Toca limpieza de botiquín

Una mujer deposita una caja de medicamentos en el punto de recogida de Sigre de la farmacia de la calle Burgos.
Una mujer deposita una caja de medicamentos en el punto de recogida de Sigre de la farmacia de la calle Burgos. / Dani Pedriza
  • Los contenedores Sigre son la única vía para la correcta gestión de estos residuos domiciliarios, que incluyen fármacos caducados, tratamientos sobrantes y envases vacíos

  • Aumenta la recogida de medicamentos en las farmacias cántabras para su reciclaje

Si no acostumbra a revisar el almacenaje de su botiquín doméstico, es más que probable que alguno de los sobrantes de recetas pretéritas se le haya pasado de fecha. Puede que también localice algún fármaco que no recuerda ni para qué lo tomó en su día. Eso es señal de que toca hacer limpieza del stock casero.

Cada vez son más los cántabros que saben que el destino de los medicamentos caducados y de los envases vacíos debe ser el retorno a cualquiera de las 254 farmacias de la región, porque al tratarse de 'contaminantes orgánicos emergentes' pueden ocasionar riesgos medioambientales y sanitarios si se arrojan a la basura o terminan en el desagüe. Tampoco sirve llevarlos a cualquier punto limpio.

En 2015, en los contenedores Sigre (nombre de la entidad sin ánimo de lucro que se encarga de gestionar estos residuos) localizados en las farmacias de Cantabria se recogieron una media de 79,92 gramos por habitante de envases (frascos, tubos, aerosoles, etc), bien acabados o con restos de medicamentos, lo que representa un aumento del 6,05% respecto al año anterior. Los farmacéuticos cántabros constatan el progresivo aumento de la concienciación ciudadana y recomiendan la revisión del botiquín cada seis meses.

La reserva del 'por si acaso', donde no suelen faltar blíster de paracetamol, ibuprofeno y omeprazol, y el pastillero de rutina crecen en surtido conforme los años empiezan a pesar. «No sabemos qué tipo de fármacos son los que más llegan al punto de reciclaje porque no pasan por nuestras manos. Se depositan directamente en el contenedor y de ahí lo recoge la distribuidora», explica un farmacéutico del centro de Santander. En su botica, la bolsa se llena cada semana -suele ser la media-.

«La gente trae medicamentos caducados y también aquellos que ya no usa porque le han cambiado el tratamiento», señalan desde la oficina de la calle Burgos. «Incluso hay familias que nos traen la medicación que estaba tomando un ser querido que ha fallecido», comentan desde una farmacia de General Dávila. La opción de donar el excedente del botiquín devuelto por los ciudadanos está descartada por prohibición expresa de la Agencia Española del Medicamento.

Aunque el balance de la región aún se sitúa por debajo de la media nacional (88,56), lo cierto es que «el crecimiento medio de los últimos cinco años es del 5,47%, superior al del conjunto de España, que equivale al 3,81%», destacan desde Sigre, la iniciativa promovida en 2001 por los laboratorios farmacéuticos para encabezar esta red de reciclado, con la participación de todas las farmacias y de las empresas de distribución.

Pero, ¿se ha preguntado a dónde van a parar las bolsas que se acumulan en los contenedores blancos de las farmacias y qué se hace con ellas? Pues bien, las distribuidoras farmacéuticas aprovechan el circuito de reparto para recopilar los residuos de los puntos Sigre y almacenarlos en sus instalaciones hasta que los gestores autorizados para su transporte los llevan a la planta de tratamiento de envases y residuos de medicamentos de Tudela de Duero (Valladolid).

«Esta instalación, diseñada expresamente para la actividad de Sigre, es pionera en España y destaca por sus innovaciones tecnológicas y por la automatización de los procesos de separación de envases», apuntan desde la entidad.

Clasificar y eliminar

Allí se clasifican en tres grupos, cada uno de los cuales requiere un tratamiento medioambiental específico. Primero se separan los envases de los restos de medicamentos que puedan contener.

Una vez vacíos son clasificados por materiales (papel, vidrio, plástico, metal...) y remitidos a empresas recicladoras. Los envases que no tienen cabida en este primer grupo pasan a un segundo, en el que se incluyen también los restos de medicamentos no peligrosos.

En este caso, se eliminan mediante un proceso de valorización energética, que puede servir para generar energía eléctrica o utilizarse como combustible en instalaciones industriales. El tercer grupo es el de los fármacos peligrosos, cuya destrucción corre a cargo de gestores de residuos especializados.

Los boticarios coinciden en que «la gente compra menos fármacos que años atrás». El copago por un lado, que aunque no suponga una aportación económica importante para los medicamentos más demandados sí que ha logrado racionalizar el consumo, y la receta electrónica, por otro, que ajusta las dosis a las necesarias, han frenado la acumulación de cajas en el domicilio.

«Es cierto que la gente está mucho más concienciada de la necesidad de reciclar los medicamentos que ya dejó de utilizar. Lo mismo jóvenes que mayores. Se está perdiendo el hábito de almacenar en casa», opina una farmacéutica de la calle Castilla. A su juicio, «esto no solo contribuye a reducir la automedicación, sino que a la vez se está protegiendo el medio ambiente, al evitar que acaben en el cubo de la basura».