El gran homenaje a Lasheras se celebrará el proximo sábado en el Museo de Altamira

José Antonio Lasheras+
José Antonio Lasheras+ / Luis Palomeque
  • El director, fallecido en accidente el pasado mes de febrero, será evocado en un acto el día 24 que reunirá al mundo científico e institucional

José Antonio Lasheras, quien fuera director del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira durante un cuarto de siglo, será homenajeado el próximo día 24 en un gran acto institucional impulsado desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

La sede del Museo, en Santillana del Mar, albergará esta velada de evocación en una cita que contará con la participación de responsables del centro museístico y científicos que trabajaron con Lasheras, director del Museo de Altamira entre 1991 y el presente año.

«Altamira nos habla con claridad de los primeros nosotros; de lo relativo que es todo en el tiempo y en el espacio; de que lo más humano es expresarnos y comunicarnos con quienes nos rodean. Además nos enseña o nos anima a disfrutar con nuestro cerebro: pensando, reflexionando, dialogando en torno a la curiosidad». Esta reflexión refleja la fascinación que Lasheras sentía por la cueva más famosa del mundo.

El homenaje a Lasheras se celebrará el sábado en el Museo de Altamira

El director del Museo, que falleció el pasado mes de febrero en accidente de tráfico, ya fue objeto el pasado mes de julio de un primer homenaje académico en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. La cita se celebró en el transcurso de la Escuela de Arte y Patrimonio Cultural que recordó a Lasheras en un acto celebrado en La Magdalena.

Lasheras, distinguido el pasado mes de abril con la Encomienda con Placa de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, a título póstumo, estuvo durante cerca de 26 años al frente del Museo de Santillana. El Gobierno cántabro y otras instituciones realizan ahora este homenaje, en ocasiones postergado por cuestiones de agenda, al investigador y estudioso por su labor clave en la «modernización y proyección» de Altamira. El acto contará con la presencia del secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle.

Lasheras (Barcelona, 1956) falleció en un grave accidente de tráfico ocurrido en la provincia de Burgos. Su vida profesional estuvo marcada por Altamira desde que recaló en el Museo en 1991. La Neocueva, la réplica de Altamira, que abrió sus puertas en 2001 está vinculada a su nombre e imagen. Su fallecimiento aconteció apenas diez días después de que la última reunión del Patronato decidiera estudiar el posible aumento de las visitas a la cueva.

Durante su trayectoria Lasheras supo unir la proyección de las pinturas que protegía con su celo por hacerlas cómplice del interés del mundo. Altamira cerrada de 1977 a 1982 por los daños que las visitas descontroladas habían causado, se volvió a abrir al público bajo un férreo sistema de visitas (8.000 al año). Su prioridad fue la renovación integral para crear un museo digno de Altamira y para ello puso en marcha el Plan Museológico que culminó con la primera piedra, en 1997, del actual museo. Los expertos en patrimonio siempre destacaron los conocimientos científicos y su calidad como museólogo, junto con la calidad personal. «Investigador apasionado y gestor responsable» su labor fue clave en la «modernización y proyección» del Museo.

"Altamira es un enfermo crónico"

El Museo de Altamira cuenta desde el pasado mes de julio con una nueva dirección, encarnada por Pilar Fatás, especialista en arte rupestre del Cuerpo de Conservadores de Museos del Estado que ha desarrollado casi toda su carrera en Altamira, en buena parte como mano derecha de Lasheras.

El homenaje a Lasheras se celebrará el sábado en el Museo de Altamira

/ Andrés Fernández

Altamira arrastra desde siempre una mala salud de hierro, agudizada en el último siglo por intervenciones desafortunadas y visitas masivas: «La cueva es un enfermo crónico, que siempre va a necesitar atención permanente». Fatás pronunció estas palabras en la noche del pasado jueves en Gran Canaria una conferencia sobre la gestión de Altamira, dentro del proyecto que ha llevado a su Museo a compartir temporalmente algunas de las joyas de su colección con la Cueva Pintada de Gáldar, que a su vez expone durante estas fechas en Santillana el legado de la cultura canaria prehispánica.

En el presente, tras un segundo cierre que duró varios años y una encendida polémica científico-política, Altamira permite visitas a su interior, pero solo de cinco personas a la semana, y por sorteo. «Realmente, la cueva de Altamira sufre hoy lo que se hizo en el pasado con ella: las visitas masivas y la modificación en su interior. Por mucho que hagamos, está en un equilibrio muy frágil», admitió ayer Pilar Fatás, quien aseguró que en el nuevo sistema de visitas «la cueva, de momento, se mantiene estable».