Mercaderes por el mundo

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Visitantes de la feria observan objetos en uno de los puestos. / Roberto Ruiz

  • Decenas de comerciantes llegados de todos los rincones del planeta atienden cada día los puestos del ‘XI Festival de las Naciones’

El aparcamiento de los campos de Sport de El Sardinero acoge hasta el 4 de septiembre el XI Festival de las Naciones Ciudad de Santander, un espacio multicultural que ofrece al visitante una gran diversidad de productos artesanos y gastronómicos detrás de cuya elaboración están los protagonistas anónimos de la feria.

Ana Higuerey (Venezuela)

"Volveré a mi país cuando cambie el régimen político"

Ana Higuerey nació en Venezuela hace 28 años. Titulada en psicología por la Universidad Bicentenaria de Aragua, en Venezuela, ante la situación política de su país decidió emigrar a España, país natal de su madre, aprovechando su doble nacionalidad. Como ya tenía cualidades comerciales porque en su nación exportaba tecnología estadounidense –tablets y móviles– fue contratada en un establecimiento madrileño de joyas peruanas, CCUSI. La empresa, con tres tiendas en la capital, decidió distribuir sus alhajas en el XI Festival de las Naciones de Santander y, conocedora de sus habilidades, decidió mandar como emisaria a Higuerey.

"La gente es amable, tiene curiosidad. El único problema es que creen que todos los inmigrantes estamos indocumentados", dice la joven, que, por otra parte, aprecia a los compradores que vuelven: "Se convierten más en amigos que en clientes. La mayoría son gente mayor que se siente sola y, al ver que una persona joven les hace caso se sienten reconfortados". Cuando se le pregunta si pretende regresar a su país, su respuesta es tajante: "Creo que todo inmigrante quiere volver a su país, y yo volveré cuando cambie el régimen político y haya más estabilidad".

Marc Rue (España)

"Cada gema es única, cada veta hace que sea diferente"

El stand de gemología atrae las miradas por su colorido, con piedras de varios países. Su dueño es Marc Rue, un catalán que estudió empresariales y trabajó como director financiero en el sector de las plantas. Llevaba coleccionando gemas desde los catorce años y de repente, su pasión por los minerales se convirtió en su profesión: "Coleccionar gemas es para toda la vida, porque cada piedra es única, cada veta, cada arista, hace que sea diferente".

En el año 1992 empezó a ir a ferias para vender fósiles, caracolas y minerales, acompañado por su mujer, Olga García. "Realizo hasta siete viajes al año para comprar gemas. En octubre, por ejemplo, tendré que ir a Brasil o India a por colecciones de piedras". Al preguntarle qué le aporta a nivel personal su participación en el festival, comenta: "Te da diferentes puntos de vista y respeto a los demás". Pero su mujer, que le escucha atenta, interviene: "No puedo contenerme, él no te lo va a decir pero ya lo hago yo. Cada vez es más respetuoso, tolerante y abierto. Marc siempre ha tenido don de gentes, diez minutos hablando con un desconocido y ya ha hecho amistad con él. El trato con la gente acrecienta esa cualidad, es como la pescadilla que se muerde la cola, cuánto más habla con la gente, más sociable se vuelve y, cuanto más sociable, más conversador". Su marido matiza "Te aporta conocimiento. Aprendes que lo material no es lo importante, sino los valores".

Hakim Lafrack (Marruecos)

"Me encanta cuando los clientes regatean"

Un visado, interés por España, conocimiento del español y ganas de progresar en la vida. Eso es lo que Hakim Lafrack trajo bajo el brazo cuando vino hace 15 años a España desde Marruecos. Había estudiado el bachiller en su país y, después jardinería. Sin embargo, quería cruzar el Estrecho en busca de una vida mejor. Junto con su hermano, propietario de los productos del stand de pieles en el que trabaja, comenzó su andadura en las ferias.

De eso ya han pasado tres años. Su mujer y sus dos hijas, de trece y ocho años, le esperan pacientes en su hogar, en Alicante. Para él, esa es la cara amarga del festival, se pasa mucho tiempo fuera de casa, se añora a la familia. Tampoco puede llevárselas consigo a alguna feria porque es demasiado caro. En contrapartida, ha encontrado buenos amigos en compañeros de otros stand, con los que convive. Unos a otros se enseñan platos típicos de sus países, o se cuentan historias de su tierra. Todo desde el respeto y evitando temas delicados.

Otra de las alegrías que le supone viajar de feria en feria es la gente. "«Me gusta hablar con cada cliente"», dice. ¿La parte más divertida? "Cuando los compradores regatean los precios, me encanta. En mi país eso es una tradición".

