centro social de mayores, en Torrelavega. / Luis Palomeque
  • El Día Internacional de las Personas de Edad, que se celebra este jueves, pone sobre la palestra la preocupante encrucijada en la que ha encallado Cantabria

Este jueves 1 de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas de Edad, y desde distintos ámbitos sociales empiezan a llover los habituales informes y demandas. Las federaciones de Pensionistas y Jubilados de CC OO y UGT de Cantabria, por ejemplo, han redactado un manifiesto donde reclaman una subida de las pensiones, y un "freno" inmediato al copago sanitario.

Cantabria es la quinta comunidad más envejecida de España, después de Asturias, Galicia, Castilla y León, y Euskadi. Si la media nacional marca un envejecimiento del 114%, aquí asciende al 140%. Eso significa que por cada 14 vecinos mayores de 64 años, sólo hay 10 menores de 16. La base de la pirámide poblacional es demasiado estrecha para sostener a la cada vez más extensa cima.

Los peligros que esto augura a medio plazo son de sobra conocidos, pues la proporción entre quienes aportan y quienes reciben se ha desequilibrado, y amenaza derrumbe. Cantabria gasta cada año en pensiones 744 millones de euros más de lo que ingresa por cotizaciones. Hay en total 136.301 pensionistas, que cobran una media de 929 euros al mes. Muchos jóvenes se darían con un canto en los dientes por un salario así.

"Si continúa esta tendencia, en 2052 habrá poco más de una persona trabajando en Cantabria por cada persona inactiva, lo que pone en peligro la sostenibilidad de nuestro sistema", apunta en un comunicado la Fundación Adecco. Tal panorama provocaría un desastre social.

Pero la realidad se comporta terca. Las últimas tasas de natalidad de la región, tanto de hombres como de mujeres, son las más bajas de los últimos doce años. El año pasado nacieron 4.564 cántabros, 1.300 menos que en 2008, por ejemplo.

Seguro que la recesión tuvo algo que ver en esa gráfica. Porque a esta depresión demográfica, lógicamente, hay que añadirle el lastre principal del país: el paro. Unas 44.000 personas buscan ocupación en la región. En 2008 eran 10.000 menos.

Adecco propone "fomentar el empleo senior", más que el joven, y dice que tal propuesta coincide con la evolución reciente del mercado laboral: "Desde 2014 se observa un cambio de tendencia. El 78% del empleo creado durante el último año ha sido para mayores de 45 años por una cuestión estadística, unida a otros factores como la posibilidad de las empresas de contratarles por condiciones más económicas, o la necesidad de compensar la marcha del talento joven a otros países".

Si la población envejece y la joven emigra, lógicamente serán los trabajadores veteranos quienes deban cotizar para que la caja no rompa. Ante eso, surge el dilema de la formación, que también encierra una paradoja. Mientras las nuevas generaciones, las mejor formadas de la historia, han de abandonar su tierra porque nadie les emplea, las maduras (cuarenta y cincuenta años) se ven obligadas a adquirir nuevas habilidades laborales porque aquellas con las que se ganaban la vida no sirven ya. Las fábricas escasean o funcionan con plantillas breves. El andamio se desmontó con la crisis. El comercio tradicional se ve arrollado por las ventas en internet. Y las Administraciones deben tanto dinero a los mercados financieros que despiden más personal del que contratan. Los salarios, en general, han bajado en el último lustro. Y los impuestos han subido.

Los sindicatos alertan hoy del segundo mal que acecha en esta historia: la posible quiebra del Fondo de Reserva de la Seguridad Social: "Si continúa la tónica actual, gastando 12.000 millones de euros solo para afrontar las pagas extraordinarias, en 2018 se acabarán las reservas".

El círculo vicioso queda claro. Las soluciones, por ahora, no tanto.