Puerto Gallego, diputada por Cantabria, abraza a Patxi López en la sesión constitutiva del Congreso
Puerto Gallego, diputada por Cantabria, abraza a Patxi López en la sesión constitutiva del Congreso / EFE

En el Congreso desde el año 2011

  • Cordial y comunicativa en general, la diputada nacional no quiso hablar ayer con la prensa: le molestó enterarse de la investigación por los medios

Nunca fue el sueño de Puerto Gallego llegar al Congreso de los Diputados. De hecho, hasta 1996 ni siquiera estaba afiliada al PSOE. Y sus aspiraciones no pasaban por entrar en política ni por ser alcaldesa de Santoña, su pueblo natal, donde ganó con mayoría absoluta las elecciones de 2003 y 2007. Pero su lealtad a unas siglas –a las que llegó de la mano de Maxi Valle– y su constancia junto al aparato del partido, tuvo recompensa.

Dijeron las malas lenguas hace cuatro años que no fue la primera opción de Pérez Rubalcaba para plantar cara al PP en las elecciones generales. Si realmente fue así, ella no lo tuvo en cuenta cuando aceptó suplir en los carteles electorales a toda una vicepresidenta económica (Elena Salgado) porque pateó a fondo la región en su primera campaña nacional sin descuidar en ninguna foto la sonrisa fija.

Una sonrisa que ha sido una de sus señas de identidad como política y que solo había perdido dos veces durante las dos legislaturas que estuvo al frente del Consistorio. La primera vez fue en el atentando de Santoña, donde ETA asesinó al militar Luis Conde, y la segunda la desaparición del nuevo Pilín, de cuya tripulación formaba parte uno de sus primos. «Han sido los momentos más duros de mi carrera», dijo de ambos.

Ahora hay que sumar un tercero, porque ayer no fue un día nada fácil para ella y es fácil imaginarla con la sonrisa congelada. Las dos veces que el PSOE la designó como cabeza de cartel cántabro al Congreso, Gallego mantuvo que no era una imputada y que su elección no contravenía el código ético del partido, que obliga a dimitir aquellos cargos a los que se abra juicio oral. Siempre pareció segura de que el proceso no iría mucho más allá.

Gobernó en su localidad natal desde el año 2001 hasta el 2011, cuando el PP la desalojó. Antes había sido concejala de Servicios Sociales, un sillón adecuado para una médico pediatra con prestigio profesional. La derrota en las últimas generales, donde los socialistas cosecharon los peores resultados de la historia, no le pasó factura en Bonifaz, que la volvió a elegir como número uno pese a la investigación judicial que avanzaba lenta, pero inexorable, en su contra. Cordial y comunicativa en general, y también cercana a los medios, ayer se negó a hablar con la prensa: le molestó enterarse por los medios de la investigación del Supremo. Y es casi seguro que su sonrisa se echará de menos en el Congreso.