Joana Rosa (Portugal)

"Apenas estoy en casa tres o cuatro meses al año"

Un puesto atrae las miradas si se continua con el paseo. Deslumbrados por un stand que pareciera de oro puro, pero no lo es. Joana Rosa atiende con su sonrisa tímida a los clientes y les explica el secreto de la joyería que expone y, confirma: no, no es oro. "Todo está hecho con una planta dorada protegida brasileña, la Capim Dorado, que sólo crece en el estado de Tocatins. Cada joya está hecha a mano y moldeada con agua», explica la joven con paciencia. Y aclara: «Si no explico los procedimientos, la gente no compra". Esta tímida portuguesa ha recalado en el festival de Santander por primera vez. Ayuda a su padre, propietario de las elaboraciones. Y detrás de esa relación familiar, una historia de amor. Su progenitor conoció a su actual esposa, artífice de las alhajas, por internet. Ysnará se llamaba, vivía en Brasil y trabajaba una planta dorada protegida por el gobierno brasileño. Al poco Ysnará se trasladaba a Portugal y se casaba con el padre de Joana.

Entonces, comenzó su andadura por las ferias, sobre todo en Portugal. Por cada tres semanas fuera, atendiendo tras un puesto en una feria de artesanía, una sola semana en casa. Siete o diez días a lo sumo para disfrutar de su niña de ocho años. Es lo que más siente Joana: "Veo muy poco a mi hija. Estoy trabajando ocho meses fuera de casa, distribuidos a lo largo del año, para poder vivir. Es duro". Pero a pesar del poco tiempo que pasa en su hogar, Joana ha conseguido encontrar el amor con un chico portugués. Cuando se le pregunta qué opina de su primera experiencia española con el Festival de las Naciones explica: "La gente del norte pregunta de dónde es el producto, pero, en general es muy cerrada. Pasan por el puesto, les saludas y ni te dicen hola" y remata: "Eso duele".

Guillermo Ziu (México)

"Ayudamos al desarrollo de los productores de cacao"

El todoterreno Guillermo Ziu atiende el tenderete destinado al chocolate maya. Nacido en Bacalar, un pueblo de la selva mexicana, pertenece a una antigüa tribu indígena: "Mi familia es descendiente de Yumbe, la persona que salvó del naufragio a la expedición de Hernando Cortés y le dio a probar el cacao". Este hablador incansable estudió antropología en California y volvió a su hogar para trabajar de guía turístico mostrando la cultura maya. Su habilidad fue el motivo para que la revista National Geographic utilizara sus servicios como guía, lo que le permitió convertirse en compañero de fatigas en la primera ruta quetzal con Miguel de la Cuadra Salcedo.

Ya en 1985, en su pueblo natal, dos españoles aparecieron perdidos y su gente les dio cobijo para pasar la noche. Al día siguiente, los forasteros, pidieron a Ziu que les acompañase a ver el hotel que estaban construyendo en las cercanías, Oasis Hotel. En agradecimiento por su ayuda y habiendo comprobado el día anterior la gran habilidad como escultor de su anfitrión, como muestra de gratitud le pidieron que esculpiera en la roca símbolos mayas. Tal fue su éxito que el hotel colindante, sintió envidia y le contrató para que hiciese lo mismo en sus fachadas. Más tarde, el antropólogo comenzó a esculpir el chocolate y por ello, la firma Valor le fichó para realizar el museo del chocolate, en Villajoyosa.

En la actualidad está casado con una española y tiene dos hijos: "Uno en apariencia es maya, aunque en personalidad es como su madre, el otro, más rubito, es como mi mujer, pero en su interior es igual que yo". Trabajador incansable, su actual proyecto reside en ayudar desde la fundación que ha creado, el desarrollo y la emancipación de las productoras de cacao de su país. "Quiero ayudar para que haya una escuela y servicio médico. A los mayas se nos saqueó. Ahora queremos construir un hotel creado y regentado por indígenas mayas para poder mejorar las condiciones de las tribus de la zona y revertir la pobreza".

Sergio Sallas (Camerún)

"Una cosa es saber que hay miseria y otra es verla"

Este camerunés de 36 años, titulado en Turismo en su país de origen fue a un congreso en Buenos Aires sobre ‘Las mujeres empresarias en el mundo’, por su trabajo como agente turístico. Cuando regresaba a casa, perdió su vuelo –Madrid-Yaundé– vía París. Sin dinero apenas, llamó a un amigo que conocía a alguien en Santander que le acogería. "Pensé que sólo tendría que coger un taxi desde Barajas para llegar a Santander, creía que era un barrio de la periferia madrileña", cuenta jocoso. Después comenzó a trabajar en campings de Burgos y Soria. Pronto, decidió compatibilizarlo con la exportación de productos de las culturas africanas, de ahí su participación en el festival.

En la actualidad, mantiene una relación con una santanderina: "Al principio chocábamos por las diferencias culturales pero tras cinco años juntos no es un problema". Y explica: "Lo único que para ella fue difícil fue ver la pobreza que había en África cuando viajamos allí. Una cosa es saber que hay miseria y otra verla".