Septiembre de incertidumbres

Más allá de las impredecibles vicisitudes de la política nacional, Cantabria enfrenta sus propicias incertidumbres al llegar septiembre. La primera, claro, la económica.

Toca verificar si la secuencia positiva del último semestre en la batalla contra el paro, con cifras récords, se mantiene en el otoño o se troca en la habitual decepción cuando la temporada de verano, especialmente buena este año, toque a su fin y deje de tirar del empleo precario en la hostelería y los servicios.

Un indicio esperanzador es que agosto se ha mantenido en buenas cifras, frente al descalabro del año pasado. Pero también hay que confirmar si los indicadores económicos se alejan o no del furgón de cola del escalafón autonómico. Si las empresas foráneas anunciadas empiezan llegar y, sobre todo, si las cántabras salen o se quedan en el agujero, entre ellas Sniace, el icono de la recuperación del Besaya, que iba a reabrir el día 1.

Hace un año, el Gobierno de Cantabria recién instalado confiaba en que 2017 marcaría el cambio hacia un ciclo de expansión económica, pero eso no está nada claro. Los próximos Presupuestos seguirán marcados por la austeridad, por más que el presidente Revilla amenace con la rebelión autonómica para que el Estado impulse la inversión pública y levante el pie del acelerador de la disciplina fiscal.

La confianza en la captación de empresas del exterior ha sido un elemento permanente en el discurso de Revilla, la última vez en el Día de Cantabria en Cabezón de la Sal. Lo singular es la sordina de escepticismo que le puso, ese mismo día, su consejero de Industria, Francisco Martín: «Traer empresas a cualquier precio no ha dado resultado. Si no hemos aprendido nada, es para echarnos a patadas. Hay que cuidar y ayudar a las que están».

En algo tenían que coincidir la consejería industrial y la CEOE. La patronal anticipa un 'otoño caliente' en su amplia nómina de empresas en apuros o de porvenir incierto en Cantabria, algunas tan importantes como Robert Bosch o Sidenor. Y desde luego, Sniace, que con sus continuos incumplimientos desafía la fe, la paciencia y los apoyos que tantas instancias han depositado en su reapertura.

El 1 de septiembre anunciado pasó y no hay nueva fecha para el acontecimiento, a la espera de que culminen los preparativos y lleguen los permisos medioambientales, que se resisten tanto como los informes jurídicos que avalen el convenio del Racing.

Dinamizar la economía, revalorizar su tejido productivo, general empleo estable. Desafíos de gran calado y de carácter global, que exceden la capacidad de acción de un Gobierno autonómico uniprovincial, por más que su obligación sea contribuir a crear las condiciones favorables y fomentar la inversión en la medida de sus posibilidades. La herramienta esencial son los Presupuestos y corren tiempos difíciles.

Las direcciones generales del Gobierno, que son los departamentos donde se fraguan los Presupuestos, ya han ultimado sus borradores que la Consejería de Economía que dirige Juan José Sota comenzará a pulir a partir del 12 de septiembre para llevar las cuentas al Parlamento en el límite legal del 31 de octubre. El debate presupuestario definitivo será en diciembre, con el Gobierno PRC/PSOE obligado a negociar el voto que le falta para la mayoría, con Podemos, y con Ciudadanos a la expectativa.

Las instrucciones presupuestarias son claras: austeridad y prioridad a las políticas sociales. A partir de ahí operan los distintos intereses y sensibilidades en la coalición gubernamental. El PSOE defiende el máximo de recursos para la educación, la sanidad y los servicios sociales, las materias de su responsabilidad que se llevan un año tras otro las tres cuartas partes de los Presupuestos. El PRC quiere preservar del ajuste los fondos municipales -es el partido que más alcaldes tiene- y estimular la aletargada obra pública.

La previsión inicial del Gobierno es que la cifra de los Presupuestos 2017 no va a ser muy diferente de la del año en curso -2.464 millones de euros- . Confía, eso sí, en darle un poco más de 'alegría' a las partidas para la reactivación económica. Dependerá sobre todo de los ingresos procedentes del Estado, no consignados todavía por el Ministerio de Hacienda, que a su vez tiene los Presupuestos del Estado en el aire por el bloqueo político.

Mejorar la caja con ingresos propios tiene una expectativa limitada, incluso mediante el esfuerzo en la inspección fiscal, mientras no se consolide un ciclo económico positivo que en Cantabria se ha rezagado. En este terreno, Podemos, el aliado externo del Gobierno al abstenerse en los Presupuestos 2016, lo tiene bien claro: subir los impuestos a las rentas más altas para reforzar el gasto social. Pero eso es siempre una papeleta desagradable para el Ejecutivo y además ya no hay mucho margen.

La configuración presupuestaria también está conectada a la incierta política nacional. El PP amenaza a los barones territoriales del PSOE con apretarles todavía más el cinturón en la financiación autonómica y en el objetivo de déficit si no presionan en su partido hasta conseguir que Rajoy sea investido, mientras que diversos líderes autonómicos, entre ellos Revilla, lanzan llamamientos a la rebelión contra el Estado. En abril pasado, la presión autonómica logró que Montoro rebajara la disciplina fiscal. Ahora se plantea una nueva batalla.