La vuelta al cole no es sólo cosa de niños

De izquierda a derecha, Félix Diaz; director; Manuel Sánchez, alumno en prácticas; Teresa Martínez, directora; Elena Pérez, profesora de inglés, Elena Sánchez; profesora de Lengua, y en primer término, Verónica Ortiz con su hija Manuela, y Rosa Ceballos, con su hija Lucía, madres ambas de primer año.
De izquierda a derecha, Félix Diaz; director; Manuel Sánchez, alumno en prácticas; Teresa Martínez, directora; Elena Pérez, profesora de inglés, Elena Sánchez; profesora de Lengua, y en primer término, Verónica Ortiz con su hija Manuela, y Rosa Ceballos, con su hija Lucía, madres ambas de primer año.
  • El jueves arranca el curso en Cantabria con más de 5.300 nuevos alumnos y 188 profesores recién nombrados. Para muchos padres también llega el momento de estrenarse en el mundo escolar

Los habrá que entren por la puerta y les dé por llorar. Otros no se soltarán de los brazos de su madre hasta que llamen a los bomberos para lograr separarles. Los incansables estarán deseando conocer un nuevo territorio que poner patas arriba. Y los más habladores sólo querrán conocer a niños nuevos para contarles su rollo, aunque ni siquiera se entiendan al cruzar palabras. Las estampas menudas apenas cambian cada año por el mes de septiembre entre los nuevos alumnos que dan aire fresco a los colegios.

Más de 5.300 niños cántabros, la mayoría de entre 2 y 3 años, se harán mayores, como dicen ellos, este jueves. Será 8 de septiembre, la fecha que ha elegido Cantabria para arrancar el curso escolar. Como es habitual, serán los alumnos de Infantil y Primaria los que rompan el hielo.

El resto, los que cursen estudios de Secundaria a Bachillerato, se incorporan el día 12. En total, más de 80.400 escolares de entre 2 a 16 años (sin contar a los de FP), de los cuales unos 5.300 tendrán que pasar el trago de superar eso de la primera vez. Habrá nervios, incertidumbre, ilusión, ganas de empezar.

Toda una vorágine de sensaciones que también notarán en sus estómagos los padres que lleven por primera vez a sus hijos a clase, o los profesores que estrenen su condición de funcionarios al haber sacado por fin la plaza de docente que tantos años perseguían. Las aulas cántabras contarán este año con 188 nuevos profesores y el mismo número de interinos que el curso pasado.

Pero el incordio inevitable de los nervios no acaba ahí. También atacará la tranquilidad de aquellos maestros que tras una larga trayectoria en las aulas han decidido dar un paso más en su carrera y hacerse directores. Este año habrá 99 despachos de alta dirección que cambiarán de dueño, el mayor proceso de renovación para este puesto que ha registrado Cantabria desde que asumiera las competencias educativas hace 17 años.

No serán los únicos que cambien la pizarra por la oficina. Entre los novatos, este curso habrá profesores a los que la Consejería, vista su valía, les ha ofrecido un puesto de asesor de confianza en los diferentes departamentos que tiene distribuidos por los ciclos educativos. También se sentirán como un flan los alumnos de la Facultad de Magisterio que cursen su segundo año de carrera. Les tocará hacer sus primeras prácticas en algún colegio de la región. Ejercerán como profesores de apoyo pero el nombre, aunque suene entre técnico y serio, no les protegerá de ser carne de cañón para los alumnos más desafiantes y atrevidos. Medio curso para coger tablas y aprender a saber imponer su ley entre cuatro paredes.

El curso 2016-2017 será de estrenos. Alumnos nuevos, profesores, nuevos, directores nuevos... Y el calendario, también será nuevo. El pasado mes de mayo, con el curso llegando a su sprint final, la Consejería quiso darle una vuelta para instaurar un sistema «más moderno y flexible». Se sustituye el tradicional esquema de tres trimestres de clases y dos periodos de descanso en Navidades y Semana Santa por un sistema de evaluación de cinco bimestres lectivos con cuatro periodos de vacaciones, o lo que es lo mismo, una semana de descanso cada dos meses. A cambio, para alcanzar los 175 días obligatorios de clase, se adelantarán las fechas de inicio del curso y se retrasará su finalización.

La decisión del consejero de Ramón Ruiz, rompedora con la tradición de las últimas décadas, se ha visto salpicada de polémica desde que salió a la luz, «antes de tiempo». Asociaciones de padres de toda España pusieron el grito en el cielo por sacarlo adelante sin su consenso. Tanto ruido hicieron las formas que de su contenido apenas se habló. El consejero defiende que supone una oportunidad para racionalizar los horarios del sistema educativo. «Somos partidarios de que haya periodos lectivos más cortos pero más intensos porque los niños españoles son los alumnos de Europa con mayor carga horaria de clase y llegan muy cansados al final de cada trimestre». A finales de noviembre, el primer descanso. Habrá debate.

El pionero calendario no será el único proyecto de Ruiz que se someterá a examen. Las aulas de un año y el modelo universal de banco de libros también echarán andar. Funcionarán de manera experimental pero se les mirará con lupa.

Sobre las primeras, esas clases de educación temprana en las que los niños entran en contacto por primera vez con prácticas educativas como la psicomotricidad o las experiencias sensoriales sin apenas cumplir un año de vida, lo único que se sabe es que la Consejería las pondrá en marcha en una docena de centros este año, pero hasta el momento sólo ha recibido el ofrecimiento oficial de dos ayuntamientos: Cartes y Limpias. Toda una incógnita.

En cuanto a lo segundo, la nueva forma de gestionar los libros de texto, ya se sabe de antemano que hasta que no pasen dos años no resultará totalmente gratuito. Mientras tanto, algunas familias se verán obligadas a tener que aportar una cantidad de dinero que establecerán los propios centros educativos en función de sus necesidades. Los dos millones de presupuesto con los que cuenta el proyecto resultan insuficientes para que los alumnos puedan utilizar el servicio de préstamo de libros de su centro, sin coste alguno. La pregunta obligada a pocos días de empezar las clases es saber cuáles serán los primeros colegios que se atrevan a implantarlo sabiendo que tendrán que pedir dinero a unos padres que hasta el momento contaban con ayudas individuales para comprar los libros de sus hijos.

Pero no se puede hablar de caballos de batalla sin mencionar al que más guerra ha dado hasta el momento al equipo de Ramón Ruiz. La Lomce, la Ley Wert o como se la quiera llamar, seguirá incomodando la gestión del consejero socialista. Este curso le tocará mostrar su rechazo a nuevas reválidas. La de 4º de Secundaria no tendrá efectos académicos pero la de 2º de Bachillerato sí. Es la que sustituirá a la ya jubilada Selectividad. El que no la apruebe, no entra en la Universidad.

Con Lomce o sin ella, lo que está claro es que el curso 2016-17 no será fácil de aprobar ni en las clases ni en los despachos. La evaluación será continúa, así que fuera nervios porque no son unos buenos compañeros de curso.

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