Tener 10 hijos porque sabes que "cuatro van a morir"

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Escudero y Gándara, en Anse-a-Pitres. / DM

  • Las enfermeras cántabras Cristina Escudero y Ana Belén Gándara relatan su viaje a Haití, un país que sigue devastado y olvidado seis años después del terremoto

"Por mucho que lo imagines, nunca te llegas a hacer una idea de cómo viven los niños en Haití. Tienes que verlo". Cristina Escudero y Ana Belén Gándara, enfermeras del Servicio Cántabro de Salud, echan la vista atrás y hacen balance de las cinco semanas al otro lado del charco, donde fueron con el objetivo de "hacer un poco mejor su presente y futuro".

Esclavitud infantil, creencias ancestrales, niños que mueren de hambre, educación y sanidad privada, temperaturas superiores a 30 grados y ausencia de ayuda. En Haití, el 22% de los niños y niñas de 6 a 59 meses sufren desnutrición crónica. "Cuando llegamos al campamento donde menos ayuda llega y donde llevaban varios días sin comer, se pusieron todos en fila, ordenadamente, respetando la cola, y comenzaron a cantar y rezar mientras esperaban con paciencia su turno", explica Escudero. "En ese momento, en el que que niños que no tienen nada te lo dan todo, te preguntas: ¿De dónde vengo?".

El viaje de estas dos profesionales a Anse-a Pitres forma parte del proyecto de ayuda humanitaria que un grupo de 14 enfermeras del Colegio de Enfermería de Cantabria puso en marcha hace "un par de años" con la ONG de la santanderina Lucía Lantero, 'Aytimoun Yo'. "En cuanto cruzas la frontera te topas con otro mundo. Todo es diferente. Carreteras sin asfaltar, la aduana quemada, construcciones caseras... Pero en el orfanato los niños son felices, reciben educación y comida tres veces al día", explican.

Nada que ver con la mayoría de los 4,3 millones de niños menores de 18 años que viven en Haití, con una escasa probabilidad de supervivencia. En los campos, "los recluidos", no tienen nada. Ni agua, ni luz, ni comida. "En el más alejado, donde no llega ayuda casi nunca, hay 500 personas, 300 son niños". Antes de emprender el viaje, Gándara y Escudero se prometieron no derramar ni una lágrima delante de ellos, pero lo que vieron en el campo de desplazados "fue muy impactante".

Desde el terremoto de 2010, los excluidos están a la orden del día. Haití se encuentra entre los 25 países menos desarrollados del mundo y siguen faltando hospitales y servicios sociales básicos, según las ONG locales.

¿En qué ámbito tienen más necesidades?

"En todos", explican. "La educación es privada, las familias cobran un dolar al día y tienen diez hijos, con lo cual no pueden ir a la escuela".

Comer tres veces al día "es un regalo divino" y el índice de mortalidad es muy elevado. "Las madres nos decían que tenían diez hijos porque cuatro van a morir. Los niños pequeños, de 5 años, son los que se hacen cargo de los bebés de un año", cuentan las enfermeras con el firme compromiso de volver el año que viene a Haití.

Mientras, el pasado 1 de abril aterrizaban en República Dominicana otras dos enfermeras de Cantabria, para continuar con la labor